'EL BOXEADOR' O EL CONTADOR DE HISTORIAS
Al ver el rostro de este hombre, uno puede ver claramente los golpes que le ha dado la vida, porque César Galicia no solo ha conseguido transmitir de forma real, el retrato de
este sparring de Vallecas, sino también una perfección más
real, menos ajena para quien observa el cuadro.
A pesar de que uno puede observar los hilos deshilachados que sujetan los botones de su camisa de rayas, la plateada hebilla de su cinturón, los negros y lustrosos zapatos negros de domingo, las manchas de su
rostro, su nariz desfigurada por tantos y tantos golpes de
contrincantes sin nombre, Galicia ha conseguido pintar la
experiencia, los años vividos y eso no se consigue con
simple técnica de artista o con trucos de pintor.
César Galicia ha conseguido contarnos una historia, una
biografía, superar con creces esa hiperrealismo que
caracteriza a toda su obra y mostrarnos no sólo la primera
capa del personaje, sino también el rostro de la experiencia;
el sinsabor de los que nunca han conseguido ponerse ese
cinturón de campeón; el dolor de las cejas abiertas en
combates sobre rines clandestinos; el sentimiento de un
rostro cuya única labor es saber encajar los golpes de
soñadores que, como El un día, desean alcanzar el éxito más
allá de su portal, más allá de su calle, para convertirse en
héroes de barrio, como aseguró un día un ídolo caído, otro
ídolo de barro.
El boxeador (1988) de Cesar Galicia muestra también en
su rostro la tranquilidad de quien ha sabido asumir sus
derrotas hasta convertirlas en victorias; la displicencia de
quien ya está a vuelta de todo, como esos personajes de barra
de bar de barrio en donde a uno le llaman por su nombre, y
que observa con orgullo una fotografía descolorida de un
joven que fue y que ya no es, con dedicatoria de bolígrafo Bic
ya borrada por el paso del tiempo detrás de una fila de
botellas medio llenas de whisky Dyc y coñac Fundador.
61 sabe que &te ser4 su único homenaje, el homenaje de su
pequeño y fiel grupo de seguidores, que continuaron
llamándole "campeón” a pesar de haber sido derrotado en un
combate por un titulo que ya ni siquiera recuerdan.
Todo esto me transmite la mirada del boxeador apoyado
plácidamente en un rincón gris y perfecto, impersonal y
desapacible; todo esto me transmite la historia que uno
puede leer en el cuadro de Galicia, porque el pintor ha
conseguido mucho más que el mostrar un simple retrato, ha
conseguido contar una historia, ha conseguido plasmar más
allí del retrato toda la biografía del personaje. El boxeador es
mis un contador de historias que un cuadro y para mi esto
es el verdadero hiperrealismo, el verdadero valor de este
cuadro y de la obra de César Galicia.
En cada cuadro, en cada retrato, en cada objeto, en cada
paisaje César Galicia cuenta, relata, desarrolla una historia
que está dispuesto a contarnos, a mostrárnosla no sólo
como él la ve, sino también como nosotros queremos verla.
Esa tal vez sea la magia del artista que se convierte en un
sencillo contador de historias.