Las guerras -he asistido a muchas como informador- tienen
también su parte graciosa, o necesitarnos que 1a tengan en algún momento para a ahuyentar el miedo y la tensión. En la
de Croacia coincidimos Miguel Molleda (RNE), Gervasio Sánchez
(El País), Julio Fuentes (ElMundo) y yo. Con otros muchos compañeros de distintos países nos alojábamos en un hotel sobre el que los serbios disparaban frecuentemente, ya que
sabían que allí había periodistas y nos haríamos eco de dichas
acciones. Julio Fuentes utiliza un sonotone (se quedo sordo durante la guerra de Afganistán) y se lo quitaba para dormir. Nosotros le decíamos que se lo dejara porque cualquier noche
habría un bombardeo y no se iba a enterar. Pero no hacia el menor caso.
Así una noche nos confabulamos todos los compañeros para gastarle una broma y escarmentarlo. Nos llegamos hasta su habitación, aporreamos la puerta hasta tirarla abajo, lo despertamos y comunicándonos con él por señas –naturalmente no llevaba puesto el aparatito- le hicimos creer que estaban bombardeando el hotel. Sin despertarse pero aterrorizado y en calzoncillos corrió por todo el hotel hasta salir al exterior. Nosotros, los bromistas, y otros muchos compañeros de medio mundo contemplamos todas sus maniobras muriéndonos de risa. Hasta que se puso el sonotone y descubrió que era mentira. La pesada jugarreta que Julio aguantó con elegancia, sirvió para que nos relajáramos un poco y nos olvidáramos de que estábamos continuamente exponiendo nuestras vidas.