CAPÍTULO I
ORÍGENES DE UNA DES-ORGANIZACIÓN
"Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral"
Sir Francis Bacon
El actual sistema de las Naciones Unidas y que es el que se pretende reformar es un sistema que procede de 1919, exactamente del 28 de junio, cuando fue fundada la llamada Sociedad de Naciones, antecedente de la Organización de las Naciones Unidas. La ONU lo único que hizo fue heredar en parte, los errores cometidos por aquellos estadistas, políticos y funcionarios que comenzaron a trabajar en Ginebra el 15 de enero de 1920.
Todas las delegaciones que aquel día estaban presentes el día de la fundación de la Sociedad de Naciones no estaban dispuestos a tomar ninguna decisión para hacer desaparecer de la faz de la tierra al cuarto jinete del Apocalipsis, la guerra. Ninguno de ellos estaba dispuesto a estudiar la verdadera causa de una guerra, la Primera Guerra Mundial, que había provocado más de veinte millones de muertos como era la desigualdad social, la desigualdad económica o la desigualdad cultural. Todas ellas en conjunto provocarían un nuevo estallido bélico tan sólo dos décadas después.
En 1931 los altos funcionarios y políticos de la Sociedad de Naciones asistieron indiferentes a la ocupación japonesa de Manchuria, siendo tímidamente condenada un año después. En 1932, estalló una guerra que duraría tres años entre Paraguay y Bolivia. Realmente serían los intereses petrolíferos los que provocarían aquel conflicto regional.
Los delegados de ambos países que ocupaban una posición de privilegio dentro de la organización ginebrina, incluida su presidencia, pudieron presentar todo tipo de alegaciones y debates para alcanzar un acuerdo de paz, pero las potencias europeas de entonces decidieron apoyar a Bolivia, zona de influencia de las empresas petrolíferas, que eran las que controlaban el mercado mundial del estaño.
En 1935, las tropas de Benito Mussolini ocuparon Etiopía por sorpresa, ante el asombro de la Sociedad de Naciones. En poco tiempo se aprobaron sanciones económicas contra Italia.
Roma no sólo las ignoró sino que en 1937 decidió abandonar una Sociedad de Naciones anquilosada e inútil. Mientras tanto y saltándose las sanciones, Estados Unidos y Alemania suministraban petróleo y carbón a Italia para que pudiese concluir su campaña africana.
Nuevamente la burocracia internacional desmedida que azotaba la sede y pasillos de la organización provocó, como actualmente en la propia ONU, una falta de visión global. Su debilidad ayudó sin duda alguna a Adolf Hitler a rearmarse en tan sólo veinte años y a lanzar a Alemania a una nueva guerra mundial que provocaría más de cincuenta y cinco millones de muertos. No cabía la menor duda de que la Sociedad de Naciones estaba muerta. La organización que había nacido pocos años antes cometió en dos décadas los mismos errores que la ONU en sus sesenta años de vida.
En 1941, cuando la Segunda Guerra Mundial está en su pleno apogeo de muerte y destrucción, Hitler es ya el amo y señor de los destinos de Austria, Checoslovaquia, Polonia, Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Rumania, Grecia y Yugoslavia. En el mes de junio de ese mismo año en Londres, delegados de Canadá, Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, la Francia Libre y los gobiernos en el exilio de Grecia, Bélgica, Checoslovaquia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Polonia y Yugoslavia suscriben una declaración en donde se establecía que la única base para una paz duradera radicaba en la cooperación entre los pueblos libres, que en un mundo sin la amenaza de la agresión, podrían disfrutar de seguridad económica y social. "Nos proponemos trabajar juntos y con los demás pueblos libres, en la guerra y en la paz, para lograr tal fin" terminaba diciendo el documento.
Los políticos que firmaron aquel documento no sabían entonces que acababan de establecer el principal pilar en el que se fundaría la Organización de las Naciones Unidas. Unos meses después, exactamente el 14 de agosto de 1941, el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt y el primer ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill a bordo del buque británico 'HMS Prince of Wales' en las costas de Newfoundland, firmaron la llamada 'Carta del Atlántico'. En el párrafo cuatro, ambos firmantes aseguraban la libertad comercial y las materias primas vitales para el desarrollo económico: "Las Potencias Aliadas se esforzarán, en el respeto y obligaciones existentes, por favorecer el derecho de todos los Estados grandes y pequeños, vencedores y vencidos, para acceder, en base de igualdad, al comercio y materias primas, que son necesarias para su prosperidad económica".
Los párrafos seis y ocho establecían implícitamente la creación de una organización internacional. El texto del seis establecía que "después de la destrucción total de la tiranía nazi, los pueblos esperan ver restablecida una paz que ofrezca a todas las naciones los medios de vivir seguros dentro de sus fronteras y que brinde asimismo a sus habitantes la oportunidad de vivir emancipados del temor y de la necesidad".
El texto del ocho explicaba que "Creen ellos (los pueblos) que todas las naciones del mundo, material y espiritualmente, deberán renunciar al uso de la fuerza. Puesto que no se podrá asegurar la paz futura mientras existan naciones que continúen empleando armas terrestres, navales y aéreas con fines bélicos fuera de sus fronteras; creen ellos (los pueblos) que mientras que no establezcan un sistema más estable y amplio de seguridad general, se impone el desarme de tales naciones. Ayudarán también y alentarán cualesquiera otras medidas prácticas, que alivien a los pueblos amantes de la paz del peso aplastante de los armamentos".
El 24 de septiembre de 1941, la Unión Soviética, Bélgica, Checoslovaquia, Grecia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Polonia, Yugoslavia y el general De Gaulle por la 'Francia Libre' pusieron su firma al pie del documento. El 1 de enero de 1942, el presidente Roosevelt, Churchill, Maksim Litvinov por la Unión Soviética y T.B. Soong por China, suscribían un documento, que tres años después daría origen a la Carta de las Naciones Unidas. El 2 de enero, veintidós naciones ratificaban el documento adhiriéndose a él. La idea de crear una comunidad de naciones de carácter universal era una necesidad histórica que ya nadie ponía en duda.
En octubre de 1943, se reunieron en Moscú, Cordell Hull, secretario de Estado de los Estados Unidos, Vyacheslav Molotov, ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética, Anthony Eden, ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña y Foo Ping Shen, embajador de China en Moscú en donde establecieron una declaración en la que esos cuatro países se comprometían a actuar juntos para vencer al enemigo y establecer una organización internacional. El punto cuatro del documento ratificado por los cuatro políticos expresaba, "que ellos, reconocían la necesidad de establecer, dentro del menor plazo posible, una organización general internacional basada en el principio de igualdad soberana de todas las naciones, grandes y pequeñas, para mantener la paz y la seguridad internacional".
Dumbarton Oaks, el comienzo de todo
Casi un año después, en agosto de 1944 en Dumbarton Oaks, cerca de Washington, se dio el primer paso para crear la Organización de las Naciones Unidas. Sería Alger Hiss, un joven funcionario del Departamento de Estado quien sugeriría utilizar una exclusiva mansión rodeada de jardines y verdes prados en la exclusiva Georgetown, como sede de la conferencia.
La universidad de Harvard había recibido la mansión en 1940 como regalo del embajador Robert Woods Bliss y su esposa. En el centro del gran salón, una magnífica mesa de madera noble sustituyó a un hermoso piano de cola y muebles antiguos en la sala de música de la mansión. Todo debía quedar bien atado ante la llegada de las delegaciones.
Por ejemplo, para no herir sensibilidades de la delegación soviética, los funcionarios del Departamento de Estado tuvieron que descolgar de la Sala de Música un gran retrato del pianista, compositor y político polaco, Jan Paderewski. Entre 1910 y 1920 el músico luchó en favor de la independencia polaca y colaboró en la asistencia a las víctimas en Polonia de la Primera Guerra Mundial realizando giras de conciertos por Estados Unidos para recaudar fondos para su país. Cuando en 1939 Polonia fue invadida por los nazis con el visto bueno de Stalin, Paderewski ostentó el cargo de jefe del gobierno en el exilio. Sin duda la visión del retrato del patriota Paderewski mirando a la delegación de la Unión Soviética sería bastante incomodo para ellos.
La conferencia fue inaugurada oficialmente el 21 de agosto. Allí, norteamericanos, soviéticos, británicos y chinos fijaron la primera estructura de lo que debía ser la futura ONU: una Asamblea General, un Consejo de Seguridad, una Corte Internacional de Justicia y un Consejo Económico y Social.
Los cuatro organismos conformarían la ONU. La organización estaría dirigida por un Secretario General que se ocuparía de poner en marcha la maquinaria administrativa. Pero sin duda no todo era trabajo durante la celebración de la Conferencia. El primer viernes, el vicesecretario de Estado Edward Stettinius, jefe de la delegación norteamericana, arregló que un avión del ejercito de los Estados Unidos trasladase a los miembros de las delegaciones a Nueva York para pasar un fin de semana, digámoslo así, un poco menos 'estirado y estricto'. Para ello, Hiss había arreglado una noche algo más movidita para los delegados. Una película en algún cine de Broadway, un espectáculo en el Radio City Music Hall y para terminar la noche, unas copas en el 'Billy Rose´s Diamond Horseshoe'.
El local era uno de los más famosos club de streaptease de la ciudad y al que acudían músicos de jazz de la época, jefes y miembros de la mafia y algún que otro actor famoso para darse un revolcón con alguna de las sofisticadas chicas de Billy Rose.
Semidesnudas, iban pasando por las mesas sirviendo champán y whisky y por veinte dólares de entonces podías subir al piso de arriba en donde en una confortable y elegante dormitorio decorado con objetos egipcios falsos y terciopelo rojo podías tener relaciones sexuales con ellas.
El joven Andrei Gromiko de treinta y seis años, entonces embajador de la Unión Soviética en Washington y jefe de la delegación soviética en Dumbarton Oaks, se negó a ir pero no así algunos de sus ayudantes.
Esa fue una noche sin tensiones, por lo menos políticas, según algunos diplomáticos que si habían acudido al 'Billy Rose´s Diamond Horseshoe'. Sexo y alcohol corrió toda la noche entre los 'padres fundadores' de la ONU.
El problema surgió cuando algún diplomático británico y soviético bebieron más de la cuenta y llegaron a tener algún que otro problema con las chicas de Billy Rose. Según parece, la aparición de la policía puso fin a la 'reunión' política y diplomática celebrada en el 'Billy Rose´s Diamond Horseshoe'. Alguno de los miembros de las delegaciones británica y soviética acabaron con sus huesos en comisaría. La rápida intervención de Sir Alexander Cadogan, el vicesecretario permanente de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña y jefe de su delegación, que se encontraba en un teatro consiguió liberar a los responsables de la trifulca sin que llegase a oídos de la prensa. También una eficiente llamada telefónica del vicesecretario de Estado Edward Stettinius al 'The New York Times' y al 'The New York Herald Tribune' ayudó también a que la noche de fiesta en el 'Billy Rose´s Diamond Horseshoe' no desplazase en los titulares a la conferencia en Dumbarton Oaks. Cuando algunos días más tarde, los periodistas preguntaron a Stettinius sobre el incidente en Nueva York, éste simplemente lo negó, una política que sería muy utilizada en la futura organización que se estaba engendrando.
Con respecto al resultado de la cumbre, el historiador Robert Hildebrand, en su magnífico libro 'Dumbarton Oaks: The Origins of the United Nations and the Search for Postwar Security' critica abiertamente la falta de criterio seguida por los cuatro grandes a la hora de diseñar la arquitectura de lo que debía ser la futura ONU. En primer lugar no se resolvió el sistema de votación dentro del Consejo de Seguridad, tampoco sobre quien debía y de que forma suministrar tropas no sólo para evitar un conflicto armado sino también cualquier tipo de agresión que sucediese en cualquier rincón del planeta. Sin saberlo, los representantes de Estados Unidos, Gran Bretaña, Unión Soviética y China acababan de crear una de las políticas que ha marcado a la ONU desde su fundación, "la política de la próxima vez".
Realmente, fue aquí donde se decidió quienes formarían parte del exclusivo club de los 'Cinco Grandes' y que controlarían la política mundial tras la derrota del nazismo.
El presidente Roosevelt insistía en que China debía estar presente alegando que tras la derrota de Japón, esta se convertiría en la gran potencia en el Sudeste de Asia. "China debía ser el cuarto policía en el futuro' afirmaba el mandatario norteamericano, pero las otras potencias no lo veían del mismo modo.
Por un lado para Winston Churchill y contrario a lo que pensaba Roosevelt, la idea de que China pudiese convertirse en el futuro en una gran potencia mundial era absolutamente ridícula y absurda. Sin duda y viendo lo que en pleno siglo XXI es China, el político británico no tuvo mucha visión de futuro. Churchill se refería a China en la futura organización como "un voto de esclavos" y llamaba de forma despectiva "coletas" o "trenzas" a los diplomáticos chinos. Tampoco a los soviéticos les hacía mucha gracia tratar a los chinos de igual a igual. Los soviéticos que todavía no había declarado formalmente la guerra a Japón, se negaban a sentarse a la misma mesa que los chinos, lo que forzaba a las delegaciones norteamericana y británica a tener que negociar en dos fases. En una primera, ambas negociaban con los soviéticos y en una segunda, negociaban en un salón situado en el piso de arriba, justo encima de la Sala de Música con los chinos lo tratado con los soviéticos minutos antes en el piso de abajo. Esta situación sería un buen reflejo de lo que sería la diplomacia de la ONU décadas después.
Fue también durante la conferencia, donde los norteamericanos propusieron el sistema de cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad con un derecho de veto y algunos miembros más que formarían parte de este consejo de forma rotatoria. Estos cinco miembros permanentes se convertirían en la máxima autoridad para mantener la paz internacional y la seguridad. Stettinius sugirió entonces durante uno de los encuentros que tal vez Brasil podría unirse al Consejo de Seguridad como 'sexto policía'. La propuesta fue rechazada por Cadogan y Gromiko que sí apoyaron la idea de crear una Asamblea General en donde se podrían aprobar los presupuestos de la Organización pero nunca tendría poder de decisión. También se aprobó la creación de un secretariado compuesto por funcionarios internacionales y una Corte Internacional de Justicia.
Otro de los puntos de conflicto fue el nombre que debería tener la futura organización. Roosevelt quería llamarla Organización de las Naciones Unidas como símbolo de la alianza en tiempos de guerra para llevar a cabo la cruzada de mantener la paz de forma permanente. Gromiko propuso denominarla Organización de Seguridad Internacional o Unión Mundial. Por otra parte a Cadogan no le complacía ninguno de los tres nombres.
Este tipo de nimiedades quedaron en un segundo plano cuando los soviéticos lanzaron un autentico torpedo bajo la línea de flotación de la conferencia de Dumbarton Oaks. Temiendo que una alianza anglo-norteamericana en el Consejo de Seguridad de la futura ONU y una alianza norteamericana junto a sus aliados latinoamericanos en la Asamblea General pudiera volverse en su contra, hizo que Andrei Gromiko propusiese de repente a Stettinius, la inclusión de las dieciséis repúblicas que conformaban la Unión Soviética como miembros de pleno derecho de la futura organización.
Cuando Roosevelt se enteró, pidió a su jefe de delegación que comunicase a Gromiko que si Estados Unidos aceptaba su propuesta de incluir de las dieciséis repúblicas, la Unión Soviética debería aceptar la inclusión de los cuarenta y ocho estados que conformaban los Estados Unidos también como miembros de pleno derecho.
Otro punto que también heredaría la Conferencia de San Francisco de la Conferencia de Dumbarton Oaks, sería el famoso derecho de veto en el Consejo de Seguridad. A pesar de que todas las delegaciones estaban de acuerdo en llevarlo a cabo, las opiniones de los delegados diferían en que materias y en cuales no podía ser utilizado el veto. El Departamento de Estado y el Foreign Office apoyaban el uso de derecho de veto en cualquier circunstancia siempre y cuando uno de los 'Cinco Grandes' no fuese protagonista de la disputa en cuestión. En este caso, no podrá utilizar su derecho de veto. Gromiko pidió a Stettinius y Cadogan que reconsiderasen su posición. Stalin nunca aceptaría este punto, pero el vicesecretario de Estado fue tajante en su respuesta: "El propio presidente Roosevelt ayer noche, me ha comunicado que el pueblo americano no aceptará jamás el derecho de veto de un gobierno envuelto en una disputa". Este punto había sido discutido de forma privada entre el propio Roosevelt y el primer ministro británico, Winston Churchill.
Desde ese mismo momento la Conferencia de Dumbarton Oaks se detuvo hasta que intervino el propio Roosevelt. El encuentro secreto entre el Presidente y Andrei Gromiko que tuvo lugar en la Casa Blanca celebrado el 7 de septiembre y el telegrama enviado al día siguiente por Roosevelt a Stalin no consiguió desbloquear la cuestión del veto ni hacer cambiar de opinión a los soviéticos.
En pocos días, otro escándalo estaba a punto de estallar en Dumbarton Oaks. Una mañana y mientras los jefes de las delegaciones desayunaban tranquilamente en sus residencias pudieron leer a toda página en la portada del 'The New York Times' las propuestas soviéticas en la conferencia. La alarma se disparó.
Al parecer el norteamericano Stettinius, el británico Cadogan, el soviético Gromiko y el chino Wellington Koo, habían decidido que todas las negociaciones serían clasificadas de 'Alto Secreto' hasta que se diese una declaración conjunta de los cuatro al final de la Cumbre con las resoluciones aprobadas.
Andrei Gromiko decidió llamar por teléfono al responsable de la oficina del Times en Washington, Arthur Krock y acusarle de formar parte de la conspiración para dividir a los Aliados en tiempos de guerra. Krock en lugar de amedrentarse decidió dar un nuevo golpe y al día siguiente, la portada del Times era ocupada por las propuestas británicas. Edward Stettinius llamó entonces al embajador británico, Lord Halifax para acusarle de estar pasando información a la prensa.
En pocos días, los miembros de las cuatro delegaciones parecían más unos jugadores de póquer del Oeste ante la mesa de negociaciones, que diplomáticos diseñando la futura estructura de la ONU. Todos sospechaban de todos, algo que también caracterizaría a la futura organización.
Stettinius decidió llamar entonces a Arthur Hays Sulzberger, propietario y editor del 'The New York Times' para informarle de que si el periódico seguía publicando los informes secretos de la Conferencia, pondría en grave peligro la estabilidad de la alianza entre Estados Unidos y Gran Bretaña en plena Guerra Mundial.
A los pocos días Stettinius y Lord Halifax recibieron una carta firmada por James Reston, el periodista responsable de las informaciones, asegurándoles que los británicos no eran su fuente de información. Ambos creyeron al periodista, pero los papeles de la conferencia de Dumbarton Oaks continuaron apareciendo en sucesivas portadas del 'The New York Times'.
Realmente la fuente de información del Times era un joven llamado Chen Yi, miembro de la delegación china y que era una especie de 'chico para todo' para los diplomáticos de su país. Desde conseguirles un coche hasta hacer de traductor, desde copiar los documentos que la delegación china iba a presentar hasta clasificar los documentos que las otras delegaciones presentaban a la representación de su país. Lo que nadie sabía realmente es que Chen Yi había trabajado como becario durante un tiempo en el 'The New York Times' y allí había conocido a Reston. Nunca nadie le descubrió y James Reston recibió el Premio Pulitzer en 1945 por su cobertura de la conferencia de Dumbarton Oaks que fue clausurada el 7 de octubre con muchos cabos por atar.
En la Conferencia de Yalta, celebrada entre el 4 y el 11 de febrero de 1945, Roosevelt, Churchill y Stalin acompañados por sus jefes de diplomacia, declararon unánimemente que todas las diferencias entre ellos habían sido disipadas y que por ello habían decidido convocar una Conferencia de las Naciones Unidas en San Francisco para el 25 de abril de ese mismo año. Poco antes del encuentro de los 'Tres Grandes', los ejércitos soviéticos se encuentran ya en el río Oder, a 60 kilómetros al este de Berlín. El Ejército Rojo había aniquilado la línea defensiva alemana del Vístula y se aproximaba a la costa del Báltico, al este de Danzig, actualmente Gdansk. Hacia el 3 de febrero, un día antes de la apertura de la Conferencia de Yalta, los soviéticos controlaban ya la zona del Oder. Cuando Stalin iba a reunirse con Roosevelt y Churchill, su ejército tenía ya en su poder toda Polonia y Berlín.
El 11 de febrero, hicieron pública la siguiente declaración:
1° Que se convocará para el miércoles 25 de abril de 1945 una Conferencia de las Naciones Unidas sobre la organización mundial y que se celebrará en los Estados Unidos de América.
2° Las naciones invitadas a esta Conferencia serán: a) Las Naciones Unidas, tal como existían al 8 de febrero de 1945, y b ) Las naciones asociadas que hayan declarado la guerra al enemigo común antes del 1 de marzo de 1945.
3° Que el Gobierno de los Estados Unidos, en nombre de las tres potencias, consultará al Gobierno de China y al Gobierno Provisional de Francia, sobre las de cisiones adoptadas durante la presente Conferencia concerniente al proyecto de organización mundial.
4° Que el texto de la invitación que se dirigirá a todas las naciones que participarán en la Conferencia será el siguiente:
"El Gobierno de los Estados Unidos de América, en su propio nombre y en el de los Gobiernos del Reino Unido, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de la República de China y del Gobierno Provisional de la República Francesa, invita al Gobierno de .... a enviar representantes a una Conferencia de las Naciones Unidas que se celebrará el 25 de abril de 1945, o en fecha inmediatamente posterior, en San Francisco, en los Estados Unidos de América, para preparar una organización internacional general para el mantenimiento de la paz y la seguridad.
Los Gobiernos arriba mencionados proponen que la Conferencia considere como constitutiva de una base para una Carta, las propuestas de establecimiento de una organización internacional general hechas públicas en octubre último, a continuación de la Conferencia de Dumbarton Oaks, (...)".
Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill y Joseph Stalin se preocupaban también de dejar bien atado su poder dentro de la futura organización mediante el control del llamado Consejo de Seguridad. En la declaración final de Yalta las tres grandes naciones especificaban ya lo que sería el mecanismo de voto:
1.° Cada miembro del Consejo de Seguridad tendrá un voto.
2.° Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre las cuestiones de procedimiento deberán adoptarse con el voto afirmativo de siete miembros.
3.° Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre todas las demás cuestiones deberán adoptarse con el voto afirmativo de siete miembros (.)
J. V. Stalin - F. D. Roosevelt - W. Churchill
Estos tres últimos puntos podría decirse que fueron el origen del 'huevo de serpiente' y que convertiría a la futura organización en un escenario bélico más de las grandes conflagraciones que iban a desatarse desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días. Estaba claro, que desde antes de su fundación, la ONU iba a nacer ya con muchas taras.
Un campo de batalla llamada ONU
En Yalta, los 'Tres Grandes' habían decidido no sólo el nacimiento de la ONU, sino también su errónea estructura futura, y que sería este el principal núcleo generador de la corrupción y el favoritismo político y que aún hoy, sigue campando a sus anchas en los alfombrados pasillos y elegantes despachos neoyorquinos de la organización.
Por ejemplo, China, que participó en los orígenes de la ONU en las reuniones de Moscú y Dumbarton Oaks, fue llamada poco después para ser informada de lo que habían ya decidido los 'Tres Grandes'.
Francia, que había sido invitada junto con China declinó la invitación. El general De Gaulle aseguró que la posición de su país se debía a dos razones claras: la primera, porque se había prescindido de ella en presencia y opiniones en conferencias anteriores, y la segunda, porque su ausencia de todas las etapas anteriores daba a Francia libertad de decisión en la conferencia que debía celebrarse en San Francisco. El país galo formaría parte del 'selecto' club de los cinco miembros permanentes con derecho a veto en el Consejo de Seguridad junto a Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética y China.
La Conferencia de San Francisco iba a convertirse en el estudio de arquitectura para lo que debería ser la ONU, y sus pasillos, el lugar en donde los delegados comenzasen a intrigar a favor de un bloque u otro
El primer signo de ello llegó cuando el famoso ministro de Exteriores de la Unión Soviética, Molotov anunció a los norteamericanos que no lideraría la delegación de su país en San Francisco, pero el 12 de abril un acontecimiento le haría cambiar de opinión. Ese mismo día moría en Georgia, de una hemorragia cerebral, el Presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt.
Stalin hizo entonces llamar al Kremlin al embajador estadounidense, Averell Harriman para informarle de que estaba profundamente conmovido por la muerte de Roosevelt y agregó que a través de él, quería hacer llegar al pueblo de los Estados Unidos su intención de continuar la cooperación entre ambas naciones. A continuación Harriman contestó a Stalin haciéndole saber que el pueblo americano apreciaría como gesto hacia el Presidente fallecido, el que enviara a Molotov como jefe de la delegación soviética a la Conferencia de San Francisco. El duro ministro de Exteriores de la Unión Soviética que se encontraba presente, se negó en voz alta, pero Stalin prometió entonces a Harriman que Molotov iría encabezando la delegación soviética. Por supuesto, así fue.
La delegación norteamericana estaba formada por el ahora secretario de Estado Stettinius; dos miembros del Congreso; el deán del Barnard College; el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el demócrata Tom Connally; el senador republicano Arthur Vandenberg; el gobernador de Minnesota Harold Stassen y Cordell Hull, el antiguo secretario de Estado. Lo que más llamó la atención de los políticos que conformaban la delegación norteamericana era la inclusión del senador Vandenberg.
Senador por Michigan, Vandenberg se había convertido en un fiel defensor de la idea de una organización fuerte y estable que garantizase la seguridad y la paz futura desde una posición absolutamente contraria y tal vez por eso, Roosevelt lo eligió. Ya en agosto de 1941, cuando se hizo público el texto de la llamada 'Carta del Atlántico', Vandenberg escribió en su diario privado: "Tengo el presentimiento de que este es el primer paso y yo estoy siendo testigo de ello, del suicidio de la República". El senador era un reflejo más de una sociedad de norteamericanos que creían que la futura ONU iba a convertirse en un gran poder transnacional llegando incluso a acabar con el sistema de república federal que conformaba los Estados Unidos.
El 25 de abril de 1945, se reunieron en la cosmopolita ciudad en la costa oeste norteamericana delegados de 50 países, representando al ochenta por ciento de la población mundial. Las cifras de los asistentes no tenían parangón en la historia. Ciudadanos de 50 países; 1.726 delegados; un secretariado de 1.058 funcionarios; 2.636 corresponsales y enviados especiales más otras 4.500 personas más de apoyo incluyendo los operadores de teléfonos, telégrafos y voluntarios de la Cruz Roja y Boy Scouts.
Las primeras controversias llegaron procedentes de las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Ucrania y Bielorrusia y de Argentina. Los delegados latinoamericanos con apoyo de los Estados Unidos no apoyaron la incorporación de los dos primeros como miembros de la futura ONU, mientras que la URSS se negaba a aceptar la entrada de Argentina a pesar del fuerte apoyo norteamericano. Los soviéticos recordaban que el régimen fascista y pro nazi del presidente Edelmiro Farrell no declaró la guerra a Alemania y Japón hasta sólo un mes antes del fin de la contienda.
Al final los tres fueron aceptados como miembros de pleno derecho. Pero el asunto importante que debía ser tratado en San Francisco y que había sido punto de discordia en Dumbarton Oaks era el uso del veto de los 'Cinco Grandes'. Los soviéticos deseaban mayores poderes de veto, pero los norteamericanos no deseaban ceder en este punto.
Molotov temía que los norteamericanos utilizasen el Consejo de Seguridad y el veto contra ellos en algún momento. El senador Vandenberg escribió en su diario: "Creo que hemos llegado al punto cero de esta gran aventura. Quizás sea el final si los soviéticos no aceptan nuestras propuestas".
¿Podría la ONU dejar de existir antes de haber nacido?, ¿Podría clausurarse la conferencia en el punto en que se encontraba?, ¡Podría aprobarse la Carta de las Naciones Unidas sin la firma y ratificación de la Unión Soviética?.
A mediados de mayo, la Conferencia de San Francisco parecía haber alcanzado un punto muerto. Molotov regresó a Moscú y Anthony Eden a Londres sin haber alcanzado un acuerdo. El presidente Harry Truman no estaba dispuesto a ceder, así es que llamó a Harry Hopkins para que viajase a Moscú y echase la última carta al 'Tío Joseph' Stalin, como le llamaba el propio Truman.
Hopkins había sido secretario de Comercio con Roosevelt y uno de sus más fieles asesores. Era su eminencia gris.
El 25 de mayo Hopkins y Molotov se reunieron en el Kremlin. El norteamericano preguntó entonces al soviético si se había recuperado de la 'Batalla de San Francisco', pero el jefe de la diplomacia soviética respondió a Hopkins que a él no le parecía que fuese apropiado definir como batalla el simple hecho de presentar argumentos en San Francisco.
Los puntos de discusión se centraron en el tema de Polonia, Argentina y en las relaciones bilaterales soviético-norteamericanas. La cuestión del veto no fue discutida. En un momento del encuentro, el mismísimo Stalin entró en la sala y tras saludar a Hopkins le dijo: "la cuestión del veto es un asunto insignificante". A continuación comunicó al enviado norteamericano que su país aceptaba las propuestas estadounidenses sobre el tema del veto.
Antes de salir rebosante del gran salón del Kremlin, Stalin le tomó por el brazo y afirmó: "Es un error pensar que justamente por ser naciones pequeñas son necesariamente inocentes. Recuerde que las dos guerras mundiales han sido provocadas por dos naciones pequeñas". Inmediatamente después Hopkins telegrafió a la Casa Blanca anunciando que la Conferencia de San Francisco estaba salvada.
El 25 de junio de 1945, exactamente dos meses después de haber sido inaugurada, los asistentes aprobaron por unanimidad la Carta de las Naciones Unidas. Los delegados rubricaron las cinco copias.
Al día siguiente, en la sesión oficial de clausura en el San Francisco Opera House, los delegados norteamericanos estamparon su firma en los cinco documentos con el presidente Harry Truman como testigo del acto. Al finalizar el Presidente de los Estados Unidos se levantó y con los brazos extendidos afirmó: "la nueva Naciones Unidas debe mantener al mundo libre del azote de la guerra".
La Carta de las Naciones Unidas había sido firmada por los representantes de los 50 países presentes. Polonia, que no estuvo representada, la firmó mas tarde y se convirtió en el 51º Estado Miembro fundador.
La Organización de las Naciones Unidas nacía oficialmente el 24 de octubre de 1945, después de que la Carta fuera ratificada por China, Francia, la Unión Soviética, el Reino Unido, los Estados Unidos y la mayoría de los demás signatarios.
Realmente soviéticos y norteamericanos no llegaron a un acuerdo definitivo sobre las Naciones Unidas, tan sólo cedieron parte de su poder para no ponerse ante el objetivo de la opinión pública mundial que deseaban más que nada un acto de sus líderes políticos en su deseo por mantener alejado del planeta el fantasma de la guerra. Esto provocaría el nacimiento de una organización defectuosa y que con el paso de los años se convertirían en autenticas trabas para llevar a buen fin los ideales establecidos en la Carta de las Naciones Unidas.
La nueva ONU se iba a convertir en el perfecto escenario de la paz caliente y la Democracia S.A.