Eric Frattini
 
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La Entrevista, el arte y la ciencia
Editorial Eudema
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Por IÑAKI GABILONDO

Para hacer una entrevista hace falta saber escuchar y querer entender. Nada menos. Saber escuchar es arte inédito, que apenas unos pocos han explorado en pasos incipientes.

Lo de querer entender es un en día un contrapelo, una contracorriente. Lo practican muy pocos, hasta el punto de que dar con ellos es tan difícil como encontrar vírgenes de cualquier sexo, poetas, altruistas o políglotas de tres o más lenguas muertas. Eric Frattini es uno de esos excéntricos empeñados en entender. Basta cinco minutos para identificarle como periodista de raza, que enreda en los entresijos de los que le interesan con implicación total, personal y profesional. Es periodista por inmersión, de los que entran en la materia como los monjes en religión. Va con su técnica puesta, pero un asunto en sus manos es un compromiso de vida. Podría volver del revés lo que dijo Bécquer: "Conozco a mucha gente a la que no conozco". Porque yo conocía a Eric mucho antes de conocerle. Oía sus crónicas desde cualquier punto caliente del Oriente Medio, y las encajaba desde Madrid en los programas de la SER. Salvo su voz, nada más sabía de él.

Pero estaba seguro de conocerle en su médula, en su sustancia, porque no contaba lo que ocurría, vivía lo que ocurría. Para la antología del oficio su trabajo en la Guerra del Golfo es un hito de palpitación informativa. Sin embargo, mucho antes de aquel "scoop", Eric se había acreditado como un ser vivo en el lugar de cuantos hechos narraba, tensionado con ellos, confundido con la atmósfera. La primera vez que le vi, le reconocí.

Antes de que hablara, por la necesidad que le acompaña. Justamente esa electricidad que hacían de cada crónica un calambre. En este libro, Eric escucha. ¿Cómo logra esa naturalidad en sujeto paciente?, ¿dónde se guarda el resorte que le impulsa como un gato para mostrar ese reposo de oyente con aspecto de tener todo el tiempo del mundo?, ¿qué ha hecho de su impaciencia? Éstas eran mis sorpresas hasta que deduje lo que ocurría.

Frattini no estaba buscando titulares, ni desparramando cáscaras de plátano para asegurarse del resbalón del personaje y así la noticia. Estaba queriendo entender.

Entender la verdad que creen tener los grandes protagonistas de los grandes acontecimientos de nuestro tiempo. Matizaría aún más: de las grandes tragedias de nuestro tiempo. El periodista actúa como un ser humano personalmente interesado porque habita en el ojo de ese huracán. Y entendiendo se entiende a sí mismo.

El trabajo que ahora nos ofrece es, por tanto, de especial interés para quienes forman parte de esa extravagante minoría deseosa de entender, necesitada de entender, y para hacerlo dispuesta a colgar en los percheros los prejuicios y demás apriorismos.

Como el blanco es móvil, desde la vertiginosa velocidad de crucero de la actualidad, la espuma de estas declaraciones corre el riesgo de no valer ya mañana por la mañana.

Pero "El que explica porque se sabe escuchado con voluntad de entender" se deja ante el periodista la foto del alma. Así ocurre aquí. Los grandes personajes hablan de lo que pasa, pero se nota porque les pasa y por qué. Pero no quiero teorizar. Montse Quesada es la especialista y completa con sus análisis este binomio teórico-práctico de la entrevista.

Ella es la estudiosa y les hará de guía por los meandros de este género dificilísimo. Yo me limito a saludar este trabajo, plato servido en su temperatura justa, lo suficientemente frío como para que no queme el periodista (pues importa el personaje, y no él) y lo suficientemente caliente como para que el fuego del periodista incube el milagro de la comunicación.