Eric Frattini
 
carrito
carroComprar
Noticias
Sala de Prensa
Contactar
Home
Mapa Web
 
Eric Frattini  
Documentales
Radio/Televisión
VATICANO
TOP SECRET
           
 
 
LA SANTA ALIANZA
Editorial Espasa
Introducción Volver
 


El papado, la suprema autoridad de la Iglesia católica, es la más antigua organización del mundo y la única institución que floreció durante la Edad Media, un actor privilegiado durante el Renacimiento, uno de los protagonistas de la Reforma y la Contrarreforma, la Revolución Francesa y la era industrial, del ascenso y caída del comunismo. Durante siglos los Papas, basándose en su famosa “infalibilidad”, centralizaron el impacto social que los acontecimientos históricos iban sucediendo en el mundo. El historiador Thomas Babington en su estudio sobre la historia del protestantismo afirmaba que los papas supieron centrar a la Iglesia, así como amortiguar su impacto en los eventos históricos y remarcando su habilidad para apropiarse o adaptarse a los nuevos movimientos sociales que iban formándose a lo largo de los siglos.

El emperador Napoleón Bonaparte consideraba al papado como “uno de los mejores oficios del mundo” y Adolf Hitler “uno de los más peligrosos y delicados de la política mundial”. Napoleón estimaba la fuerza de un solo Papa con la fuerza de un regimiento de doscientos mil hombres. Realmente el papado ha actuado siempre con dos caras a lo largo de toda la historia, la de cabeza de la Iglesia católica en todo el mundo y la de una de las mayores organizaciones políticas del planeta. Mientras los papas bendecían a sus fieles por un lado, recibían a embajadores y a jefes de Estado de otros países, y enviaban nuncios y legados en misiones especiales, por el otro.

Este poder llevó a mucha gente a ver a los papas más como “padres de los príncipes” que como “vicarios de Cristo”. Los Sumos Pontífices clamaban desde el siglo VIII la primacía y la jurisdicción universal para sus actos hasta que en 1931 con la creación de Radio Vaticano hizo posible esa primacía y jurisdicción al establecer un permanente contacto con el mundo. Durante la Reforma, Lutero atacaba el papado como un mal humano innecesario. El historiador católico lord Acton, criticaba la excesiva centralización del papado y tras un viaje a Roma afirmaba que “el poder corrupto y el poder absoluto, corrompe absolutamente”. La historia de la Santa Alianza, el servicio de espionaje vaticano, no puede ser relatada sin contar la historia de los papas y la historia de los papas no puede ser relatada sin contar la historia de la Iglesia católica.

Lo que está claro es que sin el catolicismo no existiría el Papa y como escribió Pablo VI en su encíclica Ecclesiam Suam, “sin el papa la Iglesia católica quizás no sería católica”. Lo realmente cierto es que sin el poder real que los papas han tenido, no existiría la Santa Alianza o el Sodalitium Pianum, el contraespionaje. Ambos, han formado parte de ese engranaje que han ayudado a construir. La Santa Alianza desde su fundación en 1566 por orden del papa Pío V y el Sodalitium Pianum (S.P) desde su fundación en 1913 por orden del papa Pío X.

Otro historiador, Carlo Castiglioni, autor de una de las mejores enciclopedias sobre los papas llegó a escribir, “la triple tiara que portan los pontífices simboliza sin duda alguna el poder de estos en el cielo, en la tierra y en el mundo terrenal (underworld)”. Esta afirmación sería fácil de explicar. En el cielo, el Papa tiene a Dios; en la tierra, el Papa se tiene así mismo; y en la clandestinidad (underworld), el Papa tiene a la Santa Alianza.

A pesar de que la autoridad papal fue cambiando por las modernizaciones y las renovaciones, por la política y la economía, los intereses de la Iglesia fueron siempre el motivo por el que se movieron los espías del Vaticano. Los expertos vaticanistas aseguran que la Iglesia y las estructuras papales jamás han abandonado su imagen de Imperio, observando que los aspectos de culto a la figura de un emperador han sido simplemente trasladados a la del Papa.

Los cuarenta papas que han gobernado, o mejor dicho ‘reinado’ desde la creación de la Santa Alianza, desde Pío V a Juan Pablo II, han tenido que enfrentarse a descristianizaciones y cismas, revoluciones y dictadores, colonizaciones y expulsiones, persecuciones y atentados, guerras civiles y guerras mundiales, asesinatos y secuestros. La política de los papas era un objetivo y la Santa Alianza tan sólo un poderoso instrumento para llevarla a cabo.

Desde los siglos XVI al XVIII los enemigos con los que el papado y la Santa Alianza tuvieron que enfrentarse serían los liberalismos, constitucionalismos, democracias, republicanismos o socialismos. En los siglos XIX y XX, esos enemigos se convirtieron en darwinismo, americanismo, modernismo, racismo, fascismo, comunismo, totalitarismo o revolución sexual y en el XXI, será el intrusismo de los científicos en el escrutinio de cuestiones religiosas, el bloque único político, la superpoblación, el feminismo o el agnosticismo social.

En Alemania, el obispo Nikolaus von Hontheim (1701-1790) escribía bajo pseudónimo, la necesidad de acabar con la centralización del papado y descentralizarse en un mayor poder episcopal y llevando al Papa a la figura única de autoridad delegada. En 1767 la República de Venecia publicó en italiano los trabajos de Hontheim y sus copias distribuidas en España, Francia, los Países Bajos y Alemania. A pesar de los agentes de la ‘Orden Negra’, una especie de fuerza de choque de la Santa Alianza, encargados de destruir el mayor número de copias, la obra condenada por Clemente XIII encontró una amplia resonancia en los países europeos y en especial en Austria donde el Emperador apoyaba la teoría del obispo alemán. José II de Austria estaba de acuerdo con las teorías de Hontheim y en especial con aquellas que limitaban el poder papal y que él consideraba que interferían como autoridad rival en su propio país.

Este hecho viene a demostrar que muchas veces la política vaticana y su servicio secreto fueron siempre en paralelo, utilizando diferentes métodos con el único fin de alcanzar un mismo objetivo. Por un lado el Papa negociaba la paralización de medidas contrarias a Roma y por el otro, la Santa Alianza y la ‘Orden Negra’ intervenían en la destrucción del manuscrito de Hontheim.

David Rizzio, Lamberto Macchi, Roberto Ridolfi, James Fitzmaurice, William Parry, Marco Antonio Massia, Giulio Alberoni, Alejandro de Médicis, Giulio Guarnieri, Tebaldo Fieschi, Charles Tournon, John Bell o Giovanni DaNicola fueron algunos de los agentes de la Santa Alianza que con sus operaciones cambiaron el curso de la historia desde la mitad del siglo XVI hasta el siglo XXI.

Ludovico Ludovisi, Lorenzo Magaloti, Olimpia Maidalchini, Sforza Pallavicino, Paluzzo Paluzzi, Bartolomeo Pacca, Giovanni Battista Caprara, Annibale Albani, Pietro Fumasoni Biondi o Luigi Poggi fueron algunos de los poderosos jefes del espionaje pontificio que decidieron y ordenaron siempre en defensa de la fe, operaciones encubiertas, asesinatos políticos y de Estado o simples “liquidaciones” de personajes secundarios que interferían en la política del Papa de turno y en la de Dios en la tierra.

Se asesinaron a reyes, se envenenaron a diplomáticos, se apoyaron a bandos en conflicto como norma de la diplomacia pontificia, se cerraron los ojos ante catástrofes y holocaustos, se financiaron a grupos terroristas y a dictadores sudamericanos, se protegió a criminales de guerra y se lavó dinero de la mafia, se manipularon mercados financieros y provocaron quiebras bancarias, se condenaron conflictos mientras se vendían armas a los combatientes todo ello en nombre de Dios y la Santa Alianza y el Sodalitium Pianum fueron sus herramientas.

Desde que el inquisidor Pío V, santificado años después, fundara el espionaje vaticano en el siglo XVI con el único objetivo de acabar con la vida de la hereje Isabel I de Inglaterra y apoyar a la católica Maria Estuardo, el Estado Vaticano jamás ha reconocido la existencia de la Santa Alianza o del contraespionaje, el Sodalitium Pianum, aunque sus operaciones pueden decirse que han sido un “secreto a voces”. Simon Wiesenthal, el famoso cazanazis declaró en una entrevista, que “el mejor y más efectivo servicio de espionaje que conozco en el mundo es el del Vaticano”. El cardenal Luigi Poggi, a quien definían con el apodo del “espía del Papa” (Juan Pablo II) fue quien llevó a cabo una de las mayores modernizaciones de la Santa Alianza debido a sus estrechos contactos con el Mossad israelí. Gracias a Su Eminencia, el servicio secreto israelí pudo desarticular un atentado contra la primera ministra Golda Meir durante una visita a Italia. Poggi sería también el responsable de encauzar los fondos necesarios del Vaticano a través del IOR de Paul Marcinkus, para financiar al sindicato Solidaridad dirigido por Lech Walesa. Esta sería una operación conjunta entre la CIA de William Casey y la Santa Alianza.

En sus cinco siglos de historia, la larga sombra de la Santa Alianza se ha hecho visible en las luchas contra Isabel I de Inglaterra o en la matanza de la noche de San Bartolomé; en la aventura de la Armada Invencible; en el asesinato de Guillermo de Orange y del rey Enrique IV de Francia; en la Guerra de la Sucesión española o en la crisis con la Francia de los cardenales Richelieu y Mazarino; en el atentado contra el rey José I de Portugal; en la Revolución Francesa y en Austerlitz; en el ascenso y caída de Napoleón; en la guerra de Cuba y en la de Secesión americana; en las relaciones secretas con el Kaiser Guillermo II durante la Primera Guerra Mundial o con Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial; con el ‘Oro de Croacia’ y con la organización Odessa; en la lucha contra el grupo terrorista ‘Septiembre Negro’, Carlos ‘El Chacal’ o el comunismo; en las oscuras finanzas del IOR y en sus mucho más oscuras relaciones con la masonería, la Mafia y el tráfico de armas; en la creación de empresas financieras en paraísos fiscales o en la financiación de dictadores de derechas como Anastasio Somoza o Jorge Videla; e incluso en el apoyo a sindicatos de izquierdas como Solidaridad de Lech Walesa.

Durante estos últimos cinco siglos de existencia, sociedades secretas dependientes de la Santa Alianza como el ‘Círculo Octogonus’ o la ‘Orden Negra’ han realizado operaciones encubiertas para servicios de espionaje de otros países como el Mossad israelí o la CIA estadounidense. Mientras estos luchaban contra un enemigo claro, el terrorismo árabe o el ‘maléfico’ comunismo, la Santa Alianza ha sabido adaptarse a los tiempos y a las situaciones que han marcado los Sumos Pontífices, porque como dijo un día el todopoderoso cardenal Paluzzo Paluzzi, jefe de la Santa Alianza a mitad del siglo XVII, “Si el Papa ordena liquidar a alguien en defensa de la fe, se hace sin preguntar. Él es la voz de Dios y nosotros (la Santa Alianza) su mano ejecutora”.

Este libro es tan sólo un pequeño ‘largo’ recorrido de cinco siglos de historia a través de las operaciones encubiertas del poderoso servicio de espionaje del Estado-Ciudad del Vaticano. Aunque muchos de sus personajes parezcan salidos de una novela, no lo son. Son reales. Los sacerdotes-agentes del servicio de espionaje papal, la Santa Alianza, y del contraespionaje, el Sodalitium Pianum, mataron, robaron, conspiraron y traicionaron en el nombre de Dios y de la fe católica por mandato del Sumo Pontífice. Los espías del Papa han sido el perfecto símbolo de la simbiosis bajo cuyo lema han actuado, “Por la Cruz y Por la Espada’. Todos los hechos que en estas páginas se relatan son reales, todos los personajes que se citan en estas páginas también lo son.

ERIC FRATTINI
El Tamaral’, 2004