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ESPECIALES
El Opus Dei contra "El laberinto de agua"
José Carlos Martín de la Hoz
Director de la Oficina para las Causas de los Santos del OPUS DEI en España

¡Qué desfachatez!

Verdaderamente la novela histórica ha entrado en fase de desvarío o sencillamente los autores están completamente desinhibidos. Lo que empezó tímidamente con el Último Catón de Matilde Asensi o más descaradamente con el Código Da Vinci de Dan Brown ha alcanzado su cenit con Eric Frattini.

Negar la divinidad de Jesucristo, la historicidad de la Iglesia o la veracidad del Nuevo Testamento con artilugios pseudos científicos, no dejan de ser planteamientos que han sido expresados a lo largo de la historia.

Lo que resulta verdaderamente atrevido es mostrar a la Iglesia Católica como una gran farsa dominada por unos hombres crueles sedientos de poder y llenos de vanidad. Son millones los católicos a los que se ofende en lo más profundo de sus creencias y de su propia vida. Presentar sacerdotes asesinos que rezan antes de matar (pp.89-90), o a un Secretario de Estado asesinando Papas (p.256), además de ser algo disparatado no resulta creíble.

Eric Frattini, en su novela El Laberinto de agua, ha entrado en una dinámica de verdadera desfachatez, sin más recato, ni el más mínimo pudor o respeto por los demás. Una cosa es crear una novela de ficción y otra manipular, insultar y calumniar. El resumen de la tesis de esta novela se condensa en la afirmación: “Nadie cree en Roma” (p.63).

El pacto de confianza que se establece entre el autor y el lector de una novela histórica, mediante el cual el autor recrea una época y sitúa los personajes, de modo que la acción resulte creíble, requiere mucha precisión histórica y honradez intelectual. La teoría de la invención de la Iglesia en el Concilio de Nicea y de que las Escrituras verdaderas se fabricaron por manos ocultas preteriendo a otras  que supuestamente tendrían el mismo valor, no se sostiene. Los Evangelios apócrifos, incluido el de Judas son bien conocidos desde la antigüedad,  y nunca tuvieron en el pueblo cristiano la consideración de Palabra de Dios. Desde luego la figura de Judas como el elegido por Jesús ni tiene verisimilitud, ni tradición (p.149).

Precisamente las citas de S. Ireneo de Lyón en su Adversus haereses (No Irineo como se empeña en decir el autor) muestran precisamente como la Regla de la fe transmitida por los Apóstoles es constante hasta nuestros días.

Primero vino la predicación de Jesús, luego la de los Apóstoles y después fue puesta por escrito. En una sociedad de analfabetos, plenamente conscientes de estar delante de una Revelación divina, tiene gran fuerza la tradición de los contenidos transmitidos de mano en mano. Esto lo demuestra la nota de la literalidad de la Escritura que aparece en los manuscritos conservados en diversas lenguas.

Mientras estos autores inventan y denigran con desfachatez, millones de cristianos del mundo entero se empeñan a diario en vivir la caridad; amando a Dios y al prójimo y poniendo en marcha miles de iniciativas para construir una sociedad solidaria con una entrega generosa a los más necesitados: asilos, orfanatos, hospitales, colegios, leproserías. ¡Merecen un respeto!

El eco de la polémica:

- En el Blog de José Martínez de Velasco - EL TRASTEVERE - (10 Marzo 2009) >>

- En PERIODISTA DIGITAL (6 Marzo 2009) >>

- En ESTRELLA DIGITAL (21 Marzo 2009) >>

- En LA CRÓNICA DE BADAJOZ (17 Junio 2009) >>

- En BEST SELLER ESPAÑOL (19 Marzo 2009) >>

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