DEL ZAIRE AL CONGO
En África no hay fronteras; ni siquiera entre la vida y la muerte.
Léopold Sédar Senghor
Los analistas, líderes políticos y organizaciones internacionales coinciden en señalar que la crisis del Zaire fue tan sólo un efecto dominó producido por los conflictos y las inestabilidades étnicas y políticas de Ruanda y Burundi, sus países vecinos. La mañana del 21 de octubre de 1996 un viento de pánico se extendió por la región de Uvira, al este del Zaire, cuando un cuarto de millón de refugiados hutus de Ruanda y Burundi abandonó 12 campos y se dirigieron hacia Bukavu en donde ya se hacinaban otros 300.000. El motivo del éxodo eran los violentos combates entre las tropas zaireñas y la guerrilla banyamulenge, tutsis instalados en la frontera zaireño-ruandesa desde hacía siglos.
Los banyamulenges, instalados en las colinas de Mulenge desde el siglo XVI, fueron las víctimas de la política de Mobutu Sese Seko quien en febrero de 1981 les arrebató la nacionalidad zaireña convirtiéndolos en parias, en un pueblo sin Estado. La intención del dictador era empujar a ese molesto pero a la vez poderoso sector de la población hacia Ruanda.
Según un informe del Departamento de Asuntos Políticos de la ONU, la mayor inestabilidad en la región de los Grandes Lagos procedió de dos grandes éxodos. El primero en 1993, cuando un gran número de hutus escaparon de Burundi tras el golpe de Estado contra Melchior Ndadaye. El segundo en julio de 1994, cuando un millón de hutus inundaron los campos del Zaire tras la victoria del Frente Patriótico Ruandés (FPR) de origen tutsi. El mismo documento informaba que estos éxodos habían convertido a la región en la más poblada por refugiados y que si los gobiernos occidentales no hacían nada por estos “sin patria”, la zona podía convertirse en un polvorín.
Todo el mundo hizo oídos sordos y las primeras fichas del dominó que ya habían caído en Burundi y Ruanda, ponían en peligro la estabilidad del Zaire. El día 23, el primer ministro zaireño, Kengo Wa Dondo, acusa al régimen tutsi de Ruanda de politizar el conflicto y de armar a las bandas banyamulenges. Por supuesto, los gobiernos de Kigali y Bujumbura, ambos controlados por la minoría tutsi, niegan las acusaciones mientras algunas ONG’s hablan de infiltraciones de tropas ruandesas en la zona de Goma.
Un informe de la CIA y que fue citado por el secretario de Estado norteamericano, indicaba que con los banyamulenges apoyados financieramente y con material de guerra por el gobierno de Kigali, el FPR pretendía un retorno ordenado e incondicional de los refugiados hutus con el fin de localizar entre ellos a los ejecutores del genocidio de 1994.
Los combates se suceden en la última semana de octubre de 1996, entre el ejercito zaireño y banyamulenges, mientras Mobutu a sus 66 años continúa en su exilio dorado de Suiza, tratándose un avanzado cáncer de próstata. Su portavoz, Bonguo Makeli informa entonces que tropas de Ruanda y Burundi han penetrado en territorio de la república y combaten junto a la guerrilla banyamulenge. Las ciudades de Goma, Bukavu y Uvira son los objetivos. El 25 de octubre las tropas y la población civil, huyen en desbandada ante el avance de los rebeldes tutsis. La suerte está echada para la República del Zaire.
Ante las presiones de los gobiernos de París, Washington y Londres, Claude Dusaisi, consejero político del nuevo hombre fuerte de Ruanda, el general Paul Kagame, desmiente la implicación de su país en la crisis zaireña, “Zaire está en guerra consigo misma” dice, mientras el avance tutsi continua hacia Nyangezi y Kukavu y los bombardeos, sobre el extremo norte del lago Tanganika.
Sadako Ogata, responsable del ACNUR, envía desde Ginebra un utópico mensaje a los refugiados hutus exhortándoles a que regresen a Ruanda con la promesa de que la organización les ayudará a recuperar sus propiedades, ahora en manos tutsis. Pocos días después la organización ordena la evacuación de todo su personal en la provincia de Kivu Norte, mientras alegan que se encuentran ante un gigantesco desastre humanitario.
Los tutsis ruandeses (14% de la población), ahora en el poder anuncian que no compartirán el poder con los hutus (83% de la población) lo que agrava aún más la vuelta de los refugiados que se encuentran en el Zaire. El último día de octubre se suceden duelos artilleros en la frontera zaireño-ruandesa, entre tropas de ambos países y los rebeldes tutsis comienzan sus ataques contra los refugiados hutus, en los campos de Kibumba, Katale y Kahindo. En Bukavu cuatro maristas españoles son asesinados por milicianos hutus. Casi un mes después del agravamiento de la crisis, el secretario general de la ONU, Boutros Gali anuncia el próximo nombramiento de un enviado especial para la región; la Unión Europea con su comisaria Emma Bonino a la cabeza proclama la necesidad de convocar una reunión de urgencia en Ginebra; y el ACNUR y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), evacuan a su personal.
UN LÍDER LLAMADO KABILA
Noviembre da comienzo con la lucha por Goma. En los preparativos de la batalla, aparece un hombre como líder de los rebeldes banyamulenges, Laurent Kabila que se erige como coordinador jefe de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación de Congo-Zaire. Estas controlan ya el aeropuerto de Goma, Bukavu, así como toda la franja situada entre los lagos Kivu y Tanganika. Todavía no han llegado a Kinshasa, a 1.600 kilómetros al oeste, pero el líder tutsi proclama que arrojará al viejo dictador a la basura de la historia.
En la primera semana de noviembre el campo de batalla se centra en la ciudad de Gisenyi, de 60.000 habitantes y los contendientes son los banyamulenges contra el ejercito zaireño apoyado por las temibles milicias hutus conocidas como interahamwe (los que matan juntos) y responsables del genocidio de medio millón de tutsis en Ruanda entre abril y julio de 1994.
En el lado diplomático, las perspectivas de mediación no son nada halagüeñas. Nicholas Burns, portavoz del Departamento de Estado declara, “En esencia es un problema africano. Ni Estados Unidos ni los países europeos tienen el control de la situación. La solución radica en las autoridades locales”, mientras el consejo de ministros de asuntos exteriores de la Unión Europea remite la responsabilidad de decisión al Consejo de Seguridad de la ONU. En realidad, nadie confía en que los africanos resuelvan sus propios problemas. La Organización para la Unidad Africana se limita desde Addis Abeba a lanzar un llamamiento de alto al fuego.
El 5 de noviembre, Nelson Mandela envía a su delfín y actual vicepresidente, Thabo M’Beki para mantener una reunión secreta con el líder rebelde, Laurent Kabila. En el encuentro, el enviado sudafricano consigue arrancar no solo un alto al fuego unilateral, sino también una promesa de que si sus fuerzas alcanzan Kinshasa negociarán primero con las compañías mineras de Sudáfrica antes que con las norteamericanas y canadienses, las concesiones de las explotaciones de las minas del país. Sudáfrica quiere un trozo del pastel.
Las cumbres bilaterales entre líderes europeos, van dirigidas a exigir una solución rápida a la ONU, pero una vez más su máximo dirigente, Boutros Gali, prefiere esperar y ver. El encuentro del 7 de noviembre entre el presidente francés, Jacques Chirac y el primer ministro británico, John Major se centra en la crisis del Zaire, en donde ambos países tienen importantes intereses. Poco después los gobiernos de París y Madrid presentan una propuesta que contempla el envío de una fuerza multinacional compuesta por 5.000 soldados y cuya intervención estaría limitada a dos meses. Nuevamente la ONU se limita a tomar nota. “Cualquier fuerza que lleve el paraguas de la ONU se puede considerar neutral” afirma la presidenta del consejo de seguridad, la irlandesa Joan Burton, evitando así cualquier critica a una mayoría de tropas francesas dentro de las fuerzas multinacionales y que podrían ser consideradas poco neutrales. Ese mismo día, el gobierno de Sudáfrica anuncia la suspensión de la venta de armas a Ruanda. Mandela ha recibido fuertes críticas de la opinión pública de su país por jugar al doble rasero.
El 13 de noviembre la Casa Blanca anuncia a través de su portavoz Mike McCurry el envío de tropas al Zaire con un mandato de cuatro meses. Canadá se une a la iniciativa norteamericana lo que da paso a una esperanza de detener la guerra civil, hasta que Chirac anuncia que Francia también aportará tropas. La decisión no será bien acogida. Laurent Kabila y los gobiernos de Ruanda, Burundi, Uganda y Tanzania anuncian que no permitirán fuerzas francesas en su territorio. Los recelos tutsis contra Francia continúan desde su intervención en la Operación Turquesa en 1994. Estas cuando además de no impedir el genocidio tutsi, facilitó la huida al Zaire de las milicias hutus responsables de los asesinatos masivos.
Un informe de Médicos Sin Fronteras Francia, demostraba que los jefes de los interahamwe, habían sido entrenados militarmente por asesores franceses.
El 15 de noviembre y a la espera de la fuerza multinacional, el conflicto toma una nueva dimensión. 700.000 refugiados ruandeses comienzan a cruzar la frontera del Zaire para retornar a su país. La ONU declara que se siente desbordada por lo que se considera una de las mayores migraciones de la historia moderna. Los refugiados no han esperado a las resoluciones de la ONU.
Pocos días más tarde los países occidentales tan indignados en un principio con la catástrofe, comienzan a reducir no sólo sus contingentes a una fuerza multinacional que aún no se ha organizado, sino también su interés por el desastre que se sucede en los Grandes Lagos. Estados Unidos convence a sus aliados de que ya no es necesaria una fuerza multinacional, sino más bien una pequeña fuerza que facilite el trabajo de las organizaciones humanitarias.
NEOCOLONIALISMO EN LA POSGUERRA FRÍA
“Estados Unidos ha ganado la batalla de Ruanda. La Unión Europea, arrastrada por Francia, la ha perdido” declaraba un diplomático acreditado en la zona. En los últimos años, desde la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, Washington ha sabido posicionarse en el continente africano con apoyos políticos o simplemente a través de créditos.
La presencia del imperio Clinton se extiende ya por Eritrea, Burundi, Uganda, Tanzania, Etiopía y Ruanda y sin duda se encuentra en la primera línea de salida para ganar la batalla de influencias dentro del Zaire. El departamento de Estado norteamericano ha sabido ganarse la amistad de los lideres políticos africanos gracias a la concesión de créditos blandos para el desarrollo como en el caso de Uganda, presiones políticas sobre grupos de oposición como en el caso de Tanzania, apoyos económicos y políticos a grupos independentistas como en el caso de Eritrea o apoyando abiertamente a grupos rebeldes con grandes oportunidades de hacerse con el poder como en el caso de Ruanda primero y Zaire después. La primera señal, fue la intervención norteamericana ordenada por el entonces presidente George Bush en Somalia dentro de las fuerzas de paz de la ONUSOM, aventura que no dejo muy buen sabor de boca en el orgullo militar del vencedor de la guerra fría. Clinton por el contrario no se dejó amedrentar por las imágenes que llegaban desde el cuerno de África y a pesar de tener que retirar a sus tropas, el nuevo inquilino de la Casa Blanca siguió poniendo su punto de mira y sus ansias de influencia en el continente africano. “Washington debe entender que tras el fin de la guerra fría, debe saber buscarse nuevas áreas de influencia”, indicaba un editorial del New York Times, “Sin duda el continente africano es una buena baza por jugar”. Y así ha sido viendo los movimientos políticos, económicos y diplomáticos desplegados por Estados Unidos en África. Francia y Bélgica por su lado han perdido no sólo la batalla política del Zaire, sino la de toda la región de los Grandes Lagos.
Durante años, París se dedicó a apoyar a los hutus, dándole fuertes beneficios por ello. Con ello arrastró a toda la Unión Europea en su perdida de influencia. En Kigali, aún no perdonan que la Unión Europea fuese el último grupo de países en reconocer al nuevo gobierno del Frente Patriótico Ruandés.
El primer error de París fue no sólo apoyar a sus aliados hutus, sino incluso enviar tropas en 1990 para contener los primeros ataques, aun sin importancia, del FPR procedentes de Uganda. Al fin de la crisis ruandesa, Francia envió a Paul Kagame, nuevo hombre fuerte del país, un emisario especial del Elíseo para tratar las relaciones París-Kigali. Kagame hizo esperar una semana al enviado y al final, no lo recibió. Un consejero ruandés dijo incluso que Kagame no habla una sola palabra de francés pero que su inglés es perfecto, casi rozando el tipo Oxford. Son pequeños datos que vienen a demostrar quienes son las nuevas potencias coloniales en esta región de África.
En el Zaire, durante la guerra, se decía que no pasaba nada, tanto en Kinshasa como en Lubumbashi sede de los rebeldes de Kabila, sin que el embajador de los Estados Unidos lo supiese con antelación.
1996, termina con un fuerte avance de los rebeldes banyamulenges con la toma de Kamituga, zona rica en minas de oro que se convierte a partir de entonces en una de sus principales fuentes de ingresos. Por otra parte, la tan esperada fuerza internacional, no llegará nunca. Sus aviones se atreven sólo a arrojar bolsas de comida sobre los refugiados. “La ayuda humanitaria en África es imposible sin el apoyo de los militares” afirma en una entrevista la comisaria Emma Bonino. Un Mobutu cansado y carcomido por el avanzado cáncer regresa a Kinshasa, mientras promete que recuperará el terreno conquistado por los rebeldes.
EL AÑO DECISIVO
El conflicto durante las primeras semanas de 1997 se convierte en una guerra de guerrillas entre núcleos del ejército zaireño y guerrilleros de Kabila. En pocos días caen las capitales de las minas de oro, Kilo-Moto en manos de un consorcio belga-canadiense y Bunia en manos francesas. En enero, diversos medios de comunicación, entre ellos Le Monde, denuncian la presencia de mercenarios combatiendo en ambos bandos. El corresponsal en Kinshasa del rotativo francés informa de la presencia de dos antiguos altos cargos de la seguridad de Mitterrand y que asesoran a las Fuerzas Armadas del Zaire en su lucha contra los rebeldes. Angoleños, mozambiqueños, sudafricanos, belgas, franceses, británicos, serbios o croatas son algunas de las nacionalidades de los soldados de fortuna que combaten en Zaire. Sin duda Mobutu ya no es una inversión segura para Francia como para organizar otra Operación Turquesa.
Febrero comienza con la toma de la región de Kalamie, rica en cobre, cobalto, uranio, plata, acero y oro por los rebeldes tutsis. Mientras, Mobutu busca aliados que le ayuden a reconquistar el territorio perdido. Un oficial del ejercito zaireño anuncia que Marruecos, Togo, Chad, Israel y China prestarán apoyo militar, una ayuda que nunca llegó. El 7 de febrero, el Consejo de Seguridad de la ONU reclama el fin de hostilidades en el Zaire y la retirada de todas las fuerzas extranjeras, incluidos los mercenarios.
El siguiente objetivo de la Alianza de Fuerzas Democráticas de Liberación del Congo-Zaire, es Kisangani, capital de la provincia del Alto Zaire y tercera ciudad en importancia del país, mientras controlan ya una franja de 1.400 kilómetros de larga y 350 de ancha (casi el doble de Portugal). De los casi 800 guerrilleros con los que contaba Laurent Kabila en octubre pasado, han pasado a más de 21.500.
La inminente conquista de Kisangani, pasa antes por la de Tingi-Tingi, lugar en donde se emplaza uno de los mayores campos de refugiados hutus ruandeses. La guerra de comunicados entre el gobierno del Zaire y la ONU estalla. Kinshasa acusa a la ONU de ser responsable de los refugiados y de su evacuación ante el avance de Kabila. La ONU responde a través de su nuevo secretario general, Kofi Annan, acusando al gobierno mobutista de armar a las milicias interahamwes camuflados entre los más de 200.000 refugiados que se hacinan en Tingi-Tingi. Nuevamente Kinshasa lanza un ultimátum a la ONU, exigiéndole la repatriación de todo refugiado ruandés que se encuentre en su territorio.
SUDÁFRICA, UNA POTENCIA REGIONAL
El conflicto del Zaire puso de manifiesto el nuevo espacio geopolítico en la zona de los Grandes Lagos, donde Sudáfrica juega un papel esencial. A finales de febrero el presidente Nelson Mandela anuncia la creación de un comité de expertos formado por representantes de Sudáfrica, Kenia, Tanzania, Camerún y Togo con el fin de intermediar en la crisis zaireña. Pero lo que nadie sabe es que Mandela ha enviado en secreto a M’beki a negociar nuevamente con Kabila las concesiones mineras. El 22 de febrero, fracasa el plan Mandela para sentar en una misma mesa de negociación en Ciudad del Cabo a Mobutu y Kabila. Mandela intenta reaccionar convocando a Kabila a una reunión secreta en Pretoria. El tema tratado entre ambos, no es el fin de la guerra, sino ratificar el compromiso de Kabila de favorecer a las compañías mineras sudafricanas.
“Debe quedar claro que no pretendemos convertirnos en una superpotencia que dicta lo que hay que hacer en el continente. No queremos tener un papel dominante, sino la de simples mediadores en las disputas que se produzcan en África.” confirmó el propio Mandela en rueda de prensa tras la primera reunión en el Outeniqua. El histórico líder salía al paso de los comentarios reproducidos en diversos diarios europeos y norteamericanos sobre las extrañas circunstancias que dieron paso a la intermediación de Sudáfrica.
LA GUERRA CONTINUA
Marzo comienza con la evacuación de todo el personal de las organizaciones humanitarias de la ciudad de Kisangani. De su centro han huido ya más de 150.000 personas ante el avance de las tropas de Kabila. El día 10, la ONU informa que ha perdido a 100.000 refugiados que se encontraban inscritos en el campo de Tingi-Tingi. El portavoz de Kabila, comunica que sus tropas han encontrado a cientos de miles de ellos vagando por la selva, pero los oficiales del ACNUR no han podido comprobarlo. El 11, Kabila anuncia el comienzo de la batalla por Kisangani, la ciudad inmortalizada por Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas. Cuatro días después, los rebeldes banyamulenges de la Alianza conquistan la ciudad ante la huida y deserción masiva de las tropas mobutistas.
En Kinshasa, el gobierno denuncia la implicación de Angola en el conflicto. Al parecer el presidente Eduardo Dos Santos no olvida la ayuda dada por Mobutu a UNITA durante la guerra civil que asoló ese país. El 18 de marzo el régimen está amenazado con un Mobutu hospitalizado en Mónaco, un primer ministro títere que nadie quiere, y un ejército desmoralizado y dedicado al pillaje.
La cumbre de Nairobi concluye con un llamamiento al alto al fuego de las partes, así como la petición a los bandos para que colaboren con las organizaciones humanitarias. En estas mismas fechas Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña comienzan a enviar tropas a los países fronterizos para facilitar la evacuación de sus ciudadanos residentes en Zaire.
A finales del mes de marzo llegan las presiones al dictador para que dimita procedentes de Pretoria, Washington e incluso desde París que pretende de esta forma lavarse las manos tras más de tres décadas de apoyo al régimen.
El fin de la República del Zaire y el nacimiento de la nueva República Democrática del Congo ya se dibujan en abril. Mobutu en un intento de alarde aperturista tras treinta años de férrea dictadura, nombra primer ministro a Étienne Tshisekedi, viejo rival político y líder de la Unión para la Democracia y el Progreso Social.
Este nombramiento provoca una reacción contraria a la esperada. En lugar de recibir el apoyo de los rebeldes de la Alianza, se produce un nuevo recrudecimiento bélico en todos los frentes. Kabila sabe que si no alcanza a conquistar la capital, Kinshasa, en un corto espacio de tiempo podría verse desbancado del poder por Tshisekedi.
El 7 de abril cae Mbuji-Mayi capital de la región diamantífera de Kasai Oriental, mientras el ejército recibe la orden de retirarse y no combatir ante la llegada de los rebeldes a Lubumbashi que cae tres días más tarde.
Ya como cuartel general de la Alianza, Kabila da a Mobutu, tres días para negociar su salida del poder. Durante este tiempo Kabila ordena la ralentización del avance banyamulenge. La ONU declara en Ginebra y no con poca visión de futuro, que Kabila debe negociar con Mobutu y no al revés, debido a que le será imposible conquistar todo el país militarmente.
De cualquier forma la tenaza occidental se cierra cada vez más sobre el anciano y enfermo dictador para que dimita. Estados Unidos, Bélgica, Gran Bretaña y Sudáfrica entre otros piden a Mobutu que se retire del poder. Francia insiste a sus aliados para que organicen una fuerza internacional para acabar con la guerra, pero a estas alturas ya nadie le escucha. Mobutu rechaza el llamamiento de Kabila mientras un gran número de sus tropas se une a los rebeldes de la Alianza.
Para negociar, el dictador exige primero el alto al fuego, mientras que Kabila es partidario de negociar antes de decretar el alto al fuego. El dictador no cede y anuncia que no acudirá a las negociaciones, provocando con esto su propio suicidio político. “Dimitiré cuando lo juzgue necesario, si los electores lo piden, pero no porque alguien como Kabila lo diga” declara el propio Mobutu al semanario alemán Die Zeit.
En esas mismas fechas, las relaciones entre Washington y Kabila son muy tensas. Estados Unidos obliga al líder rebelde a permitir que la ONU investigue la desaparición de 80.000 refugiados hutus y que se han convertido en el talón de Aquiles del líder de la Alianza. Si no cede, puede perder el apoyo internacional que tanto necesita para afianzarse en el poder de la nueva República Democrática del Congo.
Roberto Garreton, el relator de la ONU en Zaire, no duda sobre el paradero de los refugiados. En marzo denunció la existencia de 40 fosas comunes en zonas dominadas por los hombres de Kabila y en donde podrían haber sido enterradas entre 20.000 y 100.000 personas. Ante las presiones de Washington, Kabila informa a la ONU que ordenará una investigación sobre la desaparición de los refugiados hutus, calificándolo al mismo tiempo como un petit problème.
Esta entrevista fue realizada por el autor al líder de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo-Zaire, Laurent Kabila en su cuartel general en Lubumbashi.
P - ¿Por qué son para usted un problema los más de 80.000 refugiados ruandeses desaparecidos?
R - Los refugiados ruandeses, son un problema de Ruanda y también de la ONU que es quien debe hacerse cargo de ellos. Desde que se estabilizó la situación en Ruanda, los refugiados deberían haber regresado, pero prefirieron quedarse y ser alimentados por el Zaire y la ONU. Ahora es el momento de regresar a su país. En el nuevo Zaire, no hay lugar para ellos y así lo he comunicado al secretario general Annan.
P - Tenemos testimonios en los que se acusa de asesinatos masivos a sus tropas en los campos de refugiados de Kibu, en las cercanías de Kisangani e incluso la ONU habla de la existencia de 40 fosas comunes.
R - Esa es una mentira más de la prensa extranjera para desacreditar la labor que estamos llevando a cabo contra el dictador Mobutu. Desde el comienzo de la guerra se les ha permitido circular libremente por nuestras líneas para evitar este tipo de informaciones. He tenido diversos encuentros con el señor Garreton en los que le he dado el máximo de garantías para que oficiales de la ONU investiguen esas informaciones dadas por ustedes.
P - Ha sido la propia ONU quien ha denunciado los asesinatos por parte de los banyamulenges y no la prensa extranjera.
R - Lo he dicho en cientos de ocasiones al secretario Annan, al embajador Richardson y al propio presidente Mandela. Si alguien de mis fuerzas comete asesinatos, será juzgado y condenado. Estamos dando todo tipo de facilidades a los oficiales de la ONU y al equipo del relator Garreton para la investigación de esas supuestas fosas comunes, aunque yo no creo que existan. De cualquier forma quiero precisar que milicias interhamwes (radicales hutus) han atacado poblados zaireños y se han escondido entre los refugiados ruandeses. Nuestras fuerzas tienen sólo dos opciones. O acabar con ellos u ordenar a la ONU que los repatríe a Ruanda, como ya ha hecho el gobierno de Tanzania. Si nuestras tropas son atacadas, responderán al fuego sea quien sea el atacante.
P - ¿A qué cree que es debida la desaparición de los 80.000 refugiados hutus?
R - Sin duda a esa pregunta puede responderles mejor la ONU. Tal vez los hayan repatriado ya a Ruanda que es donde deben estar. Como he dicho, los refugiados ruandeses es un problema de Ruanda y no del Zaire. Cuando la llegue al poder, quiero que el problema de los ruandeses esté resuelto cuanto antes y eso lo sabe la ONU.
A finales del mes de abril, el presidente Clinton envía a Bill Richardson, embajador de los Estados Unidos ante la ONU, con el fin de intermediar entre Kabila y Mobutu para evitar un baño de sangre en la conquista de la capital zaireña.
¿Que argumentos tiene Estados Unidos para convencer a Mobutu? La respuesta es la situación militar. En la capital los habitantes esperan la llegada de Kabila, las tropas de Mobutu desertan en masa y las principales ciudades están ya en manos de las fuerzas rebeldes. Kabila por el contrario tiene su “pequeño problema” de los refugiados desaparecidos, con las presiones de Washington y Londres. Ambos, los principales valedores internacionales del líder rebelde.
La primera reunión convocada en el buque de la armada sudafricana, Outeniqua, resulta un desastre. Kabila deja plantado en alta mar a su enemigo, mientras exige su dimisión. Ocho días es el plazo de tiempo dado por Kabila a Mobutu para que renuncie al poder. En este tiempo el líder rebelde no ordenará una ralentización de un avance cuyo objetivo es ya el aeropuerto de N’Djili, a 20 kilómetros de Kinshasa. Estados Unidos, la ONU, la OUA y Sudáfrica continúan buscando una solución negociada.
En la capital y a pesar de los saqueos de los soldados, la población se prepara para recibir a las fuerzas de Kabila que se encuentran a tan solo 60 kilómetros. El 7 de mayo, Kenge se convierte en la última línea de defensa de las FAZ (Fuerzas Armadas del Zaire). La derrota es absoluta. En esta batalla ambos bandos cuentan con tropas angoleñas y nigerianas.
El último signo de que Mobutu está acabado, es el viaje de 25 grandes empresarios el 9 de mayo a la zona rebelde. Los representantes de compañías mineras de Canadá y Sudáfrica, y de bancos de Europa y Estados Unidos se reúnen con Laurent Kabila para negociar el futuro económico de la nueva república. Kinshasa se prepara para la batalla final.
KINSHASA, EL ÚLTIMO BASTIÓN
Los esfuerzos internacionales se dirigen ahora a conseguir una toma de Kinshasa sin violencia. 4.000 soldados norteamericanos, británicos, franceses, belgas y portugueses se preparan al otro lado del río Zaire, para evacuar a sus ciudadanos ante la llegada de las fuerzas de Kabila.
Se intenta desesperadamente evitar el baño de sangre convocándose una nueva reunión entre Mobutu y Kabila, pero el líder rebelde esta ya muy cerca de Kinshasa como para sentarse a hablar de una salida negociada. Por fin el 16 de mayo, Mobutu Sese Seko sale del país con toda su familia tras más de tres décadas de poder absolutista. El camino hacia Kinshasa está abierto y la resistencia nula, mientras la población grita, “Kabila, presidente”. La aristocracia mobutista huye en desbandada hacia Marruecos, a quienes el rey Hassan II ha concedido 300 visados.
En tan sólo siete meses de guerra civil, Laurent Kabila se ha hecho con un país gigantesco.
En la mañana del 17 de mayo, las primeras columnas de la Alianza entran en una capital abandonada por el ejército de Mobutu. Al día siguiente París reclama la convocatoria inmediata de elecciones libres y democráticas, pero Laurent Kabila no olvida que Francia ha intentado hasta el final, conspirar internacionalmente contra la Alianza. El triunfo de los rebeldes es tomado con precaución por el Departamento de Estado norteamericano cuyo portavoz declara, -”Kabila debe saber que sólo ha tomado el poder, no el derecho a ser un segundo Mobutu”-
El 19 de mayo nace la nueva República Democrática del Congo. Los antiguos soldados de Mobutu son arrojados a las calles y algunos de ellos ejecutados ante los fotógrafos y cámaras de televisiones occidentales. Ese mismo día, los países de la región en masa, la ONU y la OUA se apresuran a reconocer al nuevo gobierno.
El día 20, Kabila ordena a sus hombres que detengan sus venganzas contra los soldados y funcionarios mobutistas, en parte presionado por Washington a través de su embajada en la capital del nuevo Congo. El 23, anuncia la formación de un gobierno de corte presidencialista mientras prohíbe toda actividad política en el país. Etienne Tshisekedi, el histórico líder opositor a Mobutu, y sus seguidores acusan a Kabila de querer establecer en el Congo una política monocolor. El nuevo hombre fuerte responde que Tshisekedi pretende por propia ambición practicar la xenofobia y el odio racial entre los habitantes del oeste de Zaire contra los del este.
Seis días después Laurent Desiré Kabila asume plenos poderes en el Congo, jurando el cargo de Presidente y reservándose el poder ejecutivo, legislativo y militar, mientras que el judicial, queda “independiente” aunque con derechos para Kabila de revocar a los magistrados.
En junio las presiones a Kabila sobre su famoso “petit problème” son cada vez más insistentes, hasta que el nuevo Presidente prohíbe a sus funcionarios ayudar a la misión de la ONU que investiga las matanzas de refugiados hutus durante el reciente conflicto. En septiembre, presionado por el propio Clinton y Mandela y por el secretario general Annan, Kabila acepta a regañadientes la investigación de la ONU. Ese mismo mes, el que fuera amo y señor del Zaire, Mobutu Sese Seko, muere en su exilio marroquí, siendo enterrado en un cementerio anónimo y sin testigos. Casi un año después del comienzo de la ofensiva de la Alianza, la ONU decide retirarse definitivamente del Congo ante las trabas impuestas por la nueva administración.
Laurent Kabila nuevo amo y señor de la República Democrática del Congo promete la convocatoria de elecciones libres y democráticas para 1999. Pero como todos los observadores internacionales indican, un nuevo Mobutu con el apoyo económico de las compañías mineras occidentales está naciendo en el antiguo Zaire y si no, el tiempo lo dirá. Washington es el único que puede y debe evitarlo, si no quiere convertirse en una nueva Francia en el continente africano.
LAURENT KABILA
ERIC FRATTINI. Enviado Especial. Lubumbashi
Hace tan solo veinticuatro horas que el líder rebelde de la llamada Alianza para la Liberación del Congo-Zaire, Laurent Kabila se reunió con el todavía presidente de Zaire, Mobutu Sese Seko en el buque de la marina sudafricana Outeniqua. En la ciudad de Lubumbashi, la segunda en importancia del país, a pocos kilómetros de la frontera con Zambia y tomada por los rebeldes en los primeros días de la rebelión, Laurent Kabila recibe en exclusiva al enviado especial del CORREO y a un equipo de la Unidad de Televisión de las Naciones Unidas.
Antes de entrar en la gran casa de estilo colonial que la Alianza ha tomado como cuartel general en el barrio sur de Mbule, varios guardaespaldas del “Libertador” como se le conoce en Zaire a Kabila, nos cachean mientras un supuesto jefe de protocolo, nos indica que debemos dirigirnos a Laurent Kabila con el título de “Excelencia”, “Libertador” o “Presidente”. Una vez dentro, el “Libertador”, nos recibe con una gran sonrisa, tal vez la sonrisa del próximo amo y señor de los destinos del Zaire y de sus cuarenta y dos millones de almas y es que para muchos observadores internacionales, tanto monta, monta tanto Mobutu como Kabila.
1 - ¿Ha hablado ya con el embajador Richardson, enviado del presidente Clinton, sobre el resultado de la cumbre?
R - He informado al embajador Richardson sobre los puntos que se han tratado en la reunión y le he ratificado la intención de mis mandos militares de no decretar el alto al fuego durante los ocho días, que es el tiempo que he dado a Mobutu para que dimita y se vaya del país.
2 - Se dice que el presidente Mobutu quiere entregar el poder al líder y al partido que salga elegido de las urnas tras la convocatoria de elecciones generales. ¿Está usted de acuerdo?
R - Durante treinta y dos años, Mobutu ha regido los destinos del Zaire y del pueblo zaireño con mano de hierro. Nunca, ni las naciones europeas ni los Estados Unidos reclamaron a Mobutu una convocatoria de elecciones democráticas, ya que él defendía los intereses occidentales en esta parte de África. Ahora que su pueblo se ha levantado contra el dictador, las naciones de Europa, Washington y el propio Mobutu están dispuestos a convocar elecciones democráticas. Ahora esa oportunidad se ha perdido, por lo menos para Mobutu. Quien decida la convocatoria de elecciones será el propio pueblo del Zaire.
3 - ¿Cuál sería su propuesta?
R - Mi propuesta y sobre la cual no hay discusión alguna, se la he transmitido personalmente al presidente Mandela y al embajador Richardson. Mobutu debe entregar el poder a la Alianza. Tras la entrega de poder se formará un gobierno de transición con todos los partidos de oposición a Mobutu y se convocarán elecciones democráticas en un plazo de tiempo establecido por una comisión. He informado al presidente Mandela y al enviado del presidente Clinton, que estaríamos dispuestos a permitir la llegada de observadores electorales para controlar la limpieza durante las votaciones y recuento de votos.
4 - En Kinshasa, los periodistas occidentales dicen que usted está dispuesto a tomar la capital, debido a su miedo a no poder acceder al poder en caso de que no lo haga.
R - Ese punto no me lo he planteado aún, en parte porque como ya le he dicho, mi política ha sido muy clara en ese punto y así se lo he hecho saber a los negociadores internacionales No estoy dispuesto en estos ocho días a decretar el alto el fuego hasta la próxima reunión. Mis tropas continuarán su avance hacia Kinshasa, tanto si hay resistencia militar por parte de las tropas de Mobutu como si no la hay. Pase lo que pase dentro de ocho días, que es la fecha establecida para el próximo encuentro, mis tropas se reagruparan en los alrededores de la capital a la espera de mi orden de entrar en la ciudad. Las tropas de la Alianza prefieren entrar en Kinshasa pacíficamente, pero si tenemos resistencia, lucharemos hasta el final para acabar con Mobutu y su corrupto gobierno.
5 - Fuentes de las Naciones Unidas aseguran que cerca de cinco mil soldados de la Alianza se encuentran a pocos kilómetros del aeropuerto de Kinshasa. ¿Puede confirmarnos esta información?
R - Se lo confirmo, pero también debo decirle que la intención no es la toma del aeropuerto (a 60 km. de Kinshasa y a 185 km. de la zona de embajadas). Dos columnas de tropas al mando del general Mulele y procedentes del norte de Kikwit y sur de Kenge, se han unido en una sola columna que avanzan por la carretera hacia Kinshasa. Por ahora están estacionadas. No se mueven. Están a la espera.
6 - Al parecer en Kinshasa, los ciudadanos occidentales están preparando su salida del país, y se dice que los Estados Unidos tiene preparada una unidad de marines para la evacuación del personal de su embajada.
R - Desde aquí quiero decirles a los ciudadanos occidentales que residen en Kinshasa y a sus gobiernos, que mis tropas han sido aleccionadas con respecto a la necesidad de mantener la seguridad de esos ciudadanos y sus embajadas. Desde el comienzo de la guerra civil, las tropas de la Alianza para la Liberación del Congo-Zaire, han mantenido una actitud correcta con toda la población de las ciudades y poblados que hemos ido liberando. Ellos saben que el pillaje y el saqueo se paga con la muerte. Para mi, es importante que se mantenga el orden en Kinshasa tras la llegada de nuestras tropas.
7 - Es decir, que piensa ocupar Kinshasa.
R - Yo nunca he dicho lo contrario. Nunca he mentido ni al presidente Mandela, ni al embajador Richardson, ni a usted durante esta entrevista. Quiero que les quede claro que la cumbre de Punta Negra, ha sido solo una forma de evitar el derramamiento de más sangre de nuestro pueblo. Si Mobutu quiere resistir y mantenerse en el poder, tendremos que echarlo por la fuerza; pero si desiste y se va, nuestras tropas solo entraran en Kinshasa para mantener el orden en las calles. Eso debe quedar muy claro.
8 - ¿Cuál cree usted que será la principal resistencia del presidente Mobutu en caso de que no quiera abandonar el poder?
R - No creo que nuestras tropas tengan mucha resistencia en Kinshasa. Mobutu esta cada vez más solo en el poder y con las únicas fuerzas que cuenta es con su guardia presidencial, del que muchos de sus mandos han desertado ya. Lo último que quiero es que se desate una guerra en las calles de Kinshasa, pero si es lo que debo hacer para liberar al Zaire del poder corrupto de Mobutu, combatiremos en sus calles. Pero déjeme decirle algo más. La sangre de soldados zaireños que se derrame en esa batalla será solo responsabilidad del dictador Mobutu y su deseo de mantenerse en el poder y así lo deben entender Mandela, Washington y las naciones europeas.
9 - Si es usted elegido Presidente del Zaire, ¿Cual será su primera medida?
R - Mi primera medida será la de reconciliar a la población del Zaire ya que la liberación ha sido para todo el pueblo zaireño y no solo para los partidarios de la Alianza para la Liberación del Congo-Zaire. También desde la crisis de Ruanda, la zona de los grandes lagos ha sido un foco de desestabilización para toda la zona. Esto provocó fuertes conflictos en los países limítrofes. Mi primera medida a nivel regional será la de estrechar lazos con los líderes de los países fronterizos. Uganda, Ruanda, Angola, Burundi serán mis primeros frentes de negociación y en especial en lo referente al problema de los refugiados.
10 - Ha sido usted muy criticado por la opinión pública internacional, por su política con respecto a los refugiados ruandeses de mayoría hutu. ¿Cuando llegue al poder, seguirá definiéndolo como “un pequeño problema”?.
R - La opinión publica internacional como usted lo define es muy variable con respecto a sus puntos de vista. Son la misma opinión pública que permitió a un dictador como Mobutu permanecer en el poder durante más de tres décadas, debido a que beneficiaba económicamente a sus gobiernos. La cuestión de los refugiados no es un problema mio, es un problema que está siendo controlado por las Naciones Unidas, con la ayuda de nuestras tropas para llevar a cabo una repatriación más rápida y organizada.
11 - ¿Por qué son para usted un problema los más de 80.000 refugiados ruandeses?
R - Los refugiados ruandeses, son un problema de Ruanda y también de las Naciones Unidas que es la organización que debe hacerse cargo de ellos. Desde que se estabilizó la situación en Ruanda, los refugiados deberían haber regresado al país, pero prefirieron quedarse en los campos de Zaire y ser alimentados por el Zaire y la ONU. Ahora es el momento de regresar a su país. En el nuevo Zaire, no hay lugar para ellos y así lo he comunicado al secretario general Annan.
12 - Tenemos testimonios de algunos refugiados en los que se acusa de asesinatos masivos a sus tropas en los campos de refugiados de Kibu, en las cercanías de Kisangani e incluso la ONU habla de la existencia de 40 fosas comunes en las que podría haber entre 10 mil y 20 mil cadáveres.
R - Esa es una mentira más de la prensa extranjera para desacreditar la labor que estamos llevando a cabo contra el dictador Mobutu. Desde el comienzo de la guerra se les ha permitido circular libremente por nuestras líneas para evitar este tipo de informaciones. He entablado diversos encuentros con el señor Garreton (relator de la ONU para Zaire), en los que le he dado el máximo de garantías para que oficiales de las Naciones Unidas investiguen esas informaciones dadas por ustedes.
13 - Ha sido la propia ONU quien ha denunciado los asesinatos por parte de los banyamulenges (tutsis zaireños) que forman parte de sus fuerzas y no la prensa extranjera, que tan solo se ha hecho eco de la noticia.
R - Lo he dicho en cientos de ocasiones al secretario Annan, al embajador Richardson y al propio presidente Mandela. Si alguien de mis fuerzas comete asesinatos, será juzgado y condenado. Bizima Karaha, responsable de los contactos con la comisión internacional, esta dando todo tipo de facilidades a los oficiales de la ONU y al equipo del relator Garreton para la investigación de esas supuestas fosas comunes, aunque yo no creo que existan. De cualquier forma quiero precisar que milicias interhamwes (radicales hutus) han atacado poblados zaireños y se han escondido entre los refugiados ruandeses, en los campos de refugiados. Entonces nuestras fuerzas solo tienen dos opciones. O acabar con ellos o ordenar a la ONU que los repatríe a Ruanda, como ya ha hecho el gobierno de Tanzania. Si nuestras tropas son atacadas, responderán al fuego sea quien sea el atacante.
14 - ¿A que cree que es debido la desaparición de los 80.000 refugiados hutus ruandeses?
R - Sin duda a esa pregunta puede responderles mejor la ONU. Tal vez los hayan repatriado ya a Ruanda que es donde deben estar. Como he dicho, los refugiados ruandeses es un problema de Ruanda y no del Zaire. Cuando la Alianza para la Liberación del Congo-Zaire llegue al poder, quiero que el problema de los ruandeses esté resuelto cuanto antes y eso lo sabe la ONU.
15 - Si sus fuerzas llegan a Kinshasa, ¿cuanto tiempo pasará hasta que convoque elecciones democráticas?
R - Aún es pronto para decirlo. Esa será una decisión que deberá adoptarse cuando tomemos el control del país. Será ese momento cuando hagamos planes para el futuro del Zaire.
16 - ¿Se ve como próximo Presidente del Zaire?
R - Solo el pueblo zaireño tiene la respuesta, pero si ellos así lo desean aceptaré el reto. Lo que no aceptaré en este tiempo serán injerencias de potencias extranjeras en la política del Zaire. Durante todo este tiempo Mobutu, ha sido un títere de naciones como Francia que se han enriquecido a costa del esfuerzo del pueblo de este país y eso se ha acabado. Es hora del renacimiento de una nueva Zaire y yo he sido el elegido para llevarlo a cabo.