Eric Frattini
 
carrito
carroComprar
Noticias
Sala de Prensa
Contactar
Home
Mapa Web
 
Eric Frattini  
Documentales
Radio/Televisión
VATICANO
TOP SECRET
           
 
 
IRAK
Editorial Espasa
Introducción Volver
 


Son pocos los libros de análisis internacional que se publican en nuestro país. Lamentablemente el crecimiento de la inestabilidad y del riesgo en el mundo ha hecho que los lectores del mundo entero exijan un mejor y más profundo análisis sobre la preocupante realidad internacional. Por eso mismo hay que dar la bienvenida a un libro como este, en el que uno de los temas que más va a influir en nuestras vidas cotidianas en el corto y medio plazo es tratado con rigor pero de forma amena. Irak es uno de los países más importantes desde el punto de vista  estratégico de todo Oriente Medio. Es la frontera entre el mundo árabe musulmán y el mundo no árabe. Esta conciencia de “fronterizos” ha marcado profundamente su historia desde que los árabes, de quienes descienden, derrotaran a los persas en la mítica batalla de Qadisiya en el año 637. Lo iraquíes han tenido, también, vocación de liderazgo del Mundo Árabe. Muchos se sienten herederos del califato abasí de Bagdad, y su nostalgia de gloria pasada, común a todo el mundo musulmán, está más presente, si cabe, entre ellos.

Irak es, a pesar de su dictadura, su partido único y el temible Clan de Takrit, uno de los estados  árabes con una sociedad potencialmente más sólida que, si se le deja, puede llegar a ser la sociedad civil, más organizada del mundo árabe. Se trata de un país étnicamente heterogéneo, religiosamente complejo y geográficamente estratégico. La mayoría del país la constituyen los árabes musulmanes chiíes, seguidos por los árabes musulmanes sunníes, siendo los kurdos, también musulmanes sunníes de religión, una importante minoría que supone entre el 15 y el 20% de la población. Hay una importante e influyente minoría cristiana de caldeos, asirios (tanto católicos como no) como nestorianos (minúscula minoría de 50.000 personas fruto de un antiguo cisma ocurrido a principios de la Edad Media).

Tras la Gran Revuelta Árabe, el Imperio Británico tuvo que reconocer los servicios y  méritos de guerra de la familia real Hachemí, y a pesar de haberlos expulsado de Siria (Faisal I), como consecuencia del Pacto Sykes-Picot, se les entregó la jefatura del estado de Irak, donde tras los reinados de Faisal I, Ghazy I, el rey Faisal II así como su tío y regente Abdul-Illah fueron depuestos y brutalmente asesinados. El autor del golpe de estado, el coronel Kassem, sería a su vez acosado en 1959 y, finalmente, depuesto en 1963 por el Partido Baaz, cuya ideología es una complicada mezcla de ideas nacionalistas panarabistas, fascismo europeo y algún aderezo de marxismo. Sin embargo, este partido hoy más bien,  una de las plataformas de poder más eficaces en manos del actual régimen.

El ascenso de Saddam Hussein empieza a producirse realmente cuando consigue aliarse con un familiar lejano, el general Ahmed Hassan Al Bakr, que a la sazón sería presidente de Iraq y que nombraría a Saddam secretario del Comando Regional Iraquí del partido Baaz (la otra rama está en Siria), vicepresidente del Consejo del Mando de la Revolución y número dos del régimen a todos los efectos. El 16 de julio 1979 Saddam Hussein se convierte en presidente de la República y del Consejo del Mando de la Revolución, Secretario de la rama iraquí del Baaz y hombre fuerte del régimen, como consecuencia de la “retirada” del general Hassan Al Bakr. Saddam, hombre desconfiado y enormemente receloso, se rodea, exclusivamente, de miembros de su familia y de naturales de su provincia y, en muchos casos, de su propia ciudad natal, a quienes confía los puestos de mayor responsabilidad y confianza.

En palabras de Samir Shakir, miembro del partido democrático iraquí, sólo se puede entender el funcionamiento del régimen iraquí si se lo compara con “una familia mafiosa al frente de un estado”. Las lealtades son incuestionables, las decisiones de los miembros del círculo íntimo irrefutables, y su comportamiento implacable.

El Clan de Takrit, auténtico núcleo duro del régimen, se apoya en unos omnipresentes y despiadados servicios secretos (el Mujabarat), el partido Baaz y sus milicias populares, un potente ministerio del interior y sus servicios policiales así como en  la poderosa Guardia Republicana, unidad de élite del ejército iraquí, de entre quienes se reclutan los miembros de la Guardia Presidencial. El gobierno, el parlamento y otras instituciones del estado son, más que secundarias, meras comparsas del régimen.

Saddam Hussein sólo confía los más importantes instrumentos de poder a sus familiares más cercanos y de mayor confianza. Sus hermanastros, Barzan Ibrahim Hassan, Watban Ibrahim Hassan y Sab’awi Ibrahim Hassan; sus hijos, Uday Saddam Hussein y Qussai Saddam Hussein; y sus primos Adnan Jayrallah Tulfa y  Ali Hassan al-Majid.

En el régimen destacan algunas personalidades que no pertenecen al “Clan de Takrit”  el Vicepresidente de la República Taha Yasin Ramadan, número 2 del aparato estatal pero no número 2 del régimen, ya que en el mejor de los casos lo seria ex aequo con el Viceprimer Ministro Tariq Aziz y el Vicepresidente del Consejo del Mando de la revolución Izzat Ibrahim. Algunos medios de comunicación occidentales, aseguran aunque no se ha podido demostrar de forma fehaciente, que Yasin  Ramadan  mantuvo un encuentro con el número 2 de Al Q’aeda Ayman Zawahiri.  Se trata de un hombre frío y sin escrúpulos a quienes miembros de la oposición irakí acusan de haber aplastado sin ningún miramiento conatos de rebelión contra el régimen.

Naji Sabri al-Hadithi, actual Ministro de Asuntos Exteriores y principal responsable de tratar de romper el aislamiento internacional de Irak y de quebrar el posible apoyo de un ataque contra su país. Ha estado llevando a cabo una intensa labor diplomática, visitando todos los gobiernos árabes y algunos países europeos, buscando desesperadamente ganar tiempo. Ex Embajador en Austria, se le considera un hombre muy próximo al hijo preferido de Saddam Husseim, Qusay, a quién se considera su padrino político. El régimen le considera más un tecnócrata que un hombre de peso político y algunos han llegado a decir que “le viene grande el cargo”.

El Ministerio de Defensa y el Ejército están obviamente teñidos por el color del Régimen pero hay oficiales profesionales que podrían ser reciclados para el futuro. Sin embargo, las Fuerzas Armadas iraquíes han sido uno de los más eficaces instrumentos de control y de represión, como lo demuestra su intervención en la masacre de Halabja de 1988 contra los kurdos, así como el sangriento aplastamiento de las revueltas de chiíes en el sur y de kurdos en el norte en 1991 entre otros muchos negros episodios. El Ejército iraquí tendrá que convertirse en un elemento de defensa y de estabilidad del país, y no en uno de los protagonistas principales de la represión y asesinatos masivos, como hasta ahora.

La situación actual arranca de la II Guerra del Golfo, pantano en el cual casi ningún analista acertó a entender por qué Saddam se metió. En 1990, Saddam Hussein se encontraba acorralado y agobiado por varios frentes, de manera no muy distinta a como se encuentra hoy, y decidió emprender una enloquecida huida hacia delante cuyas “razones” podríamos resumir en las siguientes:

  1. El final de la primera Guerra del Golfo contra Irán, sin que Irak hubiese perdido contra un enemigo más poblado y mejor armado, fue considerada por el Régimen, como era de esperar,  como “una gran victoria”. Su agresividad expansiva recibió la injusta recompensa de las tablas.

 

Esto significó que muchos generales, que en coherencia con el mensaje oficial eran unos héroes, y se convirtieron en un riesgo altísimo para el monopolio del poder de Saddam,  puesto que tras ocho años de guerra se encontraban ”ociosos“ además de aclamados como “salvadores de la patria”. Por eso el líder se aprestó a buscarles una nueva tarea”, lo que  se convirtió en una prioridad para el Régimen.

  1. Irak estaba agobiado por una deuda externa de unos 100.000 millones de dólares, como consecuencia de la guerra y de la continua compra de armamento, incluido  de destrucción masiva (NBQ), de los que debía casi un tercio a Kuwait.

 

Los iraquíes pidieron a los kuwaitíes la completa condonación de la deuda, que les fue denegada sobre la base de muy lógicos motivos financieros, puesto que si Kuwait hubiese accedido a sus deseos la calificación crediticia de Irak hubiese caído aun más, impidiendo su acceso a créditos comerciales o estatales. No sería de extrañar que Saddam incluyese en la ecuación de la invasión de Kuwait poder hacer desaparecer a su principal acreedor y con él a un tercio de su deuda.

  1. Lo anterior unido a los bajos precios del petróleo como consecuencia de la  sobreproducción de algunos países del golfo, especialmente Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, colocó a Iraq en una situación económica casi desesperada. Iraq no podía aumentar su producción puesto que ocho años de guerra habían hecho imposible la renovación necesaria de su industria y sus pozos estaban, en consecuencia, al límite de su capacidad de producción.

 

Iraq acusó públicamente a sus vecinos de estar conspirando contra ellos y los amenazó de forma explícita. Al final  los Emiratos Árabes Unidos se librarían de la ira de Saddam Hussein que centró sus ataques y exigencias en Kuwait. Recientemente Bagdad volvió a amenazar a sus vecinos, muy especialmente a aquellos que, como Qatar, se han declarado abiertamente aliados de los Estados Unidos.

  1. Para colmo de males, los campos de Rumaillah, que se encuentran divididos entre Iraq y Kuwait, estaban siendo explotados con menor coste desde el lado kuwaití debido a sus características geológicas y de producción. Los iraquíes acusaron, sin fundamento, a los kuwaitíes de estar sobreexplotando el campo en su detrimento, echando más leña al fuego a la crisis entre ambos países.

 

5. Desde la primera guerra del Golfo, el puerto de Basora, salida natural al mar de y la falta de operaciones serias de dragado.
Irak,  cuyo canal era muy estrecho y se encontraba constantemente bloqueado por el aluvión del Chat-al-Arab, estaba prácticamente inutilizado por la presencia de barcos hundidos

Al régimen iraquí no se le ocurrió mejor idea que forzar el alquiler a perpetuidad  de las islas kuwaitíes de Warbah y Bubiyán donde los iraquíes tenían previsto construir un puerto de aguas profundas y gran capacidad de tonelaje. Irak volvía a comportarse como un matón envalentonado por el temor de su víctima, que exigía cesiones a cambio de no atacarle.

6. La “zona vacía” o “neutral” lleva años en disputa, y sus inmensas capacidades petrolíferas no han sido aun del todo exploradas. Saddam pensaba que todos estos “problemas” podrían ser solventados, anexionándose a Kuwait. Pero, además, consideraba completamente “imperdonable” que los hermanos árabes no hubiesen agradecido suficientemente a los iraquíes  haberles defendido del “expansionismo iraní con sangre iraquí”. Irak tenía toda la intención de cobrarse por la fuerza el “favor y el sacrificio” que hicieron en la primera guerra del golfo.

Las bases del atropello estaban servidas, los problemas iraquíes se convirtieron en “motivos y justificaciones sobradas” para invadir y tratar de aplastar a Kuwait, además de saquearlo y hacerse con sus inmensos recursos petroleros y sus inversiones extranjero, que entonces suponían una fuente de ingresos mayor para el emirato que las ventas del petróleo. Esto último por lo menos se evitó con las resoluciones de la ONU que imponían un embargo de petróleo a Irak y congelaban sus activos y los activos extranjero, que entonces suponían una fuente de ingresos mayor para el emirato que las ventas del petróleo.

Los argumentos oficiales y la propaganda iraquí, asegurando que Kuwait era y había sido siempre la decimonovena provincia de Irak, o el aparente apoyo a la causa palestina, eran pura y simplemente una burda excusa para justificar lo injustificable.

Hoy hay mucha discusión sobre qué debe hacerse ante los engaños y desafíos iraquíes, y ante el riesgo cierto que supone  un país “armado y peligroso”, con demostradas ambiciones expansivas, agresivo e inmerso en un profundo proceso de descomposición interna, que, muy probablemente esté dispuesto a lanzarse a una huida hacia delante sumamente peligrosa.

Once años de desafío a la ONU y a sus resoluciones, cuatro años de ausencia de los inspectores, así como los antecedentes del Régimen y de su presidente, aconsejan tomar medidas diseñadas con inteligencia,  planificación, sin olvidar la necesaria visión estratégica y sensibilidad geopolítica.

Hay quienes dicen que no hay porqué fijarse en Irak y en Saddam, que hay problemas más graves y acuciantes en el mundo, que existen otros dictadores con armas de destrucción masiva. Otros dicen que si Irak era un riesgo tan evidente e inminente, por qué no ha sido atajado antes. Estas y otras muchas razones pueden resultar convincentes, pero la realidad es que Irak es un riesgo estratégico a corto plazo, y no meramente táctico como algunos argumentan. Al ser muy poco el plazo de que disponemos, el margen de maniobra y de error son muy estrechos. No se puede actuar sin la debida reflexión,  pero no hacerlo para nada, sería tan imprudente o más, y supondría envalentonar y animar al régimen iraquí y otros dictadores a seguir desafiando y enfrentándose a la Comunidad Internacional. La transigencia y tolerancia con la dictadura baazista, podría significar un gravísimo riesgo para la zona y muy especialmente par los aliados de occidente, que muy bien podría derivar en una guerra regional generalizada que sería un desastre económico, estratégico y, desde luego, humanitario.

En EEUU, la mayoría del mundo político, económico y buena parte de los analistas coinciden en señalar que la decisión está tomada y que se va a proceder a una intervención militar reactiva como consecuencia de las revelaciones hechas recientemente, que están fundamentadas en informes de toda solvencia provenientes de diversas fuentes de inteligencia, que indican qué armas tienen y dónde están localizadas, a pesar de la relativa falta de éxito de las misiones de UNMOVIC.

Las sospechas internacionales parecían, pues, bien fundadas. De los 8.000 inspectores que participaron en las operaciones de la ONU entre 1991 y 1998, todos menos uno, coincidían en señalar que Irak tenía, tiene, pretende seguir teniendo y desarrollando, armas de destrucción masiva. Scott Ritter, el extravagante ex-inspector de la UNSCOM, llegó a acusar a la administración Clinton de ser “muy blanda” con Irak, cambiando más tarde, completamente de opinión –nunca se supo muy bien el por qué de semejante “conversión”- prestándose a ser un elemento más de la propaganda y desinformación iraquí.

Las pruebas fueron presentadas hace muchos meses por EEUU a Jefes de Estado y de Gobierno así como a  Ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa de los países aliados. Por esa razón, algunos de ellos hicieron manifestaciones tan claras sobre la necesidad de desarmar a Irak, conscientes del riesgo estratégico que un régimen como el de Bagdad representa para la región y, en consecuencia, para el mundo entero. En el debate algún político desinformado, o despistado ponía en cuestión la necesidad de desarmar Irak, y se centraban en la vuelta de los inspectores, cuando en realidad el fin de la presión política y diplomática era la de desarmar a Irak y no sólo vuelta de los inspectores de Naciones Unidas, que son uno de los medios para conseguir el fin deseado que es el completo desarme de ese país. Ha sido la firmeza política y diplomática la que obligó a Irak a aceptar el regreso de la UNMOVIC y a aceptar la excelente Resolución 1441 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Los 12.000 folios presentados por Irak al Presidente de UNMOVIC, Hans Blix, pretenden demostrar la inocencia del régimen iraquí en la producción y almacenamiento de armas de destrucción masiva. Sin embargo, el mero hecho de que el presidente en ejercicio del Consejo de Seguridad haya circulado el informe tan sólo entre los cinco miembros permanentes del mismo, demuestra que entre las conclusiones de los inspectores puede haber indicios serios, por parte de iraquí, de fabricar para utilizar algún tipo de arma no convencional. La reacción del régimen iraquí ha sido muy significativa al amenazar con colocar en una posición embarazosa a compañías y estados que han mantenido relaciones con Iraq en los últimos doce años. A la hora de escribir estas líneas se desconocía el contenido del informe de Naciones Unidas y de los 12.000 folios de contrainforme iraquí aunque, en cualquier caso, los analistas más reputados se temen lo peor.

De hecho, expertos en armamento dicen que las armas no convencionales o incluso una bomba “sucia” puede producirse en laboratorios móviles, difícilmente localizables o que las centrifugadoras de gas y agresivos químicos tienen aproximadamente el tamaño de una lavadora doméstica, por lo que pueden esconderse prácticamente en cualquier sitio. Otro de los problemas con los que ha tropezado el equipo de inspectores de la ONU, es la presión y coacción ejercida sobre científicos y testigos iraquíes a los que se ha amenazado de forma explícita, antes de hablar con los inspectores, o algunos, simplemente, han desaparecido. Lamentablemente el mandato de la UNMOVIC no recogía la posibilidad de dar asilo a los testigos que decidiesen declarar en contra de Iraq, y aunque así lo hicieran, siempre cabría la presión contra sus familias, como por desgracia ha sido muy frecuente en ese país.

En Estados Unidos una parte importante de la Administración parece convencida de la necesidad de ir adelante con la necesidad de una intervención militar para asegurar y garantizar el completo desarme de Iraq. Además, es un número creciente de personas influyentes el que aboga por un cambio de régimen en ese país. Recientemente se celebró un encuentro de todos los partidos y coaliciones que forman parte de la oposición iraquí en el exilio, entre los que cabe destacar la Coalición Nacional Iraquí, cuyo elemento principal es el Congreso Nacional Iraquí del Sr. Chalabi, la Alianza Nacional Iraquí y los partidos representantes de asirios y turcomanos entre otros. Diversos foros de pensamiento, dentro y fuera de los Estados Unidos, están haciendo reflexiones serias sobre “el día después” en Iraq, y no son pocos los que afirman que los Estados Unidos pretenden utilizar este caso como la muestra más clara de su voluntad de promover la democracia y el respeto a los derechos humanos en el mundo.

Entre los objetivos que se han marcado los analistas más reputados se encuentran la plena democratización de Iraq, “la desbaaziación” del régimen (algunos hablan del paralelismo entre este proceso y el de “desnacificación” llevado a cabo en Alemania durante la II postguerra mundial), la construcción y consolidación de un estado democrático fuerte y capaz de autodefenderse para evitar generar mayor incertidumbre e inestabilidad en la región, así como cuestiones más concretas como la reestructuración de la industria petrolífera iraquí, la recuperación de sus sectores educativo y sanitario, la revigorización de su maltrecha economía o la estabilización de la moneda nacional, el dinar iraquí.

Se habla, de manera cada vez más intensa, de un Iraq democrático y federal y quienes están estudiando cómo poner este proyecto en marcha, se apresuran a declarar que es la única salida para ese país maltrecho tras décadas de regímenes dictatoriales, aún a riesgo de una incipiente inestabilidad o, como mínimo, desconcierto. Hay voces que aseguran que un estado federal sería imposible en Iraq puesto que los límites no son geográficos, sino étnicos y religiosos, lo que es absolutamente cierto puesto que en Bagdad, centro neurálgico del sunismo árabe, hay una importantísima comunidad chií y notable presencia de asirios, caldeos (ambos cristianos) e incluso de kurdos. En Kirkuk, primera ciudad del kurdistán iraquí, existe una importante minoría árabe suní y los cristianos están presentes por todo el territorio. Sin embargo, la nueva constitución que eventualmente aprueben los iraquíes, tendrá que reconocer alguna fórmula de estado descentralizado, así como los derechos de las minorías iraquíes.

            En 1991 los aliados decidieron no derrocar a Saddam Hussein por diversas razones, entre las que cabe destacar las siguientes:

  1. Porque algunos de los aliados consideraban que las Naciones Unidas en sus resoluciones no había dado mandato más que para la liberación de Kuwait, y no para promover un cambio de régimen en el país. Esta postura formalista escondía, en algún caso, intereses políticos y económicos lógicos, pero que han demostrado ser contraproducentes tras once años de constantes desafíos por parte del régimen iraquí.
  2. Algunos analistas consideraron que un Saddam Hussein derrotado y quizá muerto en las duras batallas que, sin duda, se habrían producido en el centro de Bagdad, con una guardia republicana entonces fresca y bien armada, habría podido convertirse en un símbolo por parte de los movimientos islamistas y nacionalistas más radicales. Muchos temían que el derrocamiento de Saddam pudiese provocar una revuelta generalizada en el mundo árabe y musulmán, incluso tras haber desaparecido.
  3. También se tuvo en cuenta la posibilidad, que entonces se consideraba muy probable, del desmembramiento de Iraq en tres, como consecuencia de su derrota militar, a saber: el Kurdistán en el norte, una zona árabe suní en el centro y una república árabe chií en el sur. Hoy se pretende evitar a toda costa el provocar una debilidad excesiva de Iraq, que pudiese ser aprovechada por sus vecinos o por los movimientos radicales islamistas de la zona, para hacerse con un importantísimo bastión desde el que operar con mayor eficacia.
  4. En el año 1991, al acabar la guerra, algunos países occidentales desconfiaban aún de la república islámica de Irán, considerándola un serio riesgo para los países moderados del Golfo, por lo que decidieron preservar a Iraq para mantenerlo, una vez más, como parapeto y muro de contención ante un posible expansionismo iraní. Hoy, tras años de proceso de reforma política en Irán, parece evidente que este riesgo ha quedado difuminado por lo que incluso los más escépticos consideran que habrá margen para crear un Irán democrático y fuerte, que pueda servir de factor de equilibrio en la región, sin que tenga que existir un régimen dictatorial para lograrlo.

Si se produce la intervención militar reactiva, el coste estimado de la misma se cifra en torno a los 200.000 millones de dólares. La completa reconversión del sector petrolífero iraquí se calcula entre 25.000 y 50.000 millones de dólares de inversión para poder llegar a producir en torno a 6 millones de barriles día en un periodo no inferior a seis años y no superior a diez. Sin embargo, Iraq podría volver a producir en torno a 3,5 millones de barriles diarios al muy poco tiempo de terminar la intervención militar, si se produjese. El país produce hoy 1,1 millones de barriles diarios dentro del programa “petróleo por alimentos” de la ONU, por lo que una producción de 3,5 millones significaría un aumento de más del 300% lo que ayudaría, sin duda, a regular a la baja los precios del crudo.

      Los analistas petrolíferos más conocidos del momento calculan tres escenarios para la posible intervención militar: el primero, una guerra rápida y exclusivamente limitada a Iraq, en la que el primer día de hostilidades se produciría una reducción significativa del precio del crudo como ya ocurriera en 1991, bajada de precio, por cierto acompañada por un aumento del 6% de media, en una sola sesión en las principales bolsas del mundo. El segundo escenario implicaría una guerra regional limitada implicando sólo en parte a los vecinos más vulnerables, sin que su capacidad de producción se viese afectada. En ese caso los precios del petróleo podrían oscilar entre los 30 y 35 dólares por barril mientras durase la crisis, para bajar significativamente después. Y por último una guerra regional generalizada en el que se pudiesen producir ataques no convencionales contra Israel y otros aliados occidentales de la zona, como Jordania y Arabia Saudí, y que perturbase gravemente la capacidad de producción de crudo de estos últimos, con lo cual, lamentablemente, el precio del crudo pudiese llegar en el peor de los casos a 50$ por barril, provocando una muy grave recesión económica mundial.

Las claves para entender todo este rompecabezas geoestratégico, del futuro de Irak y de la región, espero que las encuentren en las páginas de este interesante libro, que sin dejar de lado su faceta periodística y de actualidad, lo hace con seriedad y rigor. La suerte parece estar echada, solo cabe desear que los planificadores estratégicos hayan tenido en cuenta todos estos factores, y que el desarme de Iraq, siendo necesario por el grave riesgo estratégico que a corto plazo supone para la zona más convulsa del planeta, no acabe siendo peor el remedio que la enfermedad.

 

Madrid, 9 de diciembre de 2002

 

 

Gustavo de Arístegui y San Román
Diplomático
Portavoz del PP en la Comisión de Asuntos Exteriores, Congreso de los Diputados