PRÓLOGO
Anatomía de un ‘buceador’
¿Quién es, realmente, Eric Frattini?, ¿qué es y qué no es? Se le ha podido presentar como ‘el espía de los espías’. Los antropólogos susurrarían de él: “Es un escritor, un buceador de historias, sin precedentes y pendiente de catalogación”.
Por mi parte yo diría de Frattini que “sabe lo que sabe por vía instintiva” y a despecho del tiempo que pasa en archivos de Estados Unidos, Gran Bretaña, el Vaticano e Israel, nadie allí le ha insinuado metodologías o contactos para desentrañar cientos de misterios.
Si el lector me lo permite, añadiría que yo sé como es, debido a que yo soy algo así como su doble. Eric Frattini es tal vez el gran heredero de mi casi medio siglo como historiador de los servicios de inteligencia de todo el mundo.
Frattini no sólo ha sido capaz de adentrarse en la madriguera del MI6 en Londres o de la CIA en Langley (Virginia); en la sede del FBI en Washington o del FSB (Servicio Federal de Seguridad) en Moscú, sino también en el corazón de ‘La Entidad’, el servicio de inteligencia vaticano. Ya con una obra anterior, ‘La Santa Alianza, cinco siglos de espionaje vaticano’ (Editorial Espasa Calpe, 2004) y que ha sido publicada en Portugal, Francia, Polonia, Rusia, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Australia y Gran Bretaña, el autor nos revelaba la vida y milagros de los superdotados espías de la inteligencia vaticana. Eric Frattini, como uno de los mayores expertos historiadores de los servicios secretos, acaba de traspasar el umbral de algo que a mí, también como historiador, se me antojaba como tabú.
El autor, no es un ente que se nutre de mitos, morbosidades, ni ansias de poder o dinero. En su idiosincrasia no queda espacio para ejercer el arte de ‘épater’, palabra francesa para describir una sensación de desconcierto en el lector, y es que el autor de este libro es un ‘buceador’ nato y puro. No podía ser de otro modo para osar, como él ha hecho, enfrentarse a organizaciones criminales como Al Qaeda o la mafia italiana; a grupos empresariales, como los magnates de la prensa o al régimen de Sadam Hussein; a grupos políticos como la propia ONU o el Estado Vaticano; o a los servicios secretos como la CIA, el KGB, el Mossad o el MI6.
Llevado en su afán de conocerlo y abarcarlo todo, algún día brotó ese aguijón afilado que le sirvió para franquear esos altos muros eclesiásticos y encararse con la Curia romana: los agentes secretos papales y sus cinco siglos de operaciones encubiertas. ¿Qué subyace en los textos de Eric Frattini?, sin duda el análisis profundo del dolor y la maldad que el poder provoca y de ahí, sus documentadas indagaciones, para comprender y hacer comprender.
Y ahora, sumerjámonos en el profundo texto de ‘Los Espías del Papa’ para constatar un hecho: dentro del frondoso peregrinaje humano del catolicismo, sobresalieron santos monjes de pura ley, varones de encendida misericordia y, a la vez, como en todo lo terrenal, grietas insondables, gangrenas políticas y fallos en la infalibilidad pontificia. Hubo de todo, pero dejemos a otros ensayistas, inventariar la larga lista de bondades y luminosidades.
El camino de Eric Frattini es otro muy distinto. Él es, por así decirlo, un psicoanalista de los oscuros mundos que provocan los desequilibrios. Y aquí, ahora, emerge el fruto de sus rastreos y búsquedas. Como cualquier Estado del globo, el del Vaticano podía y debía contar con un servicio de inteligencia que velara por su integridad estatal. A la vera de Prefectos de la Fe, se contaba en la Curia Romana, con unos peones no uniformados con autoridad suprema, para acechar peligros, descubrir complots, identificar objetivos enemigos y palpar conspiraciones. He aquí el conjunto de estos dispositivos eclesiásticos:
- La Santa Alianza, creada en 1566 por el papa Pío V y que se trataría de una amplia red de informadores, de vigías secretos, bautizados como los ‘espías del Papa’. La Santa Alianza cambiaría su nombre en 1930, por el nombre de ‘La Entidad’.
- El Sodalitium Pianum (La Sociedad de Pío o S.P.), una legión de expertos, creada en 1906 por orden del papa Pío X con el fin de combatir dentro de los muros vaticanos a los movimientos ‘modernizadores’ y que con el paso del tiempo se reconvertiría en servicio de contraespionaje.
- El Comité de Seguridad, una unidad dentro de la Guardia Suiza, creada en marzo de 1999, por orden del papa Juan Pablo II, para controlar la seguridad de los Sumos Pontífices durante sus desplazamientos.
Los objetivos y tareas de estos servicios iban a alinearse en la protección y previo acecho de los intereses de la Santa Sede. En ‘Los Espías del Papa’ veremos que los enemigos de la Iglesia se agazaparían, disfrazados o no, en un sector del liberalismo laico de tendencia atea. Y estos verían con malos ojos la religiosidad, como una escuela de la antigüedad y hasta de la prehistoria.
En general, la suprema voz eclesiástica de Roma, el Sumo Pontífice, contemplaría como hostiles los principios de la Revolución francesa de 1789; con mayor ímpetu, los de la Revolución bolchevique de 1917; y no menos, contra el orbe español republicano de 1936 a 1939. Cosa curiosa, esa animosidad no se constataría contra el nazismo y con la obra de Adolf Hitler, ‘Mi Lucha’, que no sería incluido en el Index Librorum Prohibitorum, ese grueso catálogo que se encuentra en la Biblioteca Vaticana y que recoge casi cuatro mil títulos de libros prohibidos.
Los vigilantes secretos del Vaticano, tendrían ante sí, todo un plantel de enemigos de la fe, desde herejes protestantes a ególatras emperadores, de agentes comunistas a eclesiásticos modernistas, de nazis a bolcheviques. La Santa Alianza o mejor dicho ‘La Entidad’, dispondría como un ejército de inspirados y heroicos combatientes en la vanguardia de las sombras, de agentes quienes deberían enfrentarse si titubear, contra todos estos enemigos. David Rizzio, un espía en la corte de Escocia; Giulio Guarnieri, el espía fantasma; Paluzzo Paluzzi, el apóstol de la ‘Orden Negra’; Bartolomeo Pacca, el cardenal negro; Francesco Capaccini, el hacedor de claves y muchos más, han sido algunos ejemplos de estos soldados en las sombras a las órdenes del Sumo Pontífice.
A juzgar por la postura del Papado y de sus consejeros cardenalicios, parecía desprenderse de ellos, el siguiente principio: “En el cielo, el Papa tiene a Dios; en la Tierra, el papa se tiene a si mismo; y en la clandestinidad, el Papa tiene a la Santa Alianza”.
Entre los siglos XVI y XXI, ‘La Entidad’ encontraba la ayuda de otras organizaciones paralelas como ‘la Orden Negra’, ‘el Círculo Octogonus’ o ‘los Soldados del Gesu’ especializadas todas ellas en la liquidación, físicamente, de los mayores enemigos de la Iglesia y del Papa. Algunos de los prefectos de la Santa Alianza, como los cardenales Marco Antonio Maffei, Ludovico Ludovisi, Giacomo Corradi, Paluzzo Paluzzi, Giovanni Battista Caprara, Bartolomeo Pacca o Luigi Poggi, decidirían, como último recurso, la eliminación de sujetos siniestros, una práctica diaria a lo largo de la historia, y en particular, durante la etapa de la Guerra Fría (1947-1990) entre otros servicios de inteligencia, como la CIA, el KGB o la Stasi germano-oriental.
Célebre se convertiría el diagnóstico del sabio Albert Einstein, cuando en lo referente a la religión, dijo: -“Yo no llegué jamás a poder hacerme a la idea de un Dios que premia y castiga a sus criaturas, poseyendo una voluntad análoga a lo que nosotros conocemos en nosotros mismos”. Un gesto torpe por parte de la Curia de la Iglesia sería mostrarse miope a la ciencia y llevar a Galileo y a otros muchos al mayor de los abandonos y condenas, o los Torquemadas de la Inquisición, quienes se encargarían de alimentar hogueras con supuestas brujas y herejes.
Un experto historiador en religiones comparadas, emitiría una amarga queja en uno de sus libros: -“¿Se justifica de algún modo que las religiones hayan originado más muertes y dolor en la historia universal, que ningún otro poder?”-. Tan sólo un dato me gustaría recalcar, durante los cuatro años y siete meses en el que el papa Juan XXIII ejerció como Sumo Pontífice, los espías de ‘la Entidad’ fueron obligados a permanecer en la más absoluta inactividad.
Así ‘Los Espías del Papa’ constituye un testimonio de las luchas de cloacas entre los fieles de la Iglesia - sus espías – y los enemigos de turno. Esta obra se nos alza como un testimonio que todo lector, creyente o no creyente, debería leer, pues a más fuentes de información, mayores y mejores serán las posibilidades de entender. Ya dijo el periodista Iñaki Gabilondo, sobre el autor cuando escribió: - “Eric Frattini es uno de esos excéntricos empeñados en entender. Basta cinco minutos para identificarle como periodista de raza, que enreda en los entresijos de los que le interesan con implicación total, personal y profesional. Es periodista por inmersión, de los que entran en la materia como los monjes en religión. Va con su técnica puesta, pero un asunto en sus manos es un compromiso de vida.”-
Todos estos pormenores, y una infinidad más de ellos, tiene en Eric Frattini un esclarecedor puntual y veraz y todos ahora, católicos y agnósticos, estamos en deuda con él por esta obra suya, ‘Los Espías del Papa’ y por otras dos, ‘La Santa Alianza, cinco siglos de espionaje vaticano’y ‘Secretos Vaticanos’.
Cuando visité a Simon Wiesenthal en Viena y elogié su labor como cazador de criminales de guerra nazis tras la Segunda Guerra Mundial, quise saber cual era para él el mejor servicio de inteligencia del mundo. Wiesenthal me respondió: -“La organización mejor informada y más poderosa del mundo es el servicio de inteligencia del Estado Vaticano”-.
Nunca formaría parte Eric Frattini de esa legión de letrados que defienden ideas, personajes, o redes cuyo mayor objetivo es demoler al adversario. El autor es sumamente autocrítico y autoexigente, y si alguna divisa le controla, es la mera y simple ‘verdad’.
Este libro, ‘Los Espías del Papa’ es un vivo ejemplo de su pericia profesional y de su honradez como ensayista. Sin duda, Frattini se ha convertido en un verdadero y experto ‘buceador’ de secretos y en uno de los historiadores más importantes de los servicios de inteligencia.
DOMÈNEC PASTOR PETIT
Historiador de los servicios de inteligencia desde 1962 y autor de casi medio centenar de obras sobre el tema.
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