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CIA, Joyas de Familia
Editorial Martinez Roca
Capítulo I Volver
 

CAPÍTULO I
PROYECTO ‘MKULTRA’
(13 ABRIL 1953 - 4 AGOSTO 1964)

Han dicho de mí que jugaba a ser Dios, y eso es una barbaridad. Me limitaba a utilizar los dones que el Altísimo me había concedido para intentar defender unas convicciones que sigo manteniendo: creo que Estados Unidos tiene derecho a defenderse por todos los medios posibles”. Así hablaba Sidney Gottlieb, científico jefe de la CIA, durante una conversación con el famoso escritor Gordon Thomas. Pero quién era realmente este científico a quien en la CIA denominaban como ‘Doctor Muerte’.
Nacido en 1919, dentro del seno de una familia de judíos húngaros, el doctor Gottlieb, alias ‘Joseph Scheider’, fue el controvertido asesor científico y jefe de la División de Servicios Técnicos de la CIA, conocida también como la ‘Casa de los Horrores’. En 1940, se licencia con todos los honores en ciencias químicas en la Universidad de Wisconsin. En 1951, Scheider su apellido real, consiguió su doctorado en químicas en el Instituto Tecnológico de California. Ese mismo año, sería reclutado por la CIA, cuando aún se encontraba en el campus universitario. A pesar de haber podido conseguir un puesto mejor remunerado en la industria química privada, a Gottlieb le llamaba una especie de patriotismo y una ética que él podría manipular en interés propio y de los Estados Unidos. Sin duda la agencia iba a ser el campo de pruebas para sus experimentos.
Allen W. Dulles, director de la CIA entre 1953 y 1961, declararía años después que “Gottlieb había nacido para la CIA y la CIA era para Gottlieb una ‘compañía’ a su medida”.
En la Agencia, el químico trabajó día y noche, en diversos experimentos mientras iba escalando en el escalafón de la División Técnica, hasta alcanzar el puesto de jefe de la División Química de la TSS. Sin duda nadie podría sospechar de aquel químico, que residía junto a su esposa Margaret Moore y sus cuatro hijos, en aquella granja de doce hectáreas. Gottlieb se ocupaba de ordeñar sus propias vacas y cabras antes de salir cada mañana hacia su trabajo en el laboratorio secreto de la CIA. En más de una ocasión, llegó a su trabajo cargado de vasijas herméticamente cerradas con leche natural en su interior. A Gottlieb le gustaba regalar leche a sus compañeros de trabajo, aunque estos jamás se atrevieron a probarla.
Poco a poco, el ‘Doctor Muerte’ llegó a hacerse un nombre dentro de la comunidad de inteligencia, debido a que Gottlieb era el científico encargado de diseñar y crear en la década de los cincuenta y sesenta, los venenos que después serían utilizados por la CIA para asesinar a un espía enemigo o a un jefe de Estado o de Gobierno molesto. Él sería el responsable de experimentar con drogas para intentar controlar la mente de posibles enemigos, durante las llamadas operaciones MKULTRA y MKSEARCH. Sin duda el químico fue el niño mimado de varios DCI’s. De Allen Dulles a John McCone, de William Raborn a Richard Helms, pero esa suerte le iba a abandonar cuando en 1973, sus ‘mortíferos inventos’ fueron revelados en las ‘Joyas de Familia’. En consecuencia, se ordenó a Sidney Gottlieb que destruyese todos sus informes secretos para que no cayesen en manos de los investigadores del Congreso y Senado. Sin duda, Gottlieb y sus jefes en la CIA sabían que había muchos ‘trapos sucios’ que esconder.
Por ejemplo, el doctor financió, lideró y controló diversas pruebas de torturas, realizadas bajo estricto control médico. Para ello reunió a un grupo de médicos, químicos y expertos con ideas similares a las suyas, en un equipo ‘ultrasecreto’ y compacto. Sidney Gottlieb pagaba a sus colaboradores con fondos especiales de la CIA y que sólo él controlaba. Para el científico, su trabajo en la CIA era vital para la seguridad nacional de los Estados Unidos, y él mismo, se veía como parte integrante de un gran engranaje que servía, única y exclusivamente a un solo cliente: el Presidente de los Estados Unidos y sus intereses en cualquier punto del planeta. A ‘sus’ nuevos reclutas, Gottlieb les enseñaba primero la placa que estaba situada a la entrada del edificio principal de la CIA: ‘La verdad os hará libres’ y después los llevaba hasta la misma puerta de su despacho, en donde otra placa mostraba el lema: ‘El trabajo os hará libres’, el mismo que aparecía en las puertas de los grandes campos de exterminio del Tercer Reich. Para el ‘Doctor Muerte’, ambos lemas, eran uno sólo.
Sidney Gottlieb era un experto en inventar sustancias químicas para provocar terror; situaciones con las que desorientar a un prisionero, como el aislamiento continuo en lugares reducidos y a oscuras; o sencillamente en la utilización de ‘electroshock’ para reducir la resistencia de un prisionero. A él se deben todos estos sistemas de torturas. También a Gottlieb se debe la utilización como ‘conejillos de indias’ de sus propios compañeros de experimentos.
El 19 de noviembre de 1953, Frank Olson, un científico de la División de Operaciones Especiales del Cuerpo Químico del Ejército, con base en Fort Detrick, Maryland, bebió una copa de licor junto a varios de sus colegas. El licor contenía una alta dosis de LSD.
Desde hacía semanas, Olson se había mostrado contrario a muchos de los experimentos que habían llevado a cabo en MKULTRA y así se lo hizo saber a su jefe, el doctor Sidney Gottlieb. Sin duda el jefe de la operación temía que Frank Olson terminase abriendo la boca con un periodista o un congresista. Si se descubría lo que estaba haciendo la Agencia, estaba claro que MKULTRA podía darse por muerta. El ‘Doctor Muerte’ decidió consultar el posible problema con Richard Helms, el director de Operaciones. Helms fue claro: “Si Olson habla, la CIA se verá obligada a finalizar MKULTRA”.
Gottlieb ordenó entonces a George Hunter White, su mano ejecutora que introdujese el LSD en la bebida de Olson. Al cabo de media hora de haberla ingerido, Olson comenzó a alucinar y a hablar de cosas extrañas. Dijo que podía verse los huesos y como circulaba el riego sanguíneo dentro de su cuerpo. Dijo también que todos lo que trabajaban con él eran espías y que no deseaba hablar con ninguno de ellos. Diez días después, Olson subió a la terraza del hotel Statler de Manhattan y se lanzó al vacío. El alucinógeno había sido introducido en la bebida de Olson por orden del propio doctor Sidney Gottlieb, jefe de la División Química del Staff de Servicios Técnicos (TSS) y perteneciente al Directorio de Planes y Operaciones y con la autorización de Richard Helms, director de Operaciones, y de Willard Machle, el jefe de Gottlieb en la CIA.
Olson era bioquímico y un estrecho colaborador de Gottlieb, que se había especializado en la fabricación de sustancias mortales, introducidas en desodorantes, cremas de afeitar, dentífricos o repelentes de insectos. Olson era capaz de inocular la ‘peste negra’ a través de un inocente bronceador o crear un veneno capaz de matar a cientos de personas y camuflarlo, en una sencilla carga de tinta de una estilográfica. El primer experimento de Frank Olson para MKULTRA, fue el crear una sustancia que una vez ingerida, alteraba la identidad sexual del receptor. La sustancia fue probada, sin autorización legal, en una prisión de Kentucky y como resultado de ello, más de la mitad de la población carcelaria de esa prisión sufrió impotencia durante varios años. Otro invento en el que trabajó fue el crear una sustancia con un olor parecido a la diarrea, introducirla en tubos de pasta dentífrica y distribuirla por los países del bloque comunista. Quien se lavaba los dientes con las pasta de Olson, jamás perdía el sabor a diarrea en la boca. En esto estaba trabajando cuando fue destinado por la CIA al proyecto de ‘control mental’.
Nada más suicidarse, el propio Allen Dulles llamó por teléfono al Comisionado de Policía de Nueva York, para ordenarle que no levantasen ningún acta escrita de la muerte de Frank Olson. Para ello, Dulles se acogió a la explicación de ‘vital para la seguridad nacional’. El jefe de policía no hizo preguntas.
Durante el verano de 1949, Machle, el jefe de Gottlieb en la CIA, había realizado una gira para estudiar e investigar los métodos de interrogación utilizados por los soviéticos. En la primavera de 1950, varias divisiones de la CIA comenzaron a considerar el empleo de la hipnosis para los interrogatorios. En abril de 1950, el DCI Roscoe Hillenkoetter aprobó el proyecto ‘Bluebird’, con el objetivo de “descubrir formas de condicionar la personalidad para alcanzar la extracción no autorizada de información a través del control mental de aquellos que no desean entregarla”. En diciembre de 1950, y a punto de doctorarse en ciencias químicas, Sidney Gottlieb trabajaba ya en el empleo de drogas para inducir el trance hipnótico en el proyecto ‘Bluebird’.
Entre 1951 y 1952, las responsabilidades de los experimentos de Gottlieb pasaron de la Oficina de Seguridad e Inspección de la CIA a la Oficina de Inteligencia Científica (OSI). Allí ‘Bluebird’ cambio de nombre por el de ‘Artichoke’. El equipo liderado por el ‘Doctor Muerte’, consiguió su primer éxito al conseguir inducir la amnesia. Aquel triunfo puso a Sidney Gottlieb en el punto de mira de sus jefes, cuando estos le pidieron expresamente que se centrase, él y su equipo, en la búsqueda de drogas de la verdad o métodos hipnóticos para arrancar información a un enemigo. Gottlieb y los suyos comenzaron a investigar la aplicación de sustancias químicas y biológicas para operaciones encubiertas.
Finalmente, el 13 de abril de 1953, Allen Dulles aceptó la recomendación de un valioso oficial del Subdirectorio de Planes (DDP) de la  CIA, llamado Richard Helms, para establecer un programa bajo control de Gottlieb, con el fin de  “investigar el desarrollo y la capacidad del uso de materiales químicos y biológicos”. Helms escribiría entonces: “ello nos permitirá conocer el potencial del enemigo a través del uso de técnicas, que sólo nosotros (la CIA) conoceremos”. El presupuesto inicial fue de 300.000 dólares. El primer material documental utilizado sería el recopilado desde 1953, en el llamado proyecto ‘MKULTRA’. El nuevo subproyecto llevaría por nombre, ‘MKDELTA’.
El Directorio de Ciencia y Tecnología, procedió a investigar el efecto de cientos de drogas, incluyendo la cocaína, la nicotina, la mescalina, pero el LSD, fue el que más interés despertó entre los científicos de la CIA, debido a su efecto incontrolable. La CIA necesitaba saber si existía alguna droga que consiguiese distorsionar la lealtad de un agente enemigo, variando su sentido de la realidad. Gottlieb prometió a Helms, que conseguiría inducir la traición con una dosis prolongada de LSD, inyectada en el supuesto espía enemigo.
En noviembre de 1953, el doctor Sidney Gottlieb decidió hacer una prueba de su nueva droga sintética en un grupo de científicos del Cuerpo Químico del Ejército. La administración de la droga al grupo de científicos fue realizado sin la autorización ni del Departamento de Defensa, ni de los propios interesados. Gottlieb al parecer recibió tan sólo el ‘visto bueno’ no escrito, para llevar a cabo su plan. La División de Operaciones Especiales (SOD) y sus científicos trabajaban a pleno rendimiento para la CIA, diseñando dardos embadurnados con agentes biológicos, píldoras venenosas o balas emponzoñadas con sustancias como la gangrena o la peste. La muerte de Frank Olson, víctima de las alucinaciones provocadas por la ingestión de una fuerte dosis de LSD, no detuvo para nada, los experimentos ni la carrera del doctor Sidney Gottlieb en la CIA. Muy al contrario. 
Hombre poco atractivo, cuerpo pequeño, pulcro y pelo perfectamente cortado, casi al uno, Gottlieb parecía más un profesor universitario despistado que un despiadado ‘científico loco’ de la CIA. Para él, el éxito no estribaba en medallas, más dinero, o palmaditas en la espalda del DCI de turno. Para Gottlieb el verdadero éxito estribaba en controlar la mente y la voluntad de los seres humanos y para ello necesitaba ‘cobayas’ humanas, allí donde pudiera encontrarlas. Para el ‘Doctor Muerte’ su trabajo en la CIA era lo que el Presidente Eishenhower definía como “concepto del desmentido convincente” o lo que es lo mismo, “en la CIA se hacen cosas que es mejor no intentar explicar”.
Desde ese mismo momento Gottlieb recorrió personalmente todas las selvas del mundo buscando sustancias naturales con las que matar más rápidamente. Su punto de vista sobre la liquidación de enemigos lo dejó bien claro cuando declaró: “Por lo general, matar no está bien, pero es permisible cuando está en juego la seguridad nacional de los Estados Unidos. La decisión de matar no debe tomarse a la ligera, pero una vez tomada, debe llevarse adelante. Ya no es momento de plantearse cuestiones morales”. Allen Dulles tenía una política parecida y centrada en el papel que la CIA debería jugar en el nuevo orden creado tras la Segunda Guerra Mundial. “La Agencia Central de Inteligencia, debía convertir el Nuevo Mundo en un mundo mejor, para lo cual podría resultar aceptable que un hombre cometiera actos equivocados”- diría el propio Dulles.
A finales de 1952, Sidney Gottlieb y seis científicos más, se dedicaron a recorrer diferentes ciudades de Europa Occidental a la búsqueda de ‘cobayas humanas’. El perfil de estas cobayas iban desde informantes absolutamente leales a los Estados Unidos, agentes dobles e incluso ex miembros de la Waffen-SS. Para Gottlieb y la CIA, al fin y al cabo, todos ellos eran clasificados como ‘prescindibles’. En pisos francos, se montaron laboratorios, celdas clandestinas e incluso pequeños quirófanos. A comienzos de 1953, todos los experimentos fracasaron y los ‘involuntarios pacientes’ fallecieron, muchos de ellos llegando a suicidarse al volverse locos por efectos de las drogas suministradas por los científicos de la CIA.
En febrero de 1953, se llevó a cabo una reunión secreta en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Los dos únicos asistentes a ella, eran Allen Dulles, director de la CIA y Dwight Eishenhower, presidente de los Estados Unidos. Dulles dijo al Presidente que Sidney Gottlieb no había conseguido absolutamente nada en sus experimentos en Europa y que sería necesario, continuar con las investigaciones. Esto supondría procesos clínicos controlados, un hospital para poder llevarlos a cabo y un presupuesto sin control de ningún órgano ejecutivo o legislativo. Nadie debería hacer preguntas. Tanto a Dulles como a Eishenhower, les rondaba en la cabeza la misma que hizo Gottlieb al DCI: “Los ‘pacientes’ que se utilizarán para los experimentos, ¿debían ser estadounidenses?”.
La Casa Blanca deseaba establecer una medida de control sobre los experimentos que iban a llevarse a cabo. Para ello el Presidente dio plenos poderes a Dulles para decidir quienes iban a formar dicho comité. El primero de ellos, sería Richard Helms, uno de los principales valedores de Sidney Gottlieb; el segundo era el doctor James Monroe, un experto en el suministro de drogas a los enfermos mentales; el tercero, el prestigioso neurólogo Harold Wolff y profesor en la Universidad de Cornell; el cuarto, el misterioso doctor Ewen Cameron, miembro de la junta rectora de la Universidad McGill, experto en control mental y mucho más experto en la recaudación de fondos; el quinto, era el doctor William Sargant, un psiquiatra inglés, que asesoraba en materia de interrogatorios a los servicios de inteligencia británicos y autor del libro, ‘La Conquista de la Mente Humana’. Así nacería el proyecto MKULTRA. Las letras ‘MK’, querían decir que era un proyecto de la División Técnica. La palabra ‘ULTRA’ significaba que todo lo que iba a llevarse a cabo dentro del nuevo proyecto, debía ser absolutamente secreto.
La CIA se ocuparía de controlar todo lo relativo a la financiación, la tecnología, las ciencias aplicadas. El proyecto MKULTRA incluiría también la ‘Acción Ejecutiva’, la denominación en la Agencia, para referirse a asesinatos ‘autorizados’.
Allen Dulles y Sidney Gottlieb decidieron darle a MKULTRA un cierto barniz científico, creando una fundación llamada ‘Society for the Investigation of Human Ecology Foundation’, con sede en la calle 78 de Nueva York. El doctor Monroe presidiría la fundación. Los primeros expedientes que iban a ser estudiados uno por uno, serían los 7.190 que se referían a los prisioneros estadounidenses en Corea y que habían sufrido de un modo u otro, lavados de cerebro, control mental y pruebas de drogas por parte de científicos chinos, checos, soviéticos y norcoreanos.
Mientras tanto, en el cuartel general de la CIA en Langley, el ‘Doctor Muerte’ había iniciado el primero de una larga serie de subprogramas de MKULTRA para administrar drogas y sustancias tóxicas a personas absolutamente sanas y normales y que no habían sido advertidas. Estos subprogramas llevarían por nombre: ‘Bluebird’ y ‘Artichoke’, poco más tarde llegaría también ‘Naomi’ y que consistía en la inoculación de drogas en personas clasificadas como ‘prescindibles’.
También Gottlieb utilizó animales para ser programados como ‘escuchas vivientes’. En un informe de finales de 1954, el propio Gottlieb explica a Allen Dulles por qué habían perdido 15.000 dólares del presupuesto de MKULTRA: “Uno de los problemas que plantea la introducción de un aparato de audio en la pared o bajo el colchón es que, igual que las cámaras, estos captan lo que ven y no lo que un humano captaría. Los seres humanos tenemos en el oído una cóclea que oculta algunos sonidos y nos permite mantener una conversación en una fiesta. Hemos estado utilizando una cóclea verdadera procedente de un gato. Le pusimos un cable para que lo ocultara todo. (…) Abrimos al gato, le pusimos pilas y un cable. Utilizamos la cola como antena. (…) Nos encontramos con que cuando tenía hambre se marchaba del lugar de escucha, así que le pusimos otro cable para evitar que tuviese hambre. Un día lo enviamos a escuchar una conversación y cuando se disponía a cruzar la calle, un camión lo atropelló. Así terminó el experimento.”, concluye Gottlieb. Todas las pruebas con el gato y los artilugios que le habían insertado, costaban cerca de 15.000 dólares.
Otro de los experimentos más famosos llevados a cabo por Gottlieb y el doctor Ewen Cameron fue el que años después se llamaría como ‘El Candidato de Manchuria’. Mediante la repetición constante de una palabra o frase clave que actúa como impulso, podía establecerse una tendencia persistente a actuar de un modo predeterminado en relación a unas características generales. En otras palabras, por medio de un impulso verbal era posible sin excepción, inculcar en el paciente una tendencia duradera favorable a ese estímulo. En esto fue en lo que más trabajó Sidney Gottlieb. Su sueño era conseguir que un hombre normal y corriente, recibiese una llamada y tras pronunciar la ‘palabra clave de impulso’ llegase a asesinar al primer ministro de la Unión Soviética, de turno. Todo un sueño, sin duda alguna.
Para las pruebas, el doctor Gottlieb utilizó a una prostituta que había sido secuestrada por agentes de la CIA destacados en el programa MKULTRA. La mujer fue atada a una mesa y se le colocaron en los oídos una especie de cascos conectados a un magnetófono. La cinta repetía una vez tras otra, que la mujer no había superado el rechazo materno.
Gottlieb puso la cinta en siete ocasiones. La mujer sólo preguntó si debía escuchar y repetir lo que oía. La cinta fue colocada en once ocasiones. La mujer gritó que no podía soportarlo más. Gottlieb volvió a colocar la grabación en siete ocasiones más. La mujer reconoció que era verdad y que no había conseguido superar el rechazo de su madre. El ‘Doctor Muerte’ colocó la cinta en diecinueve ocasiones más. La mujer comenzó a temblar, a sudar abundantemente y a sollozar, mientras que gritaba que odiaba el sonido y la voz. El científico de la CIA volvió a conectar el magnetófono en treinta ocasiones, a lo que la mujer reaccionó, lanzando gemidos y afirmando que odiaba a su madre. A la trigésimo quinta ocasión escuchando la grabación, la mujer se convulsionó, entre llantos, gritando que deseaba matar a su madre y a ella misma. Lo más curioso de todo es que la prostituta jamás conoció a su madre debido a que esta la abandonó nada más nacer.
Gracias a este éxito, los doctores Gottlieb y Cameron se hicieron inseparables. Podían experimentar sobre seres humanos sin guardar ningún tipo de ética. Eran como dioses que decidían la vida o la muerte de sus pacientes, casi con el mismo poder con que años antes, los jefes y médicos de la SS decidían la vida y la muerte de millones de personas en los campos de exterminio de Europa. 
En más de una ocasión, el doctor Osmond Solandt, asesor del Servicio de Inteligencia Canadiense, el CSIS y amigo de Ewen Cameron, le había advertido a éste sobre los peligros de trabajar para una organización como la CIA, pero el doctor Cameron se creía intocable al igual que su homólogo, el doctor Sidney Gottlieb. Al fin y al cabo Cameron era ya presidente de la ‘Asociación Psiquiátrica de América’ y estaba a punto de ser nombrado también, presidente de la ‘Asociación Psiquiátrica de Canadá’. Gottlieb se dedicaba tan sólo a contratar científicos con el único fin de descubrir como los comunistas controlaban mentalmente a sus prisioneros.
En el punto álgido del proyecto MKULTRA, al menos veintitrés instituciones estadounidenses y financiadas por la CIA, llevaban a cabo programas de investigación para el ‘control mental’. El Allan Memorial Institute, creado y financiado por la CIA, era el cuartel general de MKULTRA. Otras instituciones eran el Psychopatic Institution de Boston; la facultad de Medicina de la Universidad de Illinois; el Mount Sinai; la Universidad de Columbia; la Universidad de Chicago; o la Universidad de Rochester, entre otras.
Situado en la misma frontera entre Canadá y Estados Unidos, el edificio se levantaba en territorio canadiense. Esto tenía como fin el que si alguien descubría lo que se estaba haciendo en la institución, la Casa Blanca de Eishenhower siempre podría declarar que los experimentos se hacían sin el conocimiento del gobierno de los Estados Unidos al estar en territorio canadiense.
El oficial de la CIA William Buckley , destinado en el Allan Memorial Institute, dentro del proyecto MKULTRA,por orden expresa de Allen Dulles, escribió en un primer informe al DCI en Langley: “Cada experimento está previsto para conseguir un objetivo. Los primeros pretenden reducir al neófito a un estado total de contrición, vergüenza y temor. Su mente se llena de imágenes aterradoras, cuyo poder se incrementa porque el individuo esta debilitado por falta de comida, agua y sueño. Queda reducido a un estado de total desconsuelo. De repente, el primero de una serie de ejercicios, le ofrecen consuelo. (…) Probablemente es el método más poderoso ideado nunca para conseguir controlar la mente de un hombre, y esto se consigue mediante el empleo previo del terror y la vergüenza mentales de forma continuada, durante días, semanas y meses”. 
Otro de los hombres claves de MKULTRA, sería George Hunter White. Este había trabajado en la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) durante la Segunda Guerra Mundial, bajo el mando directo de Dulles. White era realmente lo que en la CIA se denominaba como un ‘liquidador’. En 1943, fue enviado a la India para liquidar a un espía chino que operaba para los japoneses. White mató al chino en una calle atestada de testigos, propinándole un fuerte puñetazo en la cara. Los trozos del cráneo se incrustaron en el cerebro del espía.
Al finalizar la contienda, George Hunter White entró a formar parte de la Oficina Federal de Narcóticos. Como agente de campo, White viajó por toda Europa y Sudamérica siguiendo la estela de los grandes alijos. El sistema del agente para descubrir los alijos era sencillamente secuestrar a los traficantes o a los familiares de los traficantes. Les inyectaba dosis controladas de heroína o cocaína y si no hablaban, les golpeaba con el puño en la cara, matándolos en el acto. Hombres, mujeres, ancianos e incluso algún niño, cayeron bajo el puño de White.
El agente permanecía en contacto con miembros de la OSS, ahora en la CIA. Un día, George White dijo a su antiguo jefe, que deseaba encontrar un trabajo a su medida, y sin duda, la CIA lo era para un tipo como él.
El doctor Sidney Gottlieb, tenía una importante tarea que llevar a cabo dentro de MKULTRA y George Hunter White era la persona idónea para ello. El ‘Doctor Muerte’ encomendó a White, la tarea de conseguir pisos francos en todos los Estados Unidos para llevar allí a gente a la que administrarles drogas. Poco después, Gottlieb le ordenó a White que se ocupase también de conseguir pacientes ‘voluntarios’ para llevar a cabo los experimentos. En una furgoneta negra, White se dedicó a ‘reclutar’ prostitutas. En un primer momento, White les enseñó como suministrar el LSD a los clientes, para después convertirlas a ellas mismas en ‘cobayas humanas’. George White utilizaba los pisos francos como burdeles, mientras él se dedicaba a probar todas las sustancias que pasaban por los registros de MKULTRA. Un día, Sidney Gottlieb llegó a un piso franco para reunirse con White y descubrió a este, sentado en una silla y disparando con balas de cera a su imagen reflejada en un espejo.
Poco después, el Directorio de Operaciones de la CIA intentó despedir a White, pero el doctor Gottlieb, pensó que debían perdonarle por los servicios prestados y destinarlo a un destino mucho más relajado. George Hunter White sería nombrado director de la ‘Amazon Natural Drug Company’. Esta compañía era la menos conocida del grupo de empresas creadas por la CIA, como apoyo a sus operaciones encubiertas. Esto era debido en parte a que la ‘Amazon Natural Drug Company’, no era administrada directamente desde Langley, sino desde el Allan Memorial Institute y por consiguiente, por el doctor Sidney Gottlieb.
Localizada en Iquitos (Perú), en plena jungla del Amazonas, la ‘Amazon Natural Drug Company’ operaba como una compañía que recolectaba plantas tóxicas o alucinógenas, con el fin de encontrar antídotos para los laboratorios farmacéuticos de todo el mundo. Esta era la cara pública de la compañía. La cara oculta era bien distinta. Bajo el mando de George Hunter White y posteriormente de Joseph Caldwell King, la compañía se dedicó a contratar a los mejores expertos en botánica, antropología y expertos en tribus del Amazonas con el fin de recolectar raíces, setas o extractos vegetales para extraer de ellos los componentes tóxicos y alucinógenos, para después enviarlos al Allan Memorial Institute, y ser probados en seres humanos. Tanto White como Smith supervisaron durante años, a los ‘cazadores de drogas’ de la CIA. Las drogas recolectadas por la ‘Amazon Natural Drug Company’, eran enviadas a los laboratorios de la CIA, bajo el control de Morse Allan, uno de los químicos de la TSS, para su posterior distribución a las diferentes instituciones que se encontraban bajo el escudo de MKULTRA.
Otro de los programas desarrollado por MKULTRA sería el llamado ‘Proyecto 68’. Este pretendía reproducir lo más fielmente posible las condiciones de reclusión de los prisioneros estadounidenses en las cárceles norcoreanas. En los sótanos del Allan Memorial Institute, se instaló un centro de interrogación, sin calefacción para simular las bajas temperaturas de Corea del Norte. Al mando del ‘Proyecto 68’ estaba el doctor Ewen Cameron, el experto en control mental.
En el sótano se instalaron dos salas de interrogatorios: la ‘sala cuadriculada’ y la ‘sala aislante’. La primera tenía unas rayas blancas pintadas en la pared y delante de ella una silla que obligaba al supuesto prisionero a permanecer constantemente con la espalda recta. La segunda sala, estaba aislada por una pesada puerta y forrada con gruesos colchones. El doctor Ewen Cameron utilizaba esta última sala para demostrar que muchas inestabilidades mentales estaban provocadas por la falta de coordinación entre el paciente y su entorno. Por ejemplo, a los pacientes o mejor dicho ‘cobayas’ del ‘Proyecto 68’ se les impedía dormir o ir al baño, también se les impedía saber si era de día o de noche o a que hora habían entrado en la ‘sala aislante’ y a que hora eran sacados de ella. Incluso los interrogadores solían cambiar la hora del reloj que había en la sala para desorientar a los ‘pacientes-prisioneros’.
Cada paciente era elegido por el propio doctor Cameron, tras descubrir algún dato que el paciente quisiese esconder. Cameron supervisaba personalmente los interrogatorios para conseguir que el ‘paciente-prisionero’ llegase a revelarles ese dato que escondían. El científico anotaba absolutamente todo. Desde las preguntas que se le hacían al supuesto prisionero, las respuestas de estos, el tiempo que pasaba hasta que el prisionero revelaba el dato, las reacciones del paciente, etcétera. Las ‘Joyas de Familia’ demostrarían años después que a los pacientes del ‘Proyecto 68’ se les aplicaron drogas y ‘electroshocks’ para destruir zonas cerebrales y que los hombres de Cameron pensaban que controlaban los pensamientos, los impulsos e incluso los deseos. Algunos de los pacientes fueron jóvenes como Rosemary Bonner, de 20 años. El doctor Cameron le diagnóstico insomnio crónico y depresión. Se le administraron altas dosis de insulina y LSD. También se le aplicaron ‘electroshocks’ hasta dejarla sin sentido.
Otro caso fue el de Penélope Hastking, de 19 años. Penélope tenía previsto ingresar en un convento para seguir la carrera religiosa. Una noche, en la granja donde vivía, un amigo suyo la beso en la boca y sintió excitación sexual. La joven tenía síntomas de mareos, nauseas y un fuerte dolor en los pechos. Estaba segregando leche. Su médico dijo que era imposible que estuviese embarazada debido a que aún era virgen. Finalmente fue enviada al Instituto del doctor Ewen Cameron, quien le diagnosticó una ‘esquizofrenia’. Penélope Hastking fue sometida a ‘electroshocks’ y se le administraron varias dosis de LSD e incluso pequeñas dosis de curare rebajado, recolectado por los ‘cazadores de drogas’ de la ‘Amazon Natural Drug Company’.
El 27 de septiembre de 1961, Allen Dulles abandonó la CIA tras el fiasco de ‘Bahía Cochinos’. El presidente John F. Kennedy nombró a John McCone como nuevo Director de la Central de Inteligencia. El propio McCone comunicaría personalmente al doctor Sidney Gottlieb que MKULTRA iba a continuar vigente.
La operación MKULTRA, abarcó cerca de 142 subprogramas, 33 de los cuales no consiguieron absolutamente ningún resultado. Otros subprogramas, controlados también por el doctor Sidney Gottlieb, incluían la estimulación cerebral eléctrica; la implantación de electrodos en los cerebros de animales; o la experimentación de dirigir a animales, principalmente perros y gatos, a través de control remoto. Los experimentos dentro de la operación MKULTRA continuaron hasta 1963, cuando el inspector general de la CIA descubrió el programa durante una inspección de las operaciones del Directorio de Ciencia y Tecnología (TSD).
Algunos investigadores aseguran que el fin de MKULTRA, fue el 15 de junio de 1963, aunque se sabe por documentos de la propia CIA, que el doctor Sidney Gottlieb y varios de sus ayudantes, participaron desde octubre de 1968 en operaciones de asesinato llevados a cabo en Vietnam del Sur, dentro del programa ‘Phoenix’, dirigido por William Colby y William Buckley.
Los científicos de MKULTRA consiguieron en el sudeste asiático un verdadero laboratorio para sus experimentos y un sin fin de ‘cobayas humanas’ con las que aplicar esos mismo experimentos. Tanto Gottlieb, como Colby o Buckley, sabían que nadie en el futuro, ningún molesto periodista o comités de investigación, haría preguntas sobre vietcongs desaparecidos en la prisión clandestina de Bien Hoa.
Allí, el doctor Sidney Gottlieb aplicó sobre prisioneros de guerra, técnicas como la lobotomía; el suministro de drogas como el LSD, la heroína o la cocaína; la implantación directa de electrodos directamente sobre las zonas cerebrales; etcétera. La idea era la de que mediante una orden, hacer que los prisioneros se atacasen entre ellos. Casi sesenta prisioneros fueron tratados con electrodos directamente en el cerebro por Sidney Gottlieb, pero con el paso de los días, los ‘pacientes’ se dedicaron a sentarse pacientemente sin omitir sonido alguno. “Gottlieb ordenó a los vigilantes que se los llevasen a todos. Después les pegaron un tiro y quemaron sus cadáveres” recordaría el propio Buckley años después.  
William Buckley decidió informar directamente de lo sucedido a su jefe inmediato y responsable máximo de ‘Phoenix’, William Colby. El futuro DCI le dijo únicamente: “olvida todo lo que has visto”.
Pero el ‘Doctor Muerte’ no se detuvo ahí. Tras regresar a los Estados Unidos y analizar su experiencia con los prisioneros del Vietcong capturados y lobotomizados, Gottlieb pondría en marcha un nuevo programa dentro de MKULTRA, el llamado programa ‘Climax’. Gottlieb estaba entusiasmado con este nuevo programa y así se lo hizo saber a Richard Helms. El propio Helms le daría luz verde al programa.
Durante sus días en Saigon, Sidney Gottlieb se había fijado como las prostitutas vietnamitas eran capaces de insinuarse delante de los soldados estadounidenses y ‘casi dominarlos’. Muchas de estas mujeres eran utilizadas por el Vietcong para matar a militares. Con ‘Climax’, Gottlieb deseaba saber hasta que punto un hombre podría cometer un delito a cambio de sexo. Para poner a prueba ‘Climax’ se eligió la ciudad de San Francisco. Se destinaron, por orden expresa de Helms, cerca de un cuarto de millón de dólares para el programa.
Se alquilaron dos pisos francos en el barrio de Nob Hill y se reclutaron a las más jóvenes prostitutas, a las que disfrazaron de adolescentes, con uniformes universitarios. Se les abrieron fichas con todo tipo de información. Desde su edad hasta sus motivos para ejercer la prostitución, e incluso que estaban dispuestas a hacer y a no hacer, en lo que a sexo se refería. Una de ellas relató como un famoso empresario de California la había contratado para tener relaciones sexuales con sus dos perros mastines, a los que adoraba. Otra declaró con pelos y señales, como un político, la había contratado para meterse en la cama con su hija de 14 años y su hijo de 17 años, tener relaciones sexuales con los dos a la vez mientras incitaba al chico a tener relaciones sexuales con su propia hermana, mientras el padre filmaba la escena. Sidney Gottlieb y Richard Helms disfrutaban con estas historias.
La primera misión encomendada a las espías-prostitutas fue la de organizar, una gran fiesta. Agentes de MKULTRA dispersarían LSD mediante aerosoles en mitad de la gente, para conseguir ‘colocarlos’ a todos. El problema surgió cuando el día elegido para la fiesta era demasiado caluroso y húmedo. Una vez que la fiesta comenzó, los agentes de la CIA comenzaron a dispersar el LSD, pero como el ambiente era tan sofocante, los invitados decidieron abrir las ventanas. A pesar de que los hombres de Gottlieb intentaban cerrar las ventanas, los invitados volvían a abrirlas, dejando que el LSD se lo llevase el aire. El proyecto ‘Climax’ fue clausurado una semana después. Helms no paró de reír cuando le contaron lo sucedido en la fiesta.
El 4 de julio de 1963, comenzaron a aparecer los primeros estudios en revistas médicas sobre los efectos negativos del LSD. El artículo mostraba como personas que habían ingerido LSD creían ser Jesucristo, poder volar o convertirse en un simple pájaro. “Muchos de ellos” afirmaba el autor del artículo, “llegaron a lanzarse desde las ventanas o lo alto de los edificios donde vivían, trabajaban o estudiaban”.
Durante los meses finales de 1963 y los primeros meses de 1964, las instituciones de MKULTRA dejaron de recibir los fondos necesarios para continuar sus investigaciones. El 26 de julio de 1964, el doctor Ewen Cameron presentó su dimisión irrevocable, empaquetó todos sus archivos de ‘Alto Secreto’ y abandonó el Allan Memorial Institute, y se refugio en su casa de Lake Placid. Al día siguiente, 27 de julio de 1964, William Buckley se presentaría con dos oficiales de la Oficina de Seguridad de la CIA en casa del psiquiatra y le exigiría la entrega de todos y cada uno de los informes, documentos y notas, que el doctor Ewen Cameron tenía en su poder sobre MKULTRA. El 4 de agosto del mismo año, Buckley envió una nota informativa, al doctor Sidney Gottlieb y a Richard Helms en Langley, en la que aseguraba que el doctor Cameron jamás revelaría absolutamente nada de MKULTRA. El Proyecto MKULTRA acababa de morir.
En junio de 1975, Alice Olson, la viuda de Frank Olson, supo lo que realmente le había ocurrido a su marido. El Congreso de los Estados Unidos autorizó la entrega de 750.000 dólares, en concepto de indemnización.
Realmente la primera revelación sobre la existencia de MKULTRA sucedió durante la investigación de la llamada ‘Comisión Rockefeller’ creada por el Presidente Ford y presidida por su Vicepresidente, Nelson Rockefeller, para investigar los abusos de la CIA. El DCI Richard Helms, ordenó la total destrucción de documentos relativos a MKULTRA; el DCI James Schlesinger, los puso al descubierto; y el DCI William Colby los reveló al Congreso. Cuando el ‘Comité Church’ pudo leer los documentos relativos al proyecto MKULTRA, el propio Frank Church declararía:
Desde comienzos de 1953 hasta los finales de 1963, el programa de administración de LSD a seres humanos no-voluntarios demostraron un fallo en el liderazgo de la CIA al no prestar atención adecuada a los derechos de los individuos y a no dar una guía y un control efectivo a los empleados de la CIA. Nosotros podemos saber ahora que las pruebas realizadas eran peligrosas, las vidas de los sujetos fueron arriesgadas y sus derechos ignorados”.
La siguiente desclasificación de documentos sobre MKULTRA y MKSEARCH sucedería en 1979, cuando el escritor John Marks, escribió ‘A la Búsqueda del Candidato de Manchuria’. Marks escribió su libro basándose en casi 16.000 páginas de documentos descubiertos en 1977, por miembros de la Administración Carter. Los funcionarios por orden del Presidente Carter estaban examinando viejos papeles de documentos sobre ‘presupuestos secretos’, manejados por la CIA. Los investigadores encontraron los documentos relacionados con el proyecto MKULTRA y las instituciones, empresas y fundaciones creadas secretamente por el doctor Sidney Gottlieb para llevar a cabo sus experimentos.
La mejor definición de lo que el proyecto MKULTRA supuso, sería realizada por el mismísimo William Buckley cuando dijo: “El MKULTRA se había convertido en un juego siniestro al que jugaban algunos hombres como (el doctor Sidney) Gottlieb y (el doctor Ewen) Cameron porque querían creer en él. En realidad no se lo creían, pero deseaban hacerlo.
El doctor Ewen Cameron, fallecería el 9 de septiembre de 1968, víctima de un infarto. La ‘British Medical Journal’ publicó tras su muerte:
Cameron poseía grandes habilidades organizadoras, pero siguió ejerciendo la medicina hasta el final. Prefería tratar personalmente algunos pacientes a permanecer en una cátedra que tantas responsabilidades administrativas y docentes implicaba. Gracias a ello estaba siempre atento a los problemas individuales de los pacientes y era también capaz de debatir sobre tratamientos desde una experiencia personal. Si bien le costaba soportar a los idiotas, respaldaba con todas sus fuerzas a quienes, en su opinión, hacían todo lo posible para mejorar el tratamiento de los enfermos mentales. (…) Cameron murió tal como habría deseado, al pie del cañón, planeando nuevos programas de investigación. Ewen Cameron, con su trabajo y su ejemplo, no sólo ayudó a muchos psiquiatras a convertirse en mejores médicos, sino también de modo directo e indirecto, a cientos de pacientes, tanto personalmente como a través de los médicos a los que había enseñado e inspirado”. Estaba claro que la publicación desconocía los experimentos llevados a cabo por Cameron para la CIA.

Los datos relativos al Proyecto ‘MKULTRA’ aparecen reflejados en la página 00213, en el ‘Memorandum for: Mr. Colby’, fechado el 8 de mayo de 1973 y firmado por Ben Evans y en el ‘Memorandum for: Deputy Director for Science & Technology. Subject: TSD Support to Other Agencies’’, fechado el 8 de mayo de 1973 y firmado por Sidney Gottlieb, jefe de la División de Servicios Técnicos. Este memorando ocupa las páginas 00215 y 00216 en el informe de las ‘Joyas de Familia’. También el ‘MKULTRA’ es citado en el ‘Memorandum for: Record. Subject: Frank R. Olson’, fechado el 9 de diciembre de 1953 y firmado por Lawrence R. Houston, Consejero General; el documento de la relación de la CIA, con los doctores Sidney Gottlieb y Ewen Cameron; el documento firmado por el doctor Ewen Cameron, del Departamento de Psiquiatría del ‘Allan Memorial Institute’ y dirigido a la CIA, en el que establece la naturaleza ilegal de los experimentos realizados y la recaudación de fondos; en el ‘Memorandum for: The Record. Subject: MKULTRA Subproject 68’ fechado el 18 de marzo de 1957; y en el ‘Memorandum for: Allen Dulles. Subject: Continuation (McGill University) Project – (Cameron’s Psychic-driving)’ fechado el 9 de mayo de 1960 y firmado por J.L.M. Estos cinco últimos documentos, en poder del autor, no están incluidos en las ‘Joyas de Familia’. 

Véase W. Thomas Smith. Encyclopedia of the Central Intelligence Agency, Checkmarck Books, New York, 2003.

Según un informe de Amnistía Internacional del año 2000, cincuenta países utilizaban sistemas de torturas inventadas o perfeccionadas por el doctor Sidney Gottlieb o sus ayudantes de la CIA.

Véase Jeffrey T. Richelson. The Wizards of Langley. Inside the CIA’s Directorate of Science and Technology. Westview Press, Oxford, 2002.

Véase Norman Polmar y Thomas B. Allan. Spy Book. The Encyclopedia of Espionage. Random House Reference, New York, 2004.

Véase Thomas Powers. The Man Who Kept the Secrets: Richard Helms and the CIA. Knopf, New York, 1979.

Véase H. Westerfield. Inside CIA`s Private World: Declassified Articles from the Agency`s Internal Journal, 1955-1992. Yale University Press, New Haven, 1997.

Véase Gordon Thomas. Las torturas mentales de la CIA. Ediciones B, Barcelona, 2001.

Véase Peter Grose. Gentleman Spy: The Life of Allen Dulles. Houghton Mifflin, Boston, 1994.

Véase Christopher Andrew. For The President’s Eyes Only. Secret Intelligence and the American Presidency from Washington to Bush. HarperCollins, New York, 1995.

Véase Eric Frattini. El Polonio y otras maneras de matar. Así asesinan los servicios secretos. Espasa Calpe, Madrid, 2007.

El nombre del subprograma ‘Naomi’ fue dado por el propio doctor Sidney Gottlieb, por una prima lejana suya, con la que había tenido una buena relación.

Véase Gordon Thomas. Las torturas mentales de la CIA. Ediciones B, Barcelona, 2001.

William Buckley, entonces jefe de la estación de la CIA en Beirut, sería secuestrado sobre las 8 de la mañana, del viernes 16 de marzo de 1984, por un comando de Hezbollah. Tras sufrir durante meses, torturas, golpes y amputaciones de miembros, finalmente fue ahorcado en un sótano de la capital libanesa. El cadáver sería entregado a la Cruz Roja Internacional poco después. 

Véase Joseph Trento. La Historia Secreta de la CIA. Ediciones Península, Barcelona, 2001.

Véase Norman Polmar y Thomas B. Allen. Spy Book. The Encyclopedia of Espionage. Random House Reference, New York, 2004.

Véase W. Thomas Smith. Encyclopedia of the Central Intelligence Agency, Checkmarck Books, New York, 2003.

La compañía ‘Amazon Natural Drug Company’ dejó de funcionar en 1972, cuando la CIA dio por finalizadas las operaciones de MKSEARCH.

Véase Gordon Thomas. Las torturas mentales de la CIA. Ediciones B, Barcelona, 2001.

Véase Roger Warner. Backfire: The CIA’s Secret War in Laos and its Link to the War in Vietnam. Simon & Schuster, New York, 1995.

Véase Gordon Thomas. Las torturas mentales de la CIA. Ediciones B, Barcelona, 2001.

Véase Thomas Powers. The Man Who Kept the Secrets: Richard Helms and the CIA. Knopf, New York, 1979.

Véase Thomas Powers. The Man Who Kept the Secrets: Richard Helms and the CIA. Knopf, New York, 1979.

Véase Scott D. Breckinridge. The CIA and the U.S. Intelligence System. Westview Press, New York, 1986.

British Medical Journal, 23 de septiembre de 1968.