INTRODUCCIÓN
…A LAS ‘JOYAS DE FAMILIA’
En la mañana del 9 de mayo de 1973, James Schlesinger, director de la CIA decidió firmar una ‘directiva’ que ordenaba la recopilación en un solo informe, de todas aquellas operaciones encubiertas ilegales realizadas por la Central de Inteligencia, tanto dentro como fuera de territorio estadounidense. Sin duda, Schlesinger nombrado por el presidente Nixon, DCI de la CIA, tres meses antes, no sabía que estaba jugando con fuego y que sin duda, muchos iban a ser los que iban a quemarse.
Nada más ocupar su despacho en Langley, comenzaron a llegar rumores al nuevo director sobre la participación de operativos de la CIA en el escándalo Watergate, que se encuentra en ese momento en su punto álgido y en el asalto a la consulta del doctor Lewis Fielding, el psiquiatra de Daniel Ellsberg, el analista del Pentágono responsable de la filtración a los medios de comunicación de los llamados ‘Papeles del Pentágono’.
Ellsberg, junto a otros treinta y cuatro investigadores, había sido elegido por el entonces secretario de Defensa, Robert McNamara, para realizar una completa investigación sobre las relaciones entre Estados Unidos y Vietnam. Ellsberg se ocupó de la etapa de la administración Kennedy. El proyecto fue llevado a cabo en dieciocho meses, pero en 1971 y para protestar por la intervención de su país en el sudeste asiático, Daniel Ellsberg filtró al ‘The New York Times’, los llamados ‘Papeles del Pentágono’, cerca de 3.000 páginas de análisis clasificados más otras 4.000 páginas de documentos vinculados, con clasificación de ‘Alto Secreto’ y ‘Alto Secreto-Sensible’. Un equipo de agentes de la CIA, dirigidos por el famoso Howard Hunt, penetró en la consulta del psiquiatra de Ellsberg para robar su historial médico, con el fin de dañar la reputación del analista.
Tras un largo juicio, el juez rechazó los cargos y absolvió a Ellsberg, cuando fue informado por el fiscal especial del Watergate, que dos consejeros de la Casa Blanca de Nixon, Charles Colson y Jebb Magruder, habían ordenado el asalto. El juez alegó que se habían violado los derechos civiles de un ciudadano estadounidense por parte de un órgano del gobierno con ayuda de oficiales de una agencia de seguridad. Este fue uno de los hechos que llegó a oídos del director Schlesinger para redactar la famosa directiva.
El llamado ‘Memorandum Schlesinger’ estaba formado por cuatro puntos claros, y dirigido a todos los empleados y oficiales de la CIA.
-“Recientemente diversos artículos de prensa han detallado ciertas actividades de la CIA con respecto a Howard Hunt y otras partes. El actual conocimiento de estas historias serán investigadas por el Comité de Asignaciones del Senado. Viendo todo esto, la Agencia se limitará a dar asistencia en respuesta a los requerimientos de los funcionarios (del Senado). La Agencia cooperará con los cuerpos de control de Fuerzas de la Ley, sobre sus actividades pasadas y que continúan realizándose”-.
En el punto 2 del memorando, el DCI Schlesinger era mucho más duro: -“Todos los empleados de la CIA deben comprender mi actitud sobre este tipo de asuntos. Yo tengo entre mis poderes, el proteger las actividades de la CIA, aunque siempre sin desviarse de la estricta interpretación de su carta legislativa. En esta posición, yo estoy determinado a que la ley sea respetada y porque este es el mejor camino para fortalecer la legitimidad y necesarias contribuciones que nosotros en la CIA podemos hacer para la seguridad nacional de los Estados Unidos”-.
En el punto 3, James Schlesinger, dejaba bien claros cuales serían sus objetivos:
-“Yo he tomado acciones severas para implementar este objetivo: Yo he ordenado a todos los oficiales operativos de esta agencia, que me informen a mi de forma inmediata de cualquier actividad que se este llevando ahora a cabo, o que hubiese sido llevada a cabo en el pasado, y que fuera realizada fuera de la carta legislativa de esta Agencia; Yo me he dirigido directamente a cada empleado de la CIA para informarme de cualquier actividad de este tipo y de las que tuviera conocimiento. Yo invito a todos los ex–empleados a hacer lo mismo. De cualquier forma para cualquier información puede llamarse a mi secretaria (extensión 6363) y decir que él desea hablar conmigo sobre “actividades fuera de la carta de la CIA”’-.
Para finalizar su escrito a todos los funcionarios y oficiales de operaciones de la CIA, James Schlesinger terminaba diciendo en el punto 4:
-“Para asegurar que las actividades de la Agencia son correctas en el futuro, yo he decidido promulgar una orden a todos los empleados de la CIA: Cualquier empleado de la CIA que crea recibir instrucciones de cualquiera por inconsistente que parezca y que crea contraria a la carta legislativa de la CIA, deberá informar inmediatamente al Director de la Central de Inteligencia”-.
La delicada misión de recopilación de datos fue encomendada a William Colby, subdirector de operaciones; Scott Breckinridge, subinspector general de la CIA; y al director de Seguridad de la Agencia.
En menos de una semana, la CIA debía recopilar en un amplio informe la lista de operaciones clandestinas y definidas por el propio Schlesinger como: ‘Actividades Altamente Volátiles’. Semanas después, un selecto equipo de analistas y agentes de seguridad de la ‘Compañía’, recopilaban en casi 700 páginas, datos, detalles y cifras de operaciones ‘Altamente Volátiles’, como por ejemplo la llamada Operación CHAOS; el programa ilegal COINTELPRO de espionaje doméstico; el Plan HOUSTON, un proyecto de espionaje doméstico dirigido desde la Casa Blanca por los hombres de Nixon; contactos con los ‘fontaneros’ de la Casa Blanca con ex agentes de la CIA como Howard Hunt; el programa de escuchas y registros ilegales; el programa de apertura no autorizada de correo de ciudadanos estadounidenses; planes de asesinato de líderes políticos de Cuba, el Congo o la República Dominicana; los documentos relativos al uso experimental de drogas alucinógenas para experimentos de lavado de cerebro dentro de la llamada Operación MKULTRA; la interceptación de comunicaciones y vigilancia de prestigiosos periodistas de diversos medios de comunicación de los Estados Unidos y así, hasta 300 operaciones que violaban claramente las carta legislativa de la Agencia Central de Inteligencia.
El propio Breckinridge declararía años después: “Ellos fueron separando los informes en pequeños grupos y a su vez, divididos por directorios separados, incluyendo una sección para el material ‘altamente sensible’. Más tarde, los documentos fueron revisados por el Departamento de Justicia para determinar si aquellas páginas mostraban actos delictivos. Si era así, cada página era numerada correlativamente, se incluían páginas en blanco y se dividían en secciones con anotaciones especiales. Al final el Departamento de Justicia, reportó en 693 páginas, diversos asuntos ilegales. Ninguna acusación fue llevada a cabo por parte del Departamento de Justicia”.
Schlesinger, tenía su informe, pero no sabía que al firmar la directiva aquel 9 de mayo, estaba abriendo la ‘Caja de Pandora’ y que ya no iba a poder cerrarse, una vez que los secretos de la CIA, comenzasen a dispersarse.
El DCI había sido nombrado director de la Central de Inteligencia, el 2 de febrero de 1973 por el presidente Richard Nixon, en pleno escándalo ‘Watergate’. Economista y experto en Energía y Seguridad Nacional, el nuevo director de inteligencia procedía de la Reserva Federal y de la poderosa corporación RAND. El primer contacto de James Schlesinger con la inteligencia sucedería a través de la Oficina de Presupuestos. Allí tendría la misión de reducir y controlar los presupuestos ‘secretos’ de la comunidad de inteligencia, con la tarea expresa de despedir a casi un millar de operativos con más de veinte años de servicio. Los espías estadounidenses harían famosa la expresión: “Mister 20añosyfuera”, al referirse a James Schlesinger.
El DCI deseaba conocer de primera mano las operaciones ‘Altamente Volátiles’ que hubieran podido llevar a cabo los espías de la CIA en nombre de los Estados Unidos. Estas operaciones eran definidas por los altos oficiales de Richard Helms, el anterior DCI, como los ‘esqueletos’; los ‘esqueletos del armario’, o sencillamente como, los ‘testículos de la CIA’.
Richard Nixon en los últimos minutos de su deshonrosa presidencia, había decidido cesar fulminantemente a Richard Helms como director de la CIA. Nixon diría posteriormente en sus memorias que Helms, “no le había ayudado lo suficiente en la cuestión del Watergate”. Schlesinger, resultó ser un candidato de consenso y un DCI de ‘transición’.
El 4 de septiembre de 1973, y tras cesar antes a James Schlesinger, Richard Nixon nombró director de la CIA a William Colby, el mismo hombre que reunió las ‘Joyas de Familia’ cuando era el todopoderoso director de operaciones. Nacido el 4 de enero de 1920, en Sant Paul, Minnesota, Colby hizo carrera en el ejército, intentando ampliar sus estudios en Princeton y West Point. Pero la prestigiosa academia militar decidió rechazarlo como candidato, debido a sus problemas visuales.
Sin desistir en su empeño de unirse a la carrera militar, Colby se alistó en la Reserva del Ejército. En agosto de 1941, cuatro meses antes del ataque japonés a Pearl Harbour, William Colby se alistó voluntario en las fuerzas aerotransportadas, pero durante su segundo salto de entrenamiento, se partió un brazo, obligándole a estar de baja durante un algún tiempo. En marzo de 1943, el teniente Colby recibió un día una visita de un militar que dijo pertenecer a la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS). Minutos después, William Colby se unía voluntario, al que sería el precursor de la CIA.
En 1944, sirvió en la Francia ocupada y un año después, en la Noruega ocupada. Tras el fin de la contienda, William Colby se unió al despacho de abogados de William Donovan, el director de la OSS durante la guerra. En junio de 1950 con el estallido de la Guerra de Corea, Colby se unió a la CIA. Tras un breve paso por las estaciones de Estocolmo y Roma, Colby sería nombrado en 1959, jefe de la importante y activa estación de la CIA en Saigon, en plena actividad clandestina de los espías estadounidenses en Asia.
En 1974, Estados Unidos vivía una de sus peores crisis constitucionales con la dimisión del presidente Richard Nixon por el escándalo ‘Watergate’. Gerald Ford, su entonces vicepresidente se veía obligado a asumir la presidencia. Las ‘Joyas de Familia’, a pesar de estar paseando por los despachos de Washington, no habían estallado aún, hasta que en diciembre de ese mismo año, el periodista del ‘The New York Times’, Seymur Hersh decidió lanzar la primera andanada contra la CIA en la portada del periódico. Las revelaciones de Hersh ponían al descubierto los trapos sucios de la Agencia Central de Inteligencia, no sólo en el extranjero sino en los Estados Unidos durante las administraciones de los presidentes Dwight Eishenhower, John Kennedy, Lyndon B. Johnson y por supuesto, Richard Nixon.
En páginas interiores, Hersh relataba de forma pormenorizada toda la información relativa a CHAOS. El reportero había pedido antes de la publicación, una entrevista con William Colby para confirmar la información. El DCI habló con Hersh y no sólo le reveló los secretos de CHAOS, sino también, otras actividades ilícitas como el programa de apertura de correo de ciudadanos estadounidenses durante años, por orden de James Jesús Angleton, jefe de contrainteligencia de la CIA.
Cuando la primera noticia sobre las ‘Joyas de Familia’, apareció en la portada del Times, el presidente Gerald Ford decidió convocar en la Casa Blanca a Arthur Ochs Sulzberger, editor del periódico. El Presidente confirmó a Sulzberger, durante un almuerzo y de forma ‘Off The Record’, las operaciones de asesinatos llevadas a cabo por la Central de Inteligencia. El rotativo no publicó esta historia, pero sí la CBS.
El corresponsal en Washington, Daniel Schorr había oído ya rumores sobre ciertas operaciones encubiertas de la CIA, denominadas como ‘Joyas de Familia’ o ‘Esqueletos’. William Colby confirmó al propio Schorr la información, aunque agregando: “Nunca en este país”. Estaba claro que Colby mentía.
Schorr publicó la historia afirmando que la CIA había asesinado a varios líderes extranjeros, y que había participado directamente en el intento de asesinato de Fidel Castro, aunque eso no era del todo cierto. Richard Helms, director de la CIA entre junio de 1966 y febrero 1973, afirmó que “ningún líder extranjero había sido asesinado directamente por la CIA, pero que eso no significaba que no lo hubiesen intentando”.
Ante el escándalo desatado, el presidente Ford, decidió llamar personalmente al DCI Colby y exigirle una serie de explicaciones lo más claras posibles sobre las llamadas ‘Joyas de Familia’. William Colby tenía tan sólo unos pocos días para preparar una explicación más o menos comprensible al Presidente. El director de la CIA había sido convocado para tal efecto en la Casa Blanca, a las 5:30 de la tarde, del viernes 3 de enero de 1975. Ford se levantaba todos los días a las 5:30 de la mañana y mientras desayunaba, leía el ‘The New York Times’, el ‘The Washington Post’ y el ‘Informe Diario de Inteligencia’. -“Realmente y para mi propia salud, no recibía demasiadas presiones desde el Despacho Oval. Cuando era invitado o se requería mi presencia, casi siempre era presionado antes por Henry Kissinger”- escribiría años después el propio Colby en sus memorias.
Colby decidió convocar en su despacho, el 31 de diciembre de 1974, a John Warner, consejero general de la CIA; James Wilderotter, vicefiscal general y LHS. El DCI informó a sus tres interlocutores que en pocos días debía reunirse con el Presidente de los Estados Unidos y darle una explicación convincente sobre las ‘Joyas de Familia’. Colby pidió entonces a Wilderotter, un análisis legal sobre los ‘Esqueletos’, pero este debía centrarse principalmente en lo que él denominó, los “asuntos domésticos” de la Agencia.
Pocas horas después, James Wilderotter, presentaba un escueto memorando de seis páginas, en el que hacía un breve análisis más o menos legal de las ‘Actividades Altamente Volátiles’ incluidas en las ‘Joyas de Familia’ y realizadas en territorio estadounidense, algo que claramente violaba la ley. Wilderotter escribía entonces:
-“Colby comenzó la reunión (del 31 de diciembre) describiendo el estilo de dirección del antiguo director de la CIA, Richard Helms. Según Colby, Helms utilizaba una estructura organizativa muy compartimentada, en donde cada cabeza de cada unidad constituida reportaba directamente a Helms. A Colby le gustaba describirlo como una rueda, en donde Helms era el eje, y las unidades compartimentadas eran los radios. Uno podía ser un radio de la rueda sin saber que estaban haciendo los otros radios”-.
Wilderotter afirma en otro párrafo que Colby les reveló que varios puntos del Watergate tocaban a la CIA en diferentes aspectos. –“(a) Howard Hunt; (b) la cuestión de los ‘informes psicológicos’; y (c) la carta de McCord a la CIA. (…) Colby y Warner están intentando averiguar más detalles sobre los diferentes ‘esqueletos’”-. A continuación, entre la página 1 y la página 6 del ‘Memorandum for the File’ redactado por James Wilderotter, se hacía un repaso más o menos pormenorizado, sobre 14 esqueletos ‘domesticos’ que formaban parte de las ‘Joyas de Familia’.
“(1) En 1964, un desertor ruso se entregó a los Estados Unidos; aparentemente la CIA creía que era ‘falso’. El desertor, un ciudadano ruso, fue inmediatamente confinado en una casa de Maryland y más tarde, en una casa de la CIA en Virginia, por espacio de dos años. Aparentemente, él fue interrogado durante dos años de confinamiento físico. El desertor está ahora asentado en los Estados Unidos, está casado y trabaja voluntariamente con la CIA. (…) Colby especula con que el confinamiento del desertor ruso desde 1964 a 1966, pudo ser una clara violación de las leyes de secuestro”-.
-“(2) En 1963, la CIA grabó a dos columnistas- Robert Allen y Paul Scout- tras una columna en su periódico con respecto a la revelación de información de seguridad nacional. Los informes de la CIA, revelan que la grabación de conversaciones de los dos columnistas fue aprobada por McCone (DCI) después de discutirlo con el Fiscal General Robert Kennedy y el Secretario de Defensa Robert McNamara. Las grabaciones continuaron entre el 12 de marzo y el 15 de junio de 1963 y fueron descritas como ‘muy productivas’”-.
-“(3) Desde el 15 de febrero al 12 de abril de 1972, se llevó a cabo una vigilancia personal que fue llevada a cabo por la CIA sobre Jack Anderson y miembros de su equipo (Les Whitten, Britt Hume y Sr. Spear). La vigilancia física consistió sólo en la vigilancia de objetivos, en entradas (registros) y en grabación de conversaciones. Aparentemente, la vigilancia física sucedió tras la publicación de una serie de historias sobre ‘Pakistán’. La vigilancia fue autorizada por (Richard) Helms y llevada a cabo por la Oficina de Seguridad de la CIA”-.
-“(4) Entre octubre de 1971 y enero de 1972, la CIA dirigió una vigilancia física sobre Mike Getler, un reportero del ‘The Washington Post’. Nuevamente, no hay indicaciones de micrófonos, o de entradas y registros. Tanto la vigilancia de Anderson como la de Getler, fueron autorizadas por Helms y llevadas a cabo por la Oficina de Seguridad de la CIA”-.
-“(5) En 1971, la CIA tenía razones para sospechar que una mujer empleada en la CIA, había estado viviendo con un extranjero (cubano). La antigua empleada y el cubano, mantenían al mismo tiempo una residencia común y una oficina común. Los agentes de la CIA penetraron en la dirección de la oficina y en la residencia intentando encontrar algún documento que la antigua empleada de la CIA se hubiese llevado con ella. Los agentes no encontraron nada. El registro fue llevado a cabo en Fairfax, Virginia y fue dirigido por la Oficina de Seguridad”-.
-“(6) En julio de 1970, agentes de la CIA entraron en una oficina ocupada por un antiguo desertor y que había trabajado bajo contrato con la CIA, para buscar algún documento de la CIA que él, pudiera haber tenido. La operación fue llevada a cabo por la Oficina de Seguridad, y sucedió en Silver Spring, Maryland”-.
-“(8) Entre 1953 y 1973, el staff de contrainteligencia de la CIA – y sólo en algunos casos- abrieron el correo hacia y desde la Unión Soviética que llegaba al depósito de correos del Aeropuerto Kennedy. Esta operación fue finalizada en 1973 por orden de Colby. Hay evidencias de que al menos tres Directores Generales de Correos e informes de la CIA, que indican que Helms discutió esta cuestión con el Fiscal General John Mitchell”-.
-“(9) Desde 1969 a octubre de 1972, la División del Lejano Oriente de la CIA, revisaron en San Francisco, correo hacia y desde la República Popular China, en una operación similar a la de la Unión Soviética en el aeropuerto Kennedy. (…)”-
-“(10) Entre 1963 y 1973, la CIA fundó algunas instituciones de investigación, aparentemente instituciones académicas, con el fin de estudiar la modificación de personalidad. Según Colby, estas actividades incluían la participación – sin ninguna base – de ciudadanos estadounidenses, a los que no se les dijo nada o no toda la verdad sobre la naturaleza de las pruebas. El ejemplo dado por Colby, fue el de un polo puesto en la mitad del lado (del cerebro) del habla y se observaba que reacción tenía el sujeto y si podía hablar. Aparentemente, algunas de estas pruebas incluían reacciones a ciertas drogas, aunque no hay nada escrito sobre los individuos donde fueron utilizadas y con respecto a que tipo de experimentos. En respuesta a esta cuestión, LHS, Colby y Warner indican que ellos tenían más información de esas actividades, pero que el conocimiento de ellas había sido muy limitado en este punto”-.
-“(11) La CIA aparentemente preparaba un complot para asesinar a algunos líderes extranjeros, incluyendo a Castro, Lumumba y Trujillo. La CIA no tuvo un papel importante en el asesinato de Lumumba el 17 de enero de 1961. Con respecto al asesinato de Trujillo el 30 de mayo de 1961, la CIA no tomó ‘parte activa’; pero hay importantes conexiones con los grupos que lo llevaron a cabo. (…)”-.
-“(12) Entre 1967 y 1971, la CIA diseñó el control de grupos disidentes en el área de Washington DC (y posiblemente en otros lugares) y quienes eran considerados una amenaza para las instalaciones de la CIA. El control aparentemente consistía en únicamente vigilancia física; ninguna escucha fue colocada. Algunos de los datos fueron distribuidos al FBI”-.
-“(13) Entre mayo y septiembre de 1971, la CIA condujo una vigilancia física de una mujer latinoamericana (y otras, incluyendo ciudadanos estadounidenses) aparentemente en el área de Detroit, y quien había avisado a la CIA de un complot para asesinar a Helms y al vicepresidente Agnew. (…) Me gustaría que el Servicio Secreto hubiese sido avisado de la amenaza de asesinato al Vicepresidente”-.
-“(14) En 1972, la CIA llevó a cabo una vigilancia física a Victor Marchetti –quien escribió un libro sobre la CIA- para determinar sus contactos con empleados de la CIA”-.
El memorando redactado por James Wilderotter, explicaba diferentes puntos algo ‘oscuros’ desde el final de la página 4 a la página 6:
“Colby discutió un programa llevado a cabo por la CIA en los comienzos de 1967, con el fin de identificar posibles conexiones extranjeras con los disidentes americanos. Este programa fue liderado en la CIA por James Jesús Angleton y Richard Ober. Alrededor de julio de 1967, Helms envió un cable desde el cuartel general de la CIA refiriéndose a la ‘participación de la CIA en un grupo interagencia’ con respecto a estas cuestiones. Aparentemente, el cable se refería a ‘la cobertura en ultramar de estudiantes subversivos y sus actividades”-.
Según parece en noviembre de 1967, documentos en posesión de la CIA se referían a la vigilancia de las actividades contra la guerra del Vietnam, incluyendo a los movimientos pacifistas y a grupos extranjeros. Casi dos años después, en diciembre de 1969, el propio Richard Helms, decidió lanzar el poder de la CIA contra las actividades internacionales de radicales y militantes negros.
James Wilderotter en su informe se hacía eco de las revelaciones hechas por William Colby durante su conversación: “Colby ha indicado que la CIA aparentemente situó a algunos agentes en los movimientos pacifistas de los Estados Unidos, con el propósito de establecer conexiones con otros grupos”. Pero sin duda alguna, uno de los puntos más calientes del llamado ‘Memorandum for the File’ de Wilderotter, iba a ser la lista de posibles disidentes redactada por los agentes de la CIA, infiltrados en esas organizaciones.
Aparentemente y bajo un programa de espionaje domestico llevado a cabo por la Central de Inteligencia, la CIA recopiló 9.900 nombres de ciudadanos estadounidenses. La historia del Times sobre los “documentos de los 10.000 americanos”, Colby me indicó que los 9.900 nombres recopilados por la CIA no tenían el mismo sistema de identificación. “Según Colby, aproximadamente dos terceras partes de los nombres de la ‘lista de los 9.900’ era el resultado de peticiones del FBI a las oficinas extranjeras de la CIA. La otra, tercera parte, consistía en los informes del FBI sobre americanos que militaban en movimientos pacifistas. (…) Según Colby, el ‘Plan Houston’ y subsiguientemente el establecimiento del Comité de Evaluación de Inteligencia, dio estímulo a los esfuerzos de la CIA. (…) Colby reportó otros tres asuntos: (1) A peticiones del sheriff de San Mateo, California a la CIA, se asesoró en el análisis del polígrafo llevado a cabo a candidatos a obtener un empleo en el departamento, en un experimento para probar la efectividad del polígrafo. (2) Colby y Warner indican que la CIA utilizó ciertos sistemas para crear documentos y personalidades falsas, mediante certificados de nacimiento. Otros documentos –tarjetas de crédito, permisos de conducir, tarjetas de la seguridad social- la CIA no los fabricó, sin el conocimiento de la Agencia Federal. Warner indica, que quizás se violaron algunas Leyes Estatales al ‘fabricar’ documentos de una agencia estatal. Colby y Warner indican que esto fue llevado a cabo dentro de una operación. (3) Colby indica que ocasionalmente la CIA probó de forma experimental diversos sistemas electrónicos para intervenir teléfonos americanos. La CIA aparentemente estableció líneas concretas para estas pruebas, y que en ningún modo pensaban grabar y reproducir en cintas el material recopilado”-.
Antes de la cita con el Presidente, el 3 de enero de 1975, William Colby tenía muy clara la enorme influencia que ejercía Henry Kissinger sobre Gerald Ford, tanto en política exterior como en asuntos de inteligencia. Para reforzar esa confianza, Ford nombró en octubre de 1975, como sucesor de Kissinger al frente del Consejo de Seguridad Nacional, a Ben Scowcroft, manteniendo al propio Kissinger como Secretario de Estado. –“Realmente era gracioso ver como Kissinger me presionaba a mí por las ‘Joyas de Familia’, cuando él mismo había estado involucrado directa o indirectamente, en muchas de ellas. Él (Kissinger) sabía como actuar ante Ford y el Despacho Oval era su escenario”- escribiría Colby años después.
Aquella mañana, tras un corto viaje desde el cuartel general en Langley, el coche del DCI atravesó la primera verja de seguridad del 1600 de la avenida Pensilvania. Tras unos minutos de espera, William Colby accedió al Despacho Oval. Allí tras la mesa, le esperaba el presidente Ford. La relación entre ambos era distante. Ford veía a Colby como un hombre muy cercano a Richard Nixon, y lo que el nuevo presidente deseaba ahora, era borrar lo más rápidamente posible la deshonra que se abatía sobre la figura del Presidente del país más poderoso del planeta.
Sentados en dos sillones alrededor de una pequeña mesa, se encontraban ya Philip Buchen y John Marsh, consejeros del Presidente y el general Brent Scowcroft, vice-asistente al Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional. A Colby le sorprendió no ver en la reunión a Kissinger, pero la presencia de Scowcroft hacía visible a Kissinger. Al fin y al cabo el general era ‘el perro fiel’ del diplomático, como definían en Langley a Scowcroft.
Gerald Ford hablaba por el teléfono interno, mientras Colby permanecía en pie. Tras colgar, el Presidente lanzó un primer golpe a Colby, quejándose de la mala imagen que se había ganado la CIA tras descubrirse que varios de sus operativos, habían tomado parte en el asalto al cuartel general del Partido Demócrata, en el edificio Watergate de la capital federal. Ford acusó también a agentes libres de la CIA de haber formado parte del grupo de ‘fontaneros’ de Nixon, entre ellos Howard Hunt.
- “Yo he pedido a Phil (Buchen) y Jack (Marsh) que analicen el informe para mí. Pero primero, ¿por qué no me dijo en que situación estábamos?” preguntó Ford.
- “Nosotros tenemos muchos problemas – uno con la agencia y otro con el Congreso. Alrededor de dos comités de Servicios Armados, los dos Comités de Apropiaciones y (senador Edmund) Muskie quieren que testifique”- respondió Colby a modo de disculpa, “Yo creo que tenemos una institución de 25 años y que hicimos algunas cosas que tal vez no debiéramos haber hecho. Con los disidentes, el mayor esfuerzo fue el chequear si hubo alguna conexión con el extranjero. Pero nosotros mantuvimos relaciones estrechas (…) Nosotros infiltramos a gente y quizás ellos fueron más allá. Eso estuvo bien, pero en el curso del entrenamiento y acercamiento con los grupos, ellos (los agentes) escribieron sobre los disidentes. Nosotros pasamos la información al FBI y ellos, nos pasaban información a nosotros. Con sus informes y los nuestros, recopilamos cerca de 10.000 nombres. Nosotros no podemos negar esto, pero tengo intención de clarificar esto”.
- “¿Cuándo comenzaron a ser recopilados los nombres?”, volvió a preguntar el Presidente de los Estados Unidos a su DCI, William Colby.
- “Comenzaron en 1967. Formalmente la operación terminó en marzo del 74”, espetó Colby.
- “¿Cuándo se estableció la directiva Schlesinger?”
- “En mayo de 1973. Schlesinger se inquietó cuando descubrió los informes psicológicos y las cartas de McCord, sobre la CIA y el Watergate. Por eso, él estableció la directiva. Mi informe tiene algo de esto; yo cubrí algunos otros asuntos. Di un resumen a (congresista Lucien) Nedzi en julio de 1973; entregué a Stennis un resumen general y a Symington, algo más detallado”, respondió Colby cautamente, procurando no alterar a Ford.
- “¿Qué dijeron los tres?”- volvió a preguntar el Presidente a Colby.
- “Yo dije:”Aquí está; nosotros no volveremos a hacerlo nuevamente”. Yo di instrucciones específicas al Departamento (de Operaciones). En marzo de 1974, nosotros paramos el programa y lo unimos con el programa de disidentes y los tratamos como uno sólo. Él mencionó la apertura de correo. Nosotros realizamos en Nueva York y Los Ángeles un programa durante los años 50 para abrir el correo aéreo procedente de la Unión Soviética. Por ejemplo, nosotros también teníamos cuatro (agentes destinados) a Jane Fonda. Era ilegal y lo paramos en 1973. En San Francisco nosotros teníamos uno (programa) con respecto a China y descubrir donde se encontraban sus contactos. Algunas cartas fueron abiertas. Nosotros rompimos algunas premisas para ver si alguna contenía documentos clasificados”-.
- “¿Eran antiguos empleados o gente a sueldo?” pregunto Gerald Ford ante el silencio de sus consejeros presentes.
- “Antiguos empleados”, respondió Colby.
- “¿Fueron expulsados?”, preguntó Ford con tono serio.
- “Uno decidió dejarlo. No fue expulsado”, confirmó el DCI Colby.
- “¿Quién aprobaba las operaciones (ilegales)?”.
- “Yo creo que sólo el Director podía hacerlo, pero posiblemente en ese tiempo, también el Director de la Oficina de Seguridad”, dijo Colby, “la tercera área es el hecho de que nosotros vigilamos a algunas personas para descubrir por qué ellos tenían información clasificada. Algunos de los nombres son bastante calientes. En 1971 vigilamos a Mike Getler (periodista del Post). Él lanzó una historia sobre un tema de inteligencia”.
- “¿Quién aprobó eso?” preguntó Gerald Ford a William Colby.
- “Yo estoy seguro que fue Helms, pero también es posible que la orden llegase desde lo más alto (Richard Nixon o algún consejero de la Casa Blanca), no lo sé. En 1972, durante la guerra entre India y Pakistán, nosotros colocamos micrófonos a Jack Anderson y tres de sus asociados”.
- “¿Quién lo ordenó?”.
- “Helms. Quizás por su propia decisión o no, no lo sé. Esto no fue ilegal, pero quizás estaba fuera de su jurisdicción. Nosotros (la CIA) seguimos a algunos de nuestros empleados y antiguos empleados.
- Desafortunadamente. Uno era Marchetti. Nuevamente, no fue ilegal, pero tocamos un área extremadamente delicada.”
- “¿Estaba eso fuera de la carta (legislativa) de la Agencia?”, preguntó Ford, de forma cauta a su director de inteligencia.
- “Helms dijo que esta era un área gris. Nosotros tenemos la responsabilidad de proteger nuestras fuentes y la información”, respondió Colby.
- “¿Y qué hizo usted?”.
- “Yo ya dije en mi confirmación (como jefe de Operaciones de la CIA) que yo tenía el trabajo, pero no la autoridad. (…) Generalmente, desde 1965, fuimos autorizados por el Fiscal General. Uno de ellos era un desertor, pero el resto eran empleados (de la CIA). Yo dudo que antes de 1963, tuviéramos autorización del Fiscal General. La última grabación con micrófonos fue en 1971. Ninguna de estas operaciones tienen nada que ver con la historia de Hersh, pero la lista de todas las actividades (Joyas de Familia) forman parte de los esfuerzos anti-disidentes”, agregó Colby para intentar escurrir el bulto de su responsabilidad. En ese momento, el presidente Gerald Ford pidió a sus consejeros John Marsh y Philip Buchen que se uniesen al interrogatorio de William Colby.
- “Pero Hersh dijo en su artículo que el programa de disidentes venía del IEC(Intelligence Estimate Control) y desde aquí es de donde salió la orden de poner micrófonos a Getler y Anderson”, dijo Marsh.
- “La directiva era del 9 de mayo; el informe del 21 de mayo. ¿No es eso muy poco tiempo?” preguntó Buchen a Colby.
- “Demasiadas operaciones giraban entorno a esos esqueletos, pero no las tengo todas en mi memoria, sino en papel” respondió el DCI al asesor presidencial.
- “¿Y quien conocía las operaciones de disidentes?” volvió a intervenir el Presidente de los Estados Unidos.
- “El Director (Richard Helms); (Thomas) Karamessines (jefe del Servicio Clandestino de la CIA); (Richard) Ober y 30 o 40 personas de su grupo”, respondió Colby.
- “¿Quién asignó a Ober a esta operación?”, volvió a preguntar Ford.
- “Cuando dimos por terminado este programa, yo lo nombré”.
El Presidente Ford decide en ese momento salir del Despacho Oval, dejando a Colby bajo interrogatorio de Buchen y Marsh.
- “Las últimas directivas no están fechadas. ¿Por qué?”- preguntó Buchen.
- “Todos los asuntos son de la misma fecha”, respondió Colby algo contrariado.
- “Ellos (los Comités del Congreso y Senado) intentaron encontrar una conexión con el Watergate. ¿Cree usted que hay alguna conexión?” dijo John Marsh. Cuando Colby escuchó la pregunta del asesor presidencial, entendió la rápida salida del Presidente Ford del Despacho Oval. Estaba claro para Colby, que Ford no deseaba conocer nada del asunto Watergate.
- “Watergate es una palabra clave. Sólo concierne a disidentes, aunque quizás haya sido una coincidencia con el tema político”, respondió hábilmente, el director de la CIA.
- “¿Sufrió el trabajo de contrainteligencia por causa de una falta de coordinación con el FBI?” preguntó el Presidente, que había regresado a la reunión con unos papeles en la mano.
- “No. Nosotros cooperamos muy bien. (…)”, dijo Colby.
- “Nosotros hemos planeado hacer tres cosas”- dijo Ford, -“Uno: la próxima semana, todos los jefes de inteligencia vendrán aquí (a la Casa Blanca) y les diré a todos: “Yo conozco las leyes y espero que todos las obedezcan”. Dos: Estoy dispuesto a nombrar un Comité para estudiar todo esto. Tres: Estoy dispuesto a sugerir al Congreso, la creación de un Comité Conjunto como el mejor camino para investigar todas las operaciones ilegales. Nosotros no queremos destruirla (a la CIA), pero para preservar a la CIA, debemos asegurarnos que las operaciones ilegales contrarias a su carta legislativa, no vuelvan a suceder”.
William Colby, escuchó atentamente las intenciones del Presidente de los Estados Unidos y su comandante en jefe. Antes de abandonar el Despacho Oval y cuando Ford había dado ya por terminada la conversación, el DCI decidió dar un dato más.
- “Por cierto, nosotros (la CIA) planeamos operaciones para asesinar a líderes extranjeros. Aunque sabemos que nunca fueron llevadas a cabo”, lanzó Colby, ante la mirada sorprendida del propio Presidente y de sus asesores, Buchen, Marsh y Scowcroft.
El experimentado director de la Agencia Central de Inteligencia, citó casos como el de Fidel Castro de Cuba; Rafael Trujillo de la República Dominicana; Patricio Lumumba del Congo; el general Abdul Karim Kassen de Irak; o el general Sneider de Chile. A continuación Colby se despidió de sus interlocutores y salió del Despacho Oval ante el silencio sepulcral de los allí reunidos.
Con una sonrisa en los labios, Colby sabía ya en ese momento que el Congreso tenía previsto lanzar una investigación sobre las relaciones de la ITT en Chile, pero ni los congresistas, ni el Presidente, ni los asesores en Seguridad Nacional de la Casa Blanca, le preguntaron nada sobre los ‘Esqueletos’, o mejor dicho, sobre las ‘Joyas de Familia’. Colby tampoco dijo nada durante el encuentro con Ford. Al fin y al cabo, nadie se lo había preguntado y como buen espía y ‘perro viejo’ en tareas de inteligencia, sabía que el filo entre la protección de las fuentes y las de la información era muy fino, casi como patinar sobre una fina capa de hielo. El DCI era ya demasiado experimentado como para arriesgarse a ello.
Una hora después, William Colby abandonaba la Casa Blanca rumbo a Langley, sin saber que Gerald Ford, ‘perro viejo’ en política, había decidido lanzar a Henry Kissinger sobre él.
Existen dos ‘Memorandum of Conversation’, el primero del sábado, 4 de enero de 1975 y el segundo, del jueves 20 de febrero de 1975, de dos reuniones en la Casa Blanca en las que se tocaron como tema, las ‘Joyas de Familia’. En ambas reuniones, es el propio Kissinger quien dirige los ataques contra la CIA y Colby. En la reunión del 4 de enero, asisten el Presidente Ford, Brent Scowcroft y Kissinger. A la segunda reunión asisten James Schlesinger, secretario de Defensa, ex-DCI y el hombre que destapó la caja de los truenos de las ‘Joyas de Familia’; Brent Scowcroft; Philip Areeda, viceconsejero del Presidente; Laurence Silberman, vicefiscal general; Martin Hoffman, consejero del Departamento de Defensa; William Colby, DCI de la CIA y el propio Kissinger.
En la primera reunión, Kissinger arremetió contra Richard Helms:
- “Helms dijo que todos estas operaciones son sólo la punta del iceberg. Si ellos (los Comités del Congreso y Senado) llegan al fondo de todo, la sangre va a correr. Por ejemplo Robert Kennedy, personalmente dirigió la operación para el asesinato de Castro”.
En la segunda reunión, los asistentes trataron sobre las delicadas relaciones entre la CIA y el FBI; las posibles violaciones de la ley llevadas a cabo por la NSA (Agencia de Seguridad Nacional); o los posibles apoyos en los Comités Investigadores del Congreso y Senado.
En el mes de junio de 1975, el propio William Colby decidía hablar ante el Congreso sobre los documentos, insistiendo en que “revelar los excesos” de la CIA, podría ser peligroso y pondría en un serio aprieto la Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Pero los secretos de las ‘Joyas de Familia’ habían comenzado a ser ya filtrados, a pesar de las reticencias de la administración Ford.
El llamado ‘Informe al Presidente por la Comisión de Actividades de la CIA fuera de los Estados Unidos’, conocido como ‘Comisión Rockefeller’ y liderada por el Vicepresidente Nelson Rockefeller; y el ‘Informe Final del Selecto Comité para el Estudio de Operaciones Gubernamentales con Respecto a Actividades de Inteligencia’, de 1976 y conocido como ‘Comité Church’, ponían finalmente al descubierto los ‘esqueletos’ de la CIA.
La ‘Comisión Rockefeller’ había sido nombrada directamente por el Presidente Ford con el fin de investigar las actividades ilegales llevadas a cabo por la CIA en territorio estadounidense, incluidos los complots para el asesinato de líderes políticos extranjeros, pero Ford había pedido también a su vicepresidente “absoluta discreción”, con el fin de evitar la apertura de una mayor investigación por parte del Senado o el Congreso. Así y todo, la creación de la ‘Comisión Rockefeller’ no impidió que el Congreso y el Senado crearan sus propios cuerpos investigadores. El Senado decidió crear, el 27 de enero de 1975, el llamado ‘Comité Church’, presidido por el senador demócrata por Idaho, Frank Church y el Congreso creó el ‘Comité Pike’ presidido por el congresista demócrata por Nueva York, Otis Grey Pike.
Mientras el ‘Comité Church’ y sus investigadores se mostraban bastante respetuosos con los oficiales de la CIA, el ‘Comité Pike’ y sus investigadores creían estar llevando a cabo una gran cruzada contra el diablo, encarnado por la CIA y sus espías. “Sus miembros (del ‘Comité Pike’) sólo deseaban colgar la piel del oso (la CIA) en las paredes del Congreso, sin entender que ello supondría una grave violación de seguridad para los Estados Unidos” diría poco después Donald Gregg, oficial de seguridad de la CIA y veterano del Vietnam e involucrado en la recopilación en 1973 del informe de las ‘Joyas de Familia’. “Ellos (los investigadores) estaban más preocupados de lo que habíamos hecho con varios miembros del Vietcong que en como combatirlos. Nosotros (la CIA) estábamos más interesados en como matar al mayor número posible de vietcongs que en, analizar y descubrir donde estaban enterrados” afirmó Gregg.
Tras meses y meses de investigaciones e interrogatorios de oficiales de la CIA por parte de ambos comités, incluido a los DCI’s Richard Helms, James Schlesinger y William Colby, el ‘Comité Church’ concluyó que la Agencia Central de Inteligencia, “no estaba fuera de control”, mientras que el ‘Comité Pike’ jamás hizo público el ‘informe final’, ni el ‘resumen de conclusiones’. El congresista Pike declararía años después: “Mientras nosotros íbamos descubriendo evidencias claras de lo que había hecho la CIA, la Central de Inteligencia respondía, ‘No, nosotros no lo hicimos’, así es que, al final nos quedamos estancados en un punto sin poder avanzar, ni retroceder. Al final, los miembros del Comité decidimos no hacer públicas las conclusiones”.
Finalmente el 30 de enero de 1976, el Presidente Gerald Ford decidió cesar a William Colby como director de la CIA y nombrar en su lugar a George Bush, futuro Presidente de los Estados Unidos. Ford acusaba a Colby de haber sido demasiado colaborador a la hora de hablar sobre las ‘Joyas de Familia’ al Congreso. Para muchos implicados en las ‘Joyas de Familia’, William Colby sería el ‘bocazas’ que reveló demasiadas cosas al Congreso. Tal vez demasiadas. Aquello supuso que muchos agentes y oficiales de la CIA le calificaran como un DCI que “no era de la familia”.
Treinta y un años después, en junio de 2007, la CIA decidía la desclasificación de manera parcial, de las ‘Joyas de Familia’, basándose en la llamada ‘Acta de Libertad de Información’ (FOIA). Por vez primera en tres décadas, la Agencia Central de Inteligencia ponía ante los ojos de los investigadores, 703 páginas de material relativo a las ‘Joyas de Familia’.
Este libro es un resumen de algunas de las 300 operaciones ilegales o ‘Actividades Altamente Volátiles’ llevadas a cabo por la CIA, tanto dentro como fuera del territorio de los Estados Unidos y sacadas de las 703 páginas desclasificadas por la Agencia Central de Inteligencia.
La primera historia sobre los ‘Papeles del Pentágono’, apareció en la portada del ‘The New York Times’, el 13 de junio de 1971.
‘Memorandum Schlesinger’, 9 de mayo de 1973. Página 00418. CIA ‘Joyas de Familia’.
Véase Scott D. Breckinridge. The CIA and the U.S. Intelligence System. Westview Press, New York, 1986.
Véase Richard Nixon. Memoirs of Richard Nixon. Buccaneer Books, New York, 1994.
Véase Gay Talese. The Kingdom and the Power. Ivy Books, New York, 1981.
‘Memorandum for the File’, 3 de enero de 1975. CIA Matters. James A. Wilderotter, Deputy Attorney General.
The White House. Memorandum of Conversation. Viernes, 3 de enero de 1975. Hora: 5:30 p.m. Lugar: Despacho Oval. Casa Blanca. Objeto: Alegaciones de Actividades Domésticas de la CIA.
James Walter McCord, operativo de la CIA, fue uno de los cinco asaltantes que penetraron en el complejo Watergate, en el verano de 1972; Lucien Nedzi, Demócrata por Michigan, presidió desde febrero de 1975, el primer Comité Selecto de Inteligencia del Congreso.
Jack Anderson era un columnista del Post que durante los años 50 denunció la utilización de agentes del FBI para escoltar al secretario del polémico senador Joseph McCarthy, durante una visita privada a Hawai. En 1972, ganó un Premio Pulitzer por su cobertura de los escándalos de Washington. Miembros de la Administración Nixon planearon un complot para matar a Anderson. Pocos años después el periodista puso al descubierto, los planes de la CIA para matar a Fidel Castro.
Victor Marchetti era un ex agente de la CIA, que trabajó en el departamento de análisis soviético entre 1966 y 1969. Tras desencantarse con su trabajo en la Central de Inteligencia, Marchetti decidió en 1974, escribir el libro ‘La CIA y el culto de inteligencia’ junto al escritor John Marks. En la primera revisión del manuscrito, la CIA censuró 350 páginas.
The White House. Memorandum of Conversation. Sábado, 4 de enero de 1975. Hora: 9:40 a.m. -12:20 p.m. Lugar: Despacho Oval. Casa Blanca.
The White House. Memorandum of Conversation. Jueves, 20 de febrero de 1975. Hora: 10:36 – 11:33 a.m. Lugar: Oficina del Secretario Kissinger. Casa Blanca. Objeto: Investigación de Alegaciones de Actividades Domésticas de la CIA.
El 27 de abril de 1996, a los 76 años de edad, William Colby desapareció mientras navegaba en una canoa por el río Potomac. Tras nueve días de intensa búsqueda, el cadáver de Colby apareció en una zona del río. Tras la autopsia se descubrió que el antiguo director de la CIA, había sufrido un infarto justo antes de caer al agua. Colby fue enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington.
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